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date_published: "2026-09-10T20:42:00-03:00"
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# El planeta vuelve a romper récords de calor: agosto fue el mes más cálido registrado y América Latina también siente el impacto

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*Foto: euronews*

Agosto de 2026 volvió a encender todas las alarmas climáticas. El Servicio de Cambio Climático Copernicus de la Unión Europea confirmó que el mes tuvo una temperatura media global de **16,96 °C**, lo que lo convirtió en el agosto más cálido desde que existen registros y, al mismo tiempo, lo ubicó como el mes más cálido de toda la serie histórica, empatado estadísticamente con julio de 2023. La diferencia entre ambos fue inferior a una centésima de grado, por lo que los científicos consideran que existe un empate.

El dato adquiere todavía mayor relevancia cuando se lo compara con la era preindustrial. La temperatura media de agosto estuvo **1,65 °C por encima del promedio de 1850-1900**, superando nuevamente de manera mensual la barrera de 1,5 °C. Es importante aclarar que esto no significa que el objetivo del Acuerdo de París haya sido superado de manera permanente: ese límite se refiere a un promedio de largo plazo y no a un único mes. Sin embargo, el nuevo récord muestra hasta qué punto el planeta continúa acumulando calor.

## El calor no quedó solamente sobre los continentes

El océano también registró valores extraordinarios. La temperatura media de la superficie del mar en las regiones fuera de los polos llegó en agosto a **21,07 °C**, el valor más alto registrado para ese mes y, además, un empate con el récord absoluto de cualquier mes alcanzado en marzo de 2024. Durante el 24 y 25 de agosto se llegó incluso a una temperatura media diaria de **21,11 °C**, un nuevo récord histórico.

Para los científicos, no se trata de una casualidad aislada. El calentamiento provocado principalmente por las emisiones de gases de efecto invernadero se combina ahora con un **El Niño que se está fortaleciendo en el Pacífico ecuatorial**, una situación que puede empujar todavía más las temperaturas globales durante los próximos meses. Copernicus señala que los pronósticos indican que este El Niño podría convertirse en uno de los más fuertes de los últimos años y extender su influencia hasta 2027.

El escenario es especialmente preocupante porque 2026 ya se encuentra entre los años más cálidos de los que se tenga registro. Entre enero y agosto, el planeta acumula el segundo promedio más elevado, solamente detrás de 2024. Pero existe una advertencia: como ocurrió durante 2023, un fuerte El Niño puede provocar un salto adicional de las temperaturas durante los últimos meses del año.

## Europa occidental atravesó su verano más caliente

Una de las regiones que sufrió con mayor intensidad este escenario fue Europa occidental. El verano meteorológico, comprendido entre junio y agosto, fue el más cálido registrado en esa región, acompañado por olas de calor prolongadas, sequía, incendios y niveles excepcionalmente bajos en numerosos ríos.

En Europa continental, el verano de 2026 fue el tercero más cálido de la historia, pero el comportamiento de Europa occidental fue mucho más extremo. El déficit de precipitaciones y la falta de humedad del suelo generaron condiciones especialmente difíciles para la agricultura y los ecosistemas, mientras que algunos de los principales ríos europeos registraron caudales excepcionalmente bajos.

El contraste demuestra algo que los científicos vienen señalando desde hace años: el cambio climático no significa que todas las regiones tengan exactamente el mismo clima ni que todos los lugares sufran sequías al mismo tiempo. El planeta puede registrar simultáneamente olas de calor extremas, incendios, sequías y, en otras zonas, lluvias torrenciales e inundaciones.

## ¿Qué está pasando en América Latina?

Los efectos del calentamiento también aparecen con fuerza en América Latina, aunque no de manera uniforme. Los datos de Copernicus muestran que durante agosto **gran parte de Sudamérica presentó condiciones más secas que el promedio**, mientras que Chile y el sudeste de Brasil estuvieron entre las zonas que registraron precipitaciones superiores a las habituales. Durante el conjunto del invierno austral, además, gran parte de Brasil tuvo condiciones más secas de lo normal.

