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title: "El Niño amenaza el precio de los alimentos: inundaciones, granizo y heladas ponen en alerta a las cosechas"
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description: "Mientras el Servicio Meteorológico Nacional anticipa lluvias superiores a lo normal en varias regiones del país para los próximos meses, distintas provincias enfrentan emergencias por sequía, heladas, granizo y excesos hídricos. Las consecuencias pueden sentirse en frutas, verduras y economías regionales, aunque el impacto sobre los precios dependerá de cuánto se pierda y cómo evolucione la oferta."
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date_published: "2026-10-25T13:00:00-03:00"
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# El Niño amenaza el precio de los alimentos: inundaciones, granizo y heladas ponen en alerta a las cosechas

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Los precios de los alimentos frescos vuelven a encender una señal de alerta. En el Mercado Central de Buenos Aires, algunas verduras registraron aumentos de tres cifras en apenas siete días, una variación que puede trasladarse a las verdulerías y complicar todavía más el presupuesto de las familias.

La lechuga criolla aumentó un 114,5% semanal y alcanzó los $1.229 por kilo. La francesa subió un 107,6%, hasta los $1.125, mientras que la mantecosa registró un incremento del 75,5% y llegó a $1.650. La espinaca tuvo una suba del 115,5%, con un precio mayorista de $1.450 por kilo. También aumentaron la acelga, un 41,7%, y la rúcula, un 34,2% en una semana.

Los porcentajes impactan directamente sobre el consumo cotidiano: se trata de productos que forman parte de la alimentación habitual y que, cuando se encarecen, pueden terminar reemplazados por otros más baratos o directamente dejar de comprarse. Para los hogares con ingresos ajustados, las subas no representan solamente un cambio en los precios, sino la necesidad de reorganizar las compras y reducir cantidades para llegar a fin de mes.

Las verduras de hoja, además, son especialmente sensibles a las condiciones climáticas. Tienen una vida útil corta y necesitan condiciones adecuadas para la cosecha, la conservación y el traslado. Cuando las lluvias dificultan el ingreso a los campos, dañan cultivos o reducen la cantidad de mercadería que llega a los mercados, la oferta puede caer y los precios reaccionar rápidamente.

La evolución, sin embargo, no es igual para todos los productos. La rúcula, por ejemplo, aumentó un 34,2% en una semana, pero todavía registra una caída mensual del 37,8%. Esa diferencia muestra la volatilidad del mercado y la importancia de observar tanto los cambios semanales como la evolución acumulada de los precios.

## Tomate, papa y morrón: cuánto cuesta llenar la bolsa

El tomate también registró aumentos durante la última semana. El redondo llegó a $1.278 por kilo, con una suba del 21,1%, mientras que el perita alcanzó los $1.618, un 20,4% más. El tomate cherry se ubicó en $2.900 por kilo, tras aumentar un 17,8%. Sin embargo, las tres variedades todavía registran caídas en la comparación mensual.

La papa presenta otro panorama. La variedad Spunta llegó a $1.639 por kilo, con un aumento semanal del 7,3% y una suba mensual del 48,8%. También se destacan los incrementos mensuales del zapallo anco Cokena, que alcanzó los $3.653 por kilo, y de la batata Arapey, que llegó a $2.468.

El **morrón rojo** es otro ejemplo de lo que puede ocurrir con el precio de un producto de consumo habitual. En Paraná se registraron valores minoristas de alrededor de $11.500 por kilo, mientras que en algunos comercios de la Ciudad de Buenos Aires se observaron precios de entre **$13.000 y $16.000 por Kilo**. En el mercado mayorista, la categoría general de pimiento cotizó a $4.491 por kilo, aunque esa referencia no equivale necesariamente al precio específico del morrón rojo.

La diferencia entre los valores mayoristas y los minoristas muestra que el impacto final depende también del transporte, la calidad, la variedad y los márgenes comerciales. Por eso, una baja en el mercado concentrador no garantiza que el consumidor encuentre inmediatamente el mismo descenso en la verdulería.

Cuando varios productos frescos aumentan al mismo tiempo, las familias tienen menos margen para reemplazarlos por alternativas más económicas. Y cuando los precios bajan, el alivio tampoco siempre se siente de inmediato en el mostrador. La consecuencia es una canasta de compras cada vez más difícil de sostener con el mismo ingreso.

## La inflación y la canasta básica: el impacto que llega a los hogares

El escenario climático se suma a una economía en la que el precio de los alimentos sigue siendo una variable central para el presupuesto familiar. En septiembre de 2026, la inflación nacional fue del 1,9%, mientras que la división de alimentos y bebidas no alcohólicas registró un aumento del 2%. En el mismo mes, la canasta básica alimentaria subió un 1,7% y acumuló un incremento interanual del 40%.

