
San Juan: un informe vincula la muerte de miles de peces con la contaminación minera de Veladero
Un estudio ecotoxicológico detectó elevadas concentraciones de aluminio, cobre y arsénico en peces hallados muertos en el dique Cuesta del Viento. Los investigadores señalaron al sistema hídrico conectado con la mina Veladero como una fuente persistente de contaminantes. La Fiscalía provincial había desestimado la causa al considerar que no existían elementos suficientes para acreditar un delito ambiental.
La Política Ambiental
La aparición de miles de pejerreyes muertos en las costas del dique Cuesta del Viento volvió a colocar bajo cuestionamiento la actividad minera desarrollada en la cordillera de San Juan. Un informe elaborado por científicos de distintas universidades nacionales vinculó el episodio con la presencia de metales y metaloides en concentraciones incompatibles con la protección de la vida acuática.
La mortandad se registró el 3 de noviembre de 2025 en el embalse ubicado en el departamento Iglesia. Frente a la magnitud del episodio, integrantes de la Asamblea Jáchal No se Toca recolectaron ejemplares y muestras de agua, que posteriormente fueron analizados por especialistas mediante la Universidad Nacional de Cuyo.
Los análisis detectaron concentraciones elevadas de aluminio en las branquias de los peces y presencia de aluminio, cobre y arsénico en sus hígados. También se encontraron niveles significativos de aluminio en el agua del dique. Los resultados fueron interpretados posteriormente en un informe técnico publicado el 29 de junio de 2026.
Un sistema hídrico bajo sospecha
El documento, denominado Informe Técnico de Interpretación Ecotoxicológica y Evaluación de Riesgo Ambiental relacionado con la mortalidad de peces registrada en el Dique Cuesta del Viento, examinó los resultados obtenidos en 2025 y los comparó con estudios realizados en diferentes momentos desde 2005.
El análisis histórico concluyó que existe un proceso persistente de alteración de la calidad hidroquímica en el sistema integrado por el río La Palca, el río Blanco, el dique Cuesta del Viento y el río Jáchal.
Según el informe, durante las distintas campañas se registraron concentraciones reiteradamente elevadas de aluminio, arsénico y boro, con valores superiores a los niveles de referencia nacionales e internacionales utilizados para proteger la vida acuática. El arsénico habría permanecido por encima de esos umbrales en las campañas de 2005, 2015 y 2026, mientras que el aluminio alcanzó niveles especialmente elevados en varios sectores de la cuenca.
Los investigadores identificaron al río La Palca como el principal aporte de contaminantes metálicos dentro del sistema. Ese curso de agua desciende desde el área cordillerana donde se encuentra la explotación minera Veladero, dedicada a la extracción de oro y plata y operada como una sociedad conjunta entre Barrick y la compañía china Shandong Gold.
El estudio utilizó un modelo de “fuente, trayecto y receptor” para evaluar la continuidad hidráulica entre el área de influencia minera y el lugar donde ocurrió la mortandad. La metodología tuvo en cuenta la proximidad geográfica, la conexión entre los cursos de agua, la representatividad ecosistémica y la comparación de resultados obtenidos en diferentes períodos.
Un posible efecto combinado de sustancias tóxicas
El informe fue firmado por Guillermo Folguera, Rafael Lajmanovich, Ana Paula Cuzziol Boccioni y Paola Peltzer, investigadores vinculados con la Universidad Nacional del Litoral, la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires y el Conicet.
Folguera explicó que la mortandad podría haberse producido como consecuencia de un efecto sinérgico entre las sustancias detectadas. De acuerdo con esa interpretación, los peces pudieron quedar expuestos a un aumento repentino de contaminantes o a una combinación de condiciones ambientales extremas y concentraciones elevadas de elementos tóxicos.
El investigador advirtió, además, que los estudios realizados durante las últimas dos décadas exhiben una tendencia creciente en la presencia de componentes incompatibles con la vida acuática. Para los autores, el episodio de noviembre de 2025 no debería analizarse de manera aislada, sino dentro de un proceso sostenido de deterioro de la calidad del agua.
La causa penal había sido desestimada
La investigación científica contrasta con la conclusión adoptada previamente por la Justicia provincial. Tras conocerse la muerte de los peces, la Unidad Fiscal de Investigación Norte inició una causa de oficio para determinar si el hecho podía constituir un delito ambiental.
La hipótesis inicial de las autoridades apuntó a un cuadro de hipoxia, es decir, a una disminución del oxígeno disponible en el agua. La investigación incorporó informes de la Universidad Nacional de Cuyo, el Centro de Investigación para la Prevención de la Contaminación Ambiental Minero Industrial, la Secretaría de Ambiente provincial y la Dirección de Hidráulica.
El 25 de febrero de 2026, la Fiscalía desestimó las actuaciones al considerar que los estudios reunidos no permitían establecer un nexo penal directo entre los elementos detectados en el agua y la muerte de los peces. La decisión no significó que se hubiera descartado toda alteración ambiental, sino que no se reunieron pruebas suficientes para sostener una imputación por un delito concreto.
Desde la Asamblea Jáchal No se Toca cuestionaron esa decisión y sostuvieron que el expediente fue cerrado sin una investigación adecuada sobre la posible relación con la actividad minera. Después de la desestimación, la organización continuó impulsando estudios independientes y sometió las muestras a una interpretación ecotoxicológica más amplia.
Los nuevos resultados no constituyen, por sí solos, una sentencