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title: "Brasil: Lula dio el batacazo, frenó a la derecha y le da un respiro a la Amazonía"
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description: "El presidente brasileño consiguió una victoria histórica frente a Flávio Bolsonaro, revirtió el resultado de la primera vuelta y obtuvo un cuarto mandato. El triunfo representa un freno político al avance de la derecha regional alineada con Donald Trump y Benjamin Netanyahu, mientras la protección de la Amazonía vuelve a quedar en el centro de la disputa."
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date_published: "2026-10-26T11:29:00-03:00"
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author_name: "La Política Ambiental"
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# Brasil: Lula dio el batacazo, frenó a la derecha y le da un respiro a la Amazonía

**![lula](/download/multimedia.normal.a806c5cb6b39c176.bm9ybWFsLndlYnA%3D.webp)**

**Luiz Inácio Lula da Silva**logró una victoria clave en el balotaje presidencial de Brasil del 25 de octubre. Con el 51,79% de los votos, derrotó al candidato de la derecha, Flávio Bolsonaro, que obtuvo el 48,21%, y consiguió un cuarto mandato presidencial. El resultado revirtió la tendencia de la primera vuelta y volvió a mostrar la capacidad del líder del Partido de los Trabajadores (PT) para disputar el poder frente al bolsonarismo.

La elección no se limitó a una competencia entre dos candidatos. También puso en juego dos proyectos políticos con diferencias profundas sobre el papel del Estado, las políticas sociales, la relación con Estados Unidos y la protección ambiental. Durante el Gobierno de Jair Bolsonaro, entre 2019 y 2022, la Amazonía quedó expuesta a fuertes presiones por la deforestación, la expansión agropecuaria y las actividades extractivas. Lula, en cambio, convirtió la recuperación de los controles ambientales en uno de los ejes de su gestión anterior.

Sin embargo, la victoria electoral no significa que el camino esté despejado. La derecha conserva una fuerza considerable en el Congreso y podrá condicionar las iniciativas del Ejecutivo. El resultado abre una nueva etapa política en Brasil, pero también una disputa por la capacidad real del Gobierno para sostener sus políticas ambientales y sociales.

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## La extensión del horario de votación y los problemas para llegar a las urnas

La jornada electoral estuvo marcada por denuncias de problemas en el transporte público que podían impedir que parte de la población llegara a las urnas. La campaña de Lula pidió extender el horario de votación después de que se reportaran interrupciones y una reducción de los servicios en distintas ciudades, con especial preocupación por lo ocurrido en el estado de Bahía.

En Salvador, la capital bahiana, la Justicia Electoral constató que circulaba menos de la mitad de la flota de colectivos prevista para un día hábil. Al menos 75 unidades permanecieron en las terminales y garajes, en medio de una controversia por la presencia de adhesivos políticos en los vehículos. El Tribunal Regional Electoral de Bahía ordenó restablecer el servicio y dispuso la detención del secretario municipal de Movilidad, Pablo Souza, por un presunto incumplimiento de una orden judicial.

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La campaña de Lula denunció que las dificultades para utilizar el transporte público podían restringir el derecho al voto, especialmente entre quienes dependen de los colectivos para trasladarse. El episodio generó cuestionamientos sobre el funcionamiento del servicio y la responsabilidad de las autoridades municipales. Las explicaciones oficiales señalaron problemas operativos y la necesidad de retirar los adhesivos de los vehículos.

El pedido de Lula no fue el único. La campaña de Flávio Bolsonaro también solicitó una ampliación del horario electoral, pero señaló otra situación: las fuertes lluvias, los anegamientos y los cortes de electricidad que afectaban a municipios de São Paulo, Minas Gerais, Paraná, Santa Catarina y Rio Grande do Sul.

En esas zonas, las condiciones meteorológicas dificultaban el desplazamiento de los votantes hacia los centros electorales. La solicitud del candidato opositor buscaba que quienes enfrentaban esos obstáculos tuvieran más tiempo para emitir su sufragio.

Ante los planteos de ambas fuerzas, el ministro del Supremo Tribunal Federal Cristiano Zanin dispuso extender la votación hasta las 19 en todo el país, con una condición: la medida alcanzaba a las mesas que todavía permanecían abiertas. Las urnas que ya habían cerrado no volvieron a habilitarse.

La decisión generó cuestionamientos políticos y jurídicos posteriores, pero el dato central es que la extensión no fue una medida solicitada exclusivamente por Lula. Las dos campañas habían reclamado más tiempo para votar, con argumentos relacionados con dificultades de transporte y condiciones climáticas.

## Las personas mayores y las comunidades amazónicas también fueron protagonistas

La participación electoral tuvo una dimensión social y territorial que excede los resultados nacionales. En Brasil, las personas mayores de 70 años no están obligadas a votar, por lo que su concurrencia a las urnas constituye una decisión voluntaria. Durante la jornada se difundieron imágenes de adultos mayores que participaron de la elección y expresaron su apoyo al proyecto político de Lula.

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En la Amazonía, las distancias y las condiciones geográficas representan un desafío adicional. Algunas comunidades dependen de los ríos como principales vías de comunicación y deben recorrer largas distancias en embarcaciones para llegar a los lugares de votación. El acceso al sufragio puede requerir horas de navegación y una organización comunitaria que no tiene equivalente en muchas zonas urbanas.

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Estas condiciones muestran que la participación democrática también depende de factores materiales. La distancia, el transporte, las condiciones climáticas y la disponibilidad de servicios públicos inciden en las posibilidades concretas de ejercer un derecho político.

La Amazonía, además, no es solamente un escenario electoral. Es un territorio donde viven pueblos indígenas y comunidades ribereñas que enfrentan presiones vinculadas con la deforestación, la minería, la expansión de la frontera agropecuaria y los conflictos por la tierra. Las decisiones del próximo Gobierno tendrán consecuencias directas sobre sus formas de vida y sobre la protección de los ecosistemas de los que dependen.

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## El giro digital que cambió la campaña de Lula

La remontada de Lula también tuvo una batalla decisiva en las redes sociales. Después de quedar por detrás de Flávio Bolsonaro en la primera vuelta, su equipo modificó la estrategia de comunicación y empezó a utilizar formatos más cercanos a los consumos digitales, con videos verticales, transmisiones en vivo y una mayor participación de militantes, dirigentes jóvenes y creadores de contenido.

El cambio buscó dejar atrás una comunicación más tradicional y disputar el terreno digital, donde la derecha brasileña había conseguido construir una fuerte presencia. La campaña necesitaba llegar a votantes que no seguían las cuentas oficiales del presidente, especialmente a los más jóvenes, y encontrar formas de multiplicar sus mensajes en un escenario donde las plataformas no garantizaban la misma visibilidad a todas las publicaciones.

Una de las incorporaciones centrales fue Ana Elisa Silva, una estudiante de Derecho de 21 años que había sido electa diputada federal por Minas Gerais. Su participación ayudó a acercar al equipo de Lula a las dinámicas de comunicación de las nuevas generaciones. La dirigente defendió la necesidad de adaptar los mensajes políticos a los formatos que utilizan los usuarios, sin abandonar la experiencia de militancia territorial y organización popular que históricamente caracterizó al PT.

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La apuesta no consistió solamente en publicar más contenido. El equipo buscó cambiar el lenguaje, el ritmo y la forma de presentar al candidato: videos más directos, piezas pensadas para circular entre usuarios, transmisiones en vivo y contenidos que pudieran compartirse rápidamente. La intención era salir de la comunicación institucional y entrar en las conversaciones cotidianas de las redes, donde los mensajes políticos compiten con el entretenimiento, los memes y los contenidos de creadores independientes.

En paralelo, el diputado André Janones impulsó el canal de WhatsApp *Exército do Lula*, creado durante la campaña de segunda vuelta. El espacio creció con rapidez: pasó de decenas de miles de seguidores a varios millones y superó los ocho millones de suscriptores en los días previos a la elección, acercándose luego a los diez millones.

El canal distribuía videos, mensajes, audios y orientaciones para que los simpatizantes compartieran contenidos y amplificaran las publicaciones de la campaña. De esa manera, la estrategia buscaba convertir a cada seguidor en un multiplicador de mensajes y reducir la dependencia de las cuentas oficiales para llegar a nuevos públicos.

WhatsApp adquirió especial importancia porque permite que los contenidos circulen entre familiares, amistades, compañeros de trabajo y grupos comunitarios. Esa circulación puede alcanzar a personas que no siguen directamente a Lula en Instagram o TikTok y que, sin embargo, reciben información política a través de sus contactos. La campaña intentó transformar esa red de relaciones en una herramienta de movilización electoral.

El crecimiento del canal también quedó atravesado por una controversia judicial. La campaña de Flávio Bolsonaro denunció posibles prácticas de coordinación artificial de búsquedas y difusión de etiquetas vinculadas con el *Exército do Lula*. Las autoridades electorales solicitaron información técnica a las plataformas para analizar su funcionamiento. Por eso, el crecimiento del canal fue un fenómeno relevante de movilización digital, aunque también generó una disputa sobre los límites entre la organización legítima de simpatizantes y la posible amplificación coordinada de contenidos.

### Las denuncias contra Meta y el papel de la inteligencia artificial

La campaña de Lula también tuvo que enfrentar cuestionamientos por el funcionamiento de las herramientas digitales de Meta, la empresa propietaria de Facebook, Instagram y WhatsApp. En octubre, usuarios denunciaron que las búsquedas y publicaciones vinculadas con el presidente sufrían restricciones y que la inteligencia artificial de la compañía rechazaba generar determinadas imágenes favorables a Lula, mientras permitía crear contenidos equivalentes sobre Flávio Bolsonaro.

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Las pruebas difundidas en redes sociales y los ensayos realizados por medios brasileños mostraron respuestas diferentes ante pedidos similares. En algunos casos, la herramienta se negaba a generar carteles con el nombre de Lula y su número electoral, pero sí producía imágenes con el nombre de Flávio. La campaña presentó una denuncia ante el Tribunal Superior Electoral para que se investigara el funcionamiento de la plataforma y sus posibles consecuencias sobre la igualdad entre las candidaturas.

Meta sostuvo que había aplicado restricciones temporales a la recomendación y generación de imágenes de candidatos para cumplir con las reglas electorales brasileñas. La empresa también atribuyó los problemas denunciados a cuestiones técnicas y rechazó que existiera un favoritismo ideológico deliberado. La controversia, sin embargo, puso sobre la mesa un problema más amplio: el poder que tienen las plataformas digitales para determinar qué contenidos aparecen, cuáles quedan ocultos y qué herramientas están disponibles para los usuarios durante una elección.

El caso no quedó limitado a las imágenes generadas por inteligencia artificial. También hubo denuncias sobre la visibilidad de cuentas y publicaciones de Lula en Instagram. Informaciones periodísticas posteriores señalaron que empleados de Meta habían reconocido internamente que algunas restricciones perjudicaron las cuentas del presidente durante la campaña. La empresa negó que esos problemas respondieran a una decisión de favorecer a un candidato.

La disputa mostró que la comunicación electoral depende cada vez más de sistemas privados cuyos algoritmos y reglas pueden tener consecuencias sobre el alcance de los mensajes políticos. Aunque no corresponde atribuir la victoria de Lula a una sola herramienta ni afirmar que las restricciones denunciadas determinaron el resultado, la controversia dejó expuesta la importancia de la transparencia y de las garantías de igualdad en el espacio digital.

## Amazonía: el futuro ambiental de Brasil vuelve a estar en juego

La victoria de Lula representa una oportunidad para sostener las políticas de control ambiental que su Gobierno impulsó durante el mandato anterior. Tras la gestión de Bolsonaro, marcada por el debilitamiento de organismos de fiscalización y por los cuestionamientos a las restricciones sobre actividades productivas, la administración del PT volvió a colocar la deforestación entre sus principales prioridades.

La reducción de la pérdida de bosque nativo durante el tercer mandato de Lula mostró que las políticas públicas, la fiscalización y la actuación de los organismos ambientales pueden incidir sobre el ritmo de destrucción de la selva. Pero esa tendencia no elimina las amenazas ni garantiza que los avances se mantengan durante los próximos años.

La Amazonía cumple un papel fundamental en la regulación del clima, el almacenamiento de carbono y el ciclo del agua. La destrucción de sus bosques afecta la biodiversidad, altera los procesos climáticos y perjudica a las comunidades que habitan el territorio. La expansión de la ganadería, los cultivos, la minería y otras actividades extractivas continúa generando conflictos sobre el uso de la tierra y los límites de la explotación económica.

El desafío para Lula será sostener la fiscalización y evitar que las presiones políticas y económicas debiliten los controles. También deberá garantizar recursos para los organismos ambientales, proteger los territorios indígenas y enfrentar las actividades ilegales que avanzan sobre áreas de alto valor ecológico.

La política ambiental brasileña tiene, además, una dimensión internacional. La conservación de la Amazonía influye en los compromisos climáticos de Brasil y en su relación con otros países, organismos multilaterales e inversores. Por eso, el resultado electoral también será observado desde el exterior: la continuidad de las medidas contra la deforestación puede fortalecer la posición internacional del país, mientras que un retroceso volvería a poner en cuestión su compromiso con la protección de uno de los ecosistemas más importantes del planeta.

## Un freno político a Trump y Netanyahu en América Latina

La victoria de Lula también tiene una lectura geopolítica. El resultado representa un revés para el proyecto de la derecha brasileña encabezado por la familia Bolsonaro, que buscó estrechar la relación con Donald Trump y sectores conservadores internacionales. La derrota de Flávio Bolsonaro impide, al menos por ahora, que el bolsonarismo recupere la Presidencia y consolide su influencia desde el Poder Ejecutivo.

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La relación con Estados Unidos estuvo atravesada por tensiones durante los últimos años, especialmente por las medidas comerciales impulsadas por Trump contra Brasil y por la defensa de la soberanía económica brasileña que sostuvo Lula. El presidente electo para un nuevo mandato deberá definir cómo administra esa relación sin abandonar sus objetivos diplomáticos y económicos.

También existen diferencias en política exterior respecto de Israel y la guerra en Gaza. Lula cuestionó las acciones militares israelíes y respaldó la vía judicial internacional impulsada por Sudáfrica ante la Corte Internacional de Justicia. Flávio Bolsonaro, por su parte, representa un espacio político que mantiene vínculos estrechos con sectores de la derecha internacional y con el bolsonarismo, históricamente cercano al Gobierno de Netanyahu.

La disputa excede, de todos modos, las relaciones entre presidentes. En distintos países, sectores de la derecha incorporaron símbolos y discursos de apoyo a Israel como parte de su identidad política, mientras que otras fuerzas denunciaron las acciones militares en Gaza y reclamaron el respeto del derecho internacional. Estas posiciones no son idénticas en toda América Latina, pero forman parte de una discusión regional sobre el papel de los gobiernos frente a los conflictos internacionales.

La derrota del candidato bolsonarista limita el avance de una fuerza que buscaba recuperar el Gobierno brasileño con una agenda conservadora. Sin embargo, no supone el fin de la influencia de Trump ni de la derecha regional: las fuerzas que respaldaron a Flávio Bolsonaro conservarán poder legislativo, territorial y económico, y seguirán disputando el rumbo político del país.

## Lula ganó la Presidencia, pero la derecha tendrá la llave del Congreso

La victoria electoral no garantiza que Lula pueda llevar adelante su programa de Gobierno sin obstáculos. Aunque consiguió un cuarto mandato presidencial, el líder del Partido de los Trabajadores deberá gobernar frente a un Congreso con una marcada mayoría conservadora, que puede convertirse en el principal límite para sus políticas económicas, sociales y ambientales.

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En la Cámara de Diputados, alrededor del 59% de los legisladores electos pertenece a la derecha. En el Senado, esa proporción alcanza aproximadamente el 64%, una correlación de fuerzas que complica todavía más el panorama para el oficialismo. El Partido Liberal (PL), principal fuerza del bolsonarismo, amplió su representación y tendrá un papel central en la oposición al Gobierno.

La situación obligará a Lula a negociar con sectores de centro y derecha para aprobar leyes, sostener sus programas sociales, conseguir recursos presupuestarios y avanzar con las medidas que considere prioritarias. El problema es que esa negociación puede implicar concesiones políticas que reduzcan el alcance de sus propuestas originales.

El impacto también puede sentirse en materia ambiental. La continuidad de las políticas contra la deforestación, el fortalecimiento de los organismos de fiscalización y la protección de los territorios indígenas dependerán tanto de las decisiones del Ejecutivo como de los recursos disponibles y de las leyes que consiga aprobar. Con una oposición fortalecida, las iniciativas que entren en conflicto con los intereses agropecuarios, mineros y extractivos podrían enfrentar mayores dificultades.