Para una familia tipo de cuatro integrantes, la canasta básica alimentaria alcanzó los $738.690 mensuales. Ese valor representa el costo estimado de los alimentos necesarios para cubrir los requerimientos básicos del hogar. La canasta básica total, que además incorpora otros bienes y servicios esenciales, llegó a $1.632.505.

Las cifras permiten dimensionar el problema: el encarecimiento de los alimentos no afecta solamente a quienes compran productos específicos, sino que repercute sobre el gasto necesario para sostener la alimentación de todo el hogar. Si las frutas, las verduras y otros componentes de la dieta aumentan por encima de los ingresos, las familias pierden capacidad de compra y deben ajustar sus consumos.

La inflación alimentaria también tiene un efecto acumulativo. Una suba mensual puede parecer limitada, pero cuando los aumentos se repiten durante varios meses el gasto necesario para comprar los mismos productos crece de manera considerable. En ese contexto, una nueva presión sobre los precios puede profundizar las dificultades de quienes ya destinan una parte importante de sus ingresos a comer.

El dato climático importa porque una reducción de la oferta de productos frescos puede sumar presión sobre precios que ya forman parte de una canasta básica costosa. Sin embargo, no sería correcto atribuir toda la inflación de los alimentos a El Niño: también intervienen los costos de producción, el transporte, la comercialización, la demanda y otros factores económicos.

El riesgo es que los problemas productivos y logísticos se conviertan en un nuevo impulso para los precios en los próximos meses. Si las lluvias dañan cultivos o dificultan el abastecimiento, algunos alimentos pueden encarecerse aun cuando otros se mantengan estables o bajen. La evolución de la inflación dependerá de cuánto duren esos problemas y de su alcance real.

## De dónde vienen los alimentos y por qué importa el clima

El impacto de las lluvias sobre los precios depende, en buena medida, de dónde se produce cada alimento y de las posibilidades de reemplazar la mercadería que deja de llegar al mercado.

Buenos Aires, especialmente el cinturón hortícola de La Plata y sus alrededores, es una zona clave para el abastecimiento de verduras de hoja que se consumen en la Ciudad y el conurbano bonaerense. Cuando las lluvias dificultan el trabajo en los campos o dañan los cultivos, las consecuencias pueden sentirse rápidamente en los mercados concentradores.

El tomate fresco llega desde distintas regiones, entre ellas Buenos Aires, Salta y Corrientes, según la época del año y las condiciones de producción. El pimiento también se cultiva en provincias como Salta, Corrientes y Buenos Aires, además de otras zonas productoras. Si una región sufre daños, el abastecimiento puede recurrir a mercadería de otros lugares, aunque esa alternativa depende de la disponibilidad, la calidad y los costos de traslado.

En las frutas, el mercado combina producción nacional con importaciones. Las manzanas y peras llegan principalmente desde regiones productoras como Río Negro, mientras que parte de la banana proviene de países como Bolivia, Ecuador, Brasil y Paraguay. La disponibilidad de distintas procedencias puede amortiguar algunos problemas, pero no elimina el riesgo de aumentos si se encarecen el transporte o la mercadería disponible.

Las lluvias intensas pueden afectar simultáneamente distintas regiones, interrumpir caminos rurales, complicar el traslado y aumentar las pérdidas de productos perecederos. En esos casos, el problema no es solamente cuánto se cosecha, sino también cuánta mercadería logra llegar en condiciones adecuadas al consumidor.

## El Niño agrega presión sobre la producción agropecuaria

El fenómeno de El Niño se encuentra activo y los pronósticos estacionales contemplan una mayor probabilidad de precipitaciones superiores a las habituales durante el trimestre octubre-diciembre de 2026 en distintas zonas del país. Entre las regiones señaladas aparecen el Litoral, el oeste de Santa Fe, Córdoba, el centro y sur de Cuyo, La Pampa, el oeste de Buenos Aires y el noreste de la Patagonia.

Este escenario puede complicar las actividades agropecuarias si las lluvias provocan anegamientos, inundaciones, deterioro de caminos o dificultades para ingresar a los campos. En la horticultura, el exceso de agua y humedad puede dañar cultivos y retrasar la cosecha. En otras actividades, puede afectar instalaciones, pasturas, caminos y movimientos de animales.