Esto es importante porque América Latina combina algunos de los ecosistemas más sensibles del planeta con una enorme dependencia de los recursos naturales. La Amazonia, el Pantanal, los Andes, los glaciares patagónicos, los humedales y los grandes sistemas fluviales pueden responder de manera diferente al aumento de las temperaturas y a las modificaciones en las lluvias.

En Brasil, por ejemplo, un escenario más seco en amplias regiones puede aumentar la presión sobre los recursos hídricos, favorecer incendios y afectar la agricultura y la generación hidroeléctrica. Al mismo tiempo, las zonas que reciben lluvias excepcionalmente intensas pueden enfrentar inundaciones, deslizamientos y daños sobre infraestructura y producción. La irregularidad se convierte así en uno de los principales problemas: no solamente importa cuánto llueve, sino dónde, cuándo y con qué intensidad.

## Argentina tampoco queda al margen

Para Argentina, el comportamiento de Sudamérica durante los próximos meses merece especial atención. El país forma parte de una región en la que los cambios en las temperaturas del Pacífico pueden modificar los patrones de lluvia, las olas de calor y la disponibilidad de agua, aunque los efectos concretos varían según la región y la estación.

El fortalecimiento de El Niño agrega un elemento adicional a este escenario. Su influencia sobre Sudamérica puede modificar los patrones de precipitación y temperatura, pero no significa que cada región vaya necesariamente a experimentar más lluvias o más calor. La combinación entre el fenómeno natural y el calentamiento global es lo que hace particularmente importante seguir la evolución de los próximos meses.

Además, Argentina tiene ecosistemas especialmente vulnerables al aumento de las temperaturas: desde los glaciares y ambientes cordilleranos hasta los humedales, bosques, estepas y grandes cuencas fluviales. Un planeta más caliente modifica la disponibilidad de agua, aumenta la evaporación y puede favorecer condiciones propicias para incendios y eventos extremos.

## América Latina frente a un planeta cada vez más caliente

El problema es que América Latina llega a este escenario con una enorme vulnerabilidad ambiental y social. La región posee una de las mayores reservas de biodiversidad del mundo, pero también enfrenta deforestación, pérdida de humedales, incendios, degradación de suelos, expansión de la frontera agropecuaria y una creciente presión sobre los recursos hídricos.

La Amazonia es quizás el ejemplo más evidente. Un aumento de las temperaturas combinado con períodos más secos puede incrementar el riesgo de incendios y alterar el ciclo del agua, afectando no solamente al bosque sino también a regiones ubicadas a miles de kilómetros. Lo que ocurre en la Amazonia, los Andes o los grandes humedales no queda necesariamente encerrado dentro de las fronteras del país donde sucede.

Y el océano vuelve a aparecer en el centro del problema. El Atlántico Sudoccidental, que baña las costas de Argentina, Uruguay y Brasil, también forma parte de un sistema marino que está acumulando calor. Temperaturas oceánicas más elevadas pueden modificar ecosistemas, desplazar especies, alterar cadenas alimentarias y favorecer determinados fenómenos meteorológicos extremos.

## El dato que debería preocuparnos

Quizás el número más importante no sea solamente que agosto haya alcanzado 16,96 °C de promedio global. Lo realmente significativo es la tendencia: el planeta continúa acumulando récords de temperatura mientras los océanos también permanecen extraordinariamente calientes.

Copernicus advierte además que el período junio-agosto de 2026 fue, junto con 2024, el verano boreal más cálido registrado a escala global. Y si El Niño continúa fortaleciéndose como anticipan los pronósticos, existe la posibilidad de que las temperaturas globales vuelvan a aumentar durante los últimos meses del año.

La crisis climática dejó hace tiempo de ser una discusión sobre lo que podría ocurrir dentro de varias décadas. Está modificando temperaturas, océanos, ríos, suelos, incendios y sistemas productivos en el presente. Y para América Latina, una región que depende fuertemente de sus ecosistemas y recursos naturales, cada nuevo récord no debería ser leído como una simple cifra meteorológica, sino como una advertencia sobre el mundo en el que vamos a vivir durante las próximas décadas.

Agosto de 2026 volvió a dejarlo claro: **la Tierra no se está calentando solamente en los mapas. El calor ya está transformando los ecosistemas y las condiciones de vida a una escala planetaria.**

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