Pero el riesgo no se limita a la paralización legislativa. La nueva correlación de fuerzas también abre un escenario de incertidumbre institucional, especialmente por la posibilidad de que sectores opositores intenten impulsar un juicio político contra el presidente.

En Brasil, el *impeachment* requiere un procedimiento constitucional específico. Para que la Cámara de Diputados autorice el avance de una acusación contra el presidente se necesitan dos tercios de sus integrantes: 342 de los 513 diputados. Posteriormente, el Senado debe juzgar el caso y una condena requiere también una mayoría de dos tercios, equivalente a 54 de los 81 senadores.

La oposición contará con una posición parlamentaria fortalecida, pero eso no significa que tenga automáticamente los votos necesarios para destituir a Lula. Una iniciativa de ese tipo dependerá de la acusación concreta, de su fundamento jurídico y de la capacidad de los distintos sectores para reunir las mayorías constitucionales. Las disputas políticas, por sí solas, no constituyen una causal suficiente para remover a un presidente.

El calendario institucional también será determinante. El nuevo Congreso asumirá sus funciones el 1 de febrero de 2027, mientras que el cuarto mandato de Lula comenzará en enero. Durante las primeras semanas de su Gobierno todavía estará en funciones la composición parlamentaria saliente. A partir de febrero cambiará la correlación de fuerzas efectiva y comenzará una nueva etapa de negociaciones y disputas entre el Ejecutivo y el Legislativo.

Ese escenario puede convertir la gobernabilidad en uno de los principales desafíos del próximo mandato. Lula logró imponerse en las urnas, pero la derecha conservará herramientas institucionales para bloquear proyectos, condicionar nombramientos y someter al Gobierno a una presión política constante. La posibilidad de un intento de *impeachment*, aunque no esté asegurada ni tenga garantizado el respaldo necesario, agrega un factor de incertidumbre a esa relación.

La disputa tendrá consecuencias directas sobre el futuro ambiental de Brasil. Si el Gobierno queda condicionado por las negociaciones parlamentarias o por una confrontación institucional permanente, las políticas de protección de la Amazonía y de los demás biomas podrían perder impulso. Por eso, el resultado electoral debe leerse en dos dimensiones: Lula retuvo la Presidencia, pero la derecha conserva una posición legislativa capaz de limitar el alcance de su proyecto.

## Estados Unidos: las elecciones de medio término pueden poner a Trump contra las cuerdas

Mientras Brasil inicia una nueva etapa política, Estados Unidos se prepara para las elecciones legislativas de medio término del 3 de noviembre de 2026. En esos comicios se renovará la totalidad de la Cámara de Representantes y aproximadamente un tercio del Senado. El resultado determinará si Trump conserva el control republicano del Congreso o si la oposición consigue una mayoría que le permita bloquear iniciativas, abrir investigaciones y aumentar la presión sobre la Casa Blanca.

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La elección se desarrolla en un contexto de tensiones económicas y de cuestionamientos a la política exterior estadounidense. La guerra con Irán, iniciada tras los ataques de Estados Unidos e Israel en febrero de 2026, mantiene la incertidumbre sobre el suministro energético y las rutas comerciales. Las tensiones en torno al estrecho de Ormuz, una vía estratégica para el transporte mundial de petróleo, repercuten sobre los mercados y el precio de los combustibles.

El encarecimiento de la energía se convierte así en un problema político para Trump. La gasolina y el diésel tienen un efecto directo sobre los gastos cotidianos de las familias y sobre los costos del transporte de mercancías, la producción y la distribución de alimentos. Cuando sube el combustible, el impacto puede trasladarse a distintos precios y profundizar las dificultades económicas de los hogares.

El escenario resulta especialmente incómodo para un presidente que prometió reducir los costos de vida. Si los estadounidenses perciben que la guerra y las decisiones de la Casa Blanca encarecen la energía y deterioran su poder adquisitivo, el descontento puede convertirse en un factor electoral. La oposición demócrata buscará aprovechar ese malestar, mientras que los republicanos deberán defender la gestión presidencial en distritos y estados donde el costo de vida pesa sobre el voto.