El pronóstico estacional no significa que todas las localidades vayan a sufrir inundaciones ni que necesariamente se produzcan pérdidas generalizadas. La intensidad de los fenómenos, el estado de los suelos, la infraestructura y el momento del ciclo productivo son factores decisivos. Sin embargo, la combinación de lluvias intensas y dificultades previas en algunas regiones aumenta la necesidad de seguir de cerca la evolución de las cosechas y del abastecimiento.

El impacto puede extenderse más allá del precio de las verduras. La producción ganadera depende de las pasturas y del acceso al agua, mientras que la cría de pollos y cerdos utiliza alimentos balanceados elaborados principalmente con maíz, soja y otros insumos agrícolas. Si las condiciones climáticas afectan la producción de esos granos o complican su transporte, también pueden aumentar los costos de las cadenas cárnicas.

## Carne vacuna, pollo y cerdo: el riesgo de nuevos aumentos

Las carnes también están expuestas a las consecuencias de las sequías, las inundaciones y las alteraciones en la producción agrícola. El impacto, sin embargo, no es inmediato ni igual para todas las actividades: depende de la duración del fenómeno, la región afectada, los costos de alimentación y las condiciones de producción.

En la ganadería vacuna, la falta de lluvias puede reducir la disponibilidad de pasto y agua, deteriorar la condición de los animales y obligar a los productores a recurrir a alimentos suplementarios más costosos. Cuando la sequía se prolonga, algunos establecimientos pueden adelantar la venta de animales porque no cuentan con recursos suficientes para sostenerlos. Eso puede aumentar transitoriamente la oferta de hacienda, pero si después cae la cantidad de animales disponibles para faena, la menor oferta puede ejercer presión sobre los precios.

El exceso de agua también genera dificultades. Las inundaciones pueden anegar pasturas, afectar instalaciones y complicar el traslado de los animales hacia los establecimientos de engorde o los mercados. Los caminos rurales deteriorados pueden encarecer la logística y dificultar el movimiento de hacienda, con consecuencias para los tiempos y los costos de comercialización.

En el caso del pollo y el cerdo, el vínculo con el clima pasa en buena medida por el costo y la disponibilidad de los alimentos balanceados. Si los fenómenos meteorológicos perjudican las cosechas de maíz y soja o dificultan su transporte, pueden aumentar los costos de producción. También influyen la energía, la infraestructura, la sanidad y la distribución.

Para los consumidores, el riesgo es que los aumentos no se concentren en un solo rubro. Si las verduras se encarecen por problemas de oferta y, al mismo tiempo, aumentan los costos de producción de las carnes, las familias pueden enfrentar presión en varios componentes de la alimentación cotidiana. En los hogares con menos ingresos, esa combinación reduce las posibilidades de reemplazar un alimento caro por otro más accesible.

De todos modos, no corresponde afirmar que El Niño ya haya provocado aumentos específicos en la carne vacuna, el pollo o el cerdo sin contar con datos que permitan establecer esa relación. La evolución de los precios también depende de la oferta de animales, la faena, los costos, la demanda y las decisiones comerciales. El riesgo climático es un factor a seguir, no una explicación automática de cada variación.

## Provincias con emergencias agropecuarias y daños productivos

Las advertencias climáticas se suman a problemas que ya afectan a distintas provincias. En algunos territorios, la emergencia responde al exceso de agua; en otros, a sequías, heladas tardías, granizo o fuertes vientos. Aunque no todas estas situaciones repercuten directamente sobre los alimentos que llegan a las grandes ciudades, muestran la vulnerabilidad de la producción frente a fenómenos climáticos extremos.

En Buenos Aires, la emergencia provincial por inundaciones alcanza a todo el partido de 9 de Julio y a zonas determinadas de Necochea, con vigencia informada hasta el 31 de octubre de 2026. Las inundaciones pueden afectar campos, caminos rurales y tareas productivas, aunque el impacto sobre cada cultivo depende de la zona y de la magnitud de los daños.

En Santa Fe, el período de emergencia nacional por exceso de agua finalizó el 30 de septiembre. Aun así, se registraron daños por tormentas y granizo en localidades como Ataliva, Susana y Rafaela, con evaluaciones productivas pendientes.

En Río Negro, la emergencia frutícola y hortícola por heladas tardías, granizo y lluvias comprende sectores de los departamentos de General Roca, Avellaneda, Adolfo Alsina y El Cuy, hasta el 1 de enero de 2027. La provincia es una de las principales productoras de manzanas y peras del país, por lo que los daños sobre las plantaciones pueden repercutir en las campañas y en la disponibilidad futura, según la superficie afectada.

En Mendoza, se establecieron medidas de emergencia o desastre agropecuario por heladas y granizo en distritos determinados, con vigencia hasta el 31 de marzo de 2027. El alcance depende de las áreas y actividades incluidas en las disposiciones correspondientes.

En Chubut, la emergencia agropecuaria nacional por sequía para la actividad ganadera alcanza a toda la provincia y se extiende hasta el 6 de enero de 2027. En Santa Cruz, la emergencia ganadera contempla los efectos de la sequía y los fuertes vientos en todo el territorio provincial, con vigencia hasta el 2 de febrero de 2027.

En Salta, se relevaron daños por heladas en zonas vitivinícolas y frutihortícolas de Cafayate, San Carlos, Molinos y Cachi; en algunas áreas evaluadas se estimaron daños promedio cercanos al 80%. La propuesta de emergencia fue elevada para su consideración, pero no debe confundirse con una declaración formal ya aprobada.

En San Juan, las heladas tardías motivaron relevamientos de superficie productiva durante septiembre, con estimaciones preliminares que todavía requieren confirmación. En La Rioja, el sector olivícola planteó la necesidad de medidas de emergencia ante dificultades comerciales, costos y problemas sanitarios. En Corrientes y Chaco, la creciente del Paraná mantiene la atención sobre las zonas ribereñas y las medidas de protección para familias y ganado en sectores insulares.

Estas situaciones no tienen todas el mismo estado administrativo ni afectan a los mismos productos. Pero, en conjunto, muestran que la producción agropecuaria enfrenta amenazas diferentes según el territorio y que los daños pueden prolongarse más allá del momento en que ocurre el fenómeno meteorológico.

## ¿Puede haber faltantes y una nueva presión sobre los precios?

Por ahora, las subas registradas y las previsiones climáticas no permiten afirmar que exista un faltante generalizado de alimentos en Argentina. Sí existe el riesgo de problemas temporales de disponibilidad en determinados productos y regiones, especialmente si las lluvias afectan las cosechas, reducen el volumen que ingresa a los mercados o complican el transporte.

Las verduras de hoja están entre los productos que requieren mayor atención por su rápida perecibilidad. Si disminuye la oferta de lechuga, espinaca o acelga, el impacto puede reflejarse en los precios en poco tiempo. En otros alimentos, la posibilidad de recurrir a distintas regiones productoras puede moderar las consecuencias, aunque no siempre evita los aumentos.

La preocupación va más allá de una suba puntual en la verdulería. Cuando los alimentos aumentan por encima de los ingresos, los hogares pierden poder adquisitivo y necesitan destinar una mayor proporción de su presupuesto a las compras básicas. Si las subas se extienden a distintos productos, la canasta alimentaria se encarece y se reduce el margen disponible para cubrir otros gastos esenciales.

Además, los aumentos de frutas, verduras y carnes pueden contribuir a mantener la presión sobre el índice de precios al consumidor. El efecto concreto dependerá de la magnitud y duración de las variaciones y del peso que tengan en el conjunto de los consumos. El clima puede sumar presión, pero no explica por sí solo la inflación: también influyen los costos de producción y comercialización, el transporte, la demanda y otros factores económicos.

En una economía en la que la canasta básica alimentaria ya acumula un aumento interanual del 40%, cualquier nueva suba sostenida de los alimentos representa una dificultad adicional para los hogares. No se trata únicamente de pagar más por un kilo de lechuga o de carne, sino de cuánto dinero hace falta para cubrir la alimentación mensual y de qué otras compras deben postergarse para poder hacerlo.

Los próximos meses serán clave para observar los daños efectivamente registrados, los volúmenes de mercadería que ingresan a los mercados, la evolución de los precios minoristas y el impacto sobre la producción ganadera y agrícola. También será necesario distinguir entre los aumentos causados por una menor oferta y los que responden a otros componentes de la cadena comercial.

**El Niño no garantiza una crisis de abastecimiento, pero puede convertirse en un factor adicional de presión sobre los alimentos. Con una canasta básica que ya exige una parte importante de los ingresos familiares, las consecuencias de nuevas subas no se medirán solamente en los mercados: también se sentirán en la mesa de los hogares y en su capacidad de llegar a fin de mes.**

*Los precios mayoristas mencionados corresponden a referencias del Mercado Central de Buenos Aires relevadas al 22 de octubre de 2026. Los valores minoristas del morrón rojo corresponden a referencias puntuales y no constituyen un promedio general de mercado. Los datos de inflación y canasta básica corresponden a septiembre de 2026.  
Fuente: [https://preciosdelcentral.com.ar/](https://preciosdelcentral.com.ar/)*

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