Las elecciones de medio término no deciden la continuidad inmediata del presidente, pero pueden modificar de manera significativa su capacidad para gobernar. Si los demócratas recuperan la Cámara de Representantes, podrán controlar comisiones, impulsar investigaciones y obstaculizar parte de la agenda republicana. También podrían iniciar un procedimiento de juicio político si consideran que existen fundamentos para hacerlo. Sin embargo, una destitución requeriría una condena del Senado por una mayoría de dos tercios, un umbral mucho más difícil de alcanzar.

La guerra también abre interrogantes sobre la autoridad presidencial para mantener operaciones militares y sobre el papel del Congreso en las decisiones de política exterior. Las críticas por el costo económico, los riesgos de una escalada y la falta de una salida clara al conflicto pueden aumentar la presión política sobre Trump, incluso dentro de sectores que hasta ahora respaldaban su agenda.

En ese contexto, la elección brasileña y las legislativas estadounidenses expresan disputas diferentes, pero conectadas por una tendencia: la derecha conserva una capacidad importante de movilización, aunque enfrenta límites electorales cuando sus políticas generan rechazo o no responden a las preocupaciones cotidianas de la población.

## Milei no felicitó a Lula y mantuvo el silencio tras la derrota de Bolsonaro

El presidente argentino Javier Milei evitó felicitar públicamente a Lula tras su victoria electoral del domingo 25 de octubre. Hasta la mañana del lunes 26, ni el mandatario ni la Cancillería habían difundido un saludo oficial al presidente brasileño, pese a que Milei había respaldado abiertamente a Flávio Bolsonaro durante la campaña y celebrado su desempeño en la primera vuelta.

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El silencio se produjo después de que el candidato derrotado cuestionara el resultado y anunciara que buscaría impugnar la elección. Durante la jornada electoral, Milei también había compartido publicaciones que ponían en duda la transparencia de los comicios, sin aportar pruebas que acreditaran un fraude.

La postura contrasta con la de otros dirigentes de la región que reconocieron la victoria de Lula, incluso algunos identificados con la derecha. La ausencia de un saludo oficial expone la distancia política entre ambos presidentes y abre interrogantes sobre el vínculo bilateral entre Argentina y Brasil, dos países centrales para la integración regional y el comercio sudamericano.

La falta de una felicitación no implica por sí misma una ruptura diplomática, pero adquiere relevancia por el respaldo explícito de Milei al candidato derrotado y por las diferencias que mantiene con Lula en materia económica, social y de política internacional. En un escenario regional atravesado por disputas ideológicas, el resultado brasileño vuelve a poner a prueba la capacidad de ambos gobiernos para sostener una relación institucional más allá de sus diferencias políticas.

## Una victoria electoral que no cierra la disputa

El triunfo de Lula representa un freno para el bolsonarismo y abre una oportunidad para sostener políticas ambientales que habían perdido fuerza durante el Gobierno de Bolsonaro. Pero la victoria no garantiza por sí sola la protección de la Amazonía ni la continuidad de las medidas contra la deforestación. La capacidad del Ejecutivo para actuar dependerá de los recursos, las decisiones políticas y la relación con un Congreso que estará dominado por fuerzas conservadoras.

La defensa de los territorios indígenas, la fiscalización de las actividades extractivas y la preservación de los bosques serán parte de una disputa que se desarrollará tanto en el Gobierno como en el Parlamento. En ese escenario, la presión de los sectores agropecuarios y mineros, junto con la capacidad de negociación de la oposición, puede condicionar las decisiones ambientales.

La dimensión internacional también será determinante. La relación con Trump, las diferencias frente a la guerra en Gaza y el lugar de Brasil en las negociaciones climáticas forman parte de un escenario global en el que los gobiernos se enfrentan a presiones económicas, conflictos geopolíticos y disputas sobre el modelo de desarrollo.

Lula consiguió imponerse en las urnas, pero la derecha no perdió todas sus herramientas de poder. El nuevo mandato comenzará con una Presidencia fortalecida por el resultado electoral y un Congreso capaz de limitar sus decisiones. Para la Amazonía y las comunidades que dependen de sus ecosistemas, el desafío será que la victoria política se traduzca en medidas concretas de protección ambiental y no quede reducida a una promesa condicionada por las negociaciones parlamentarias.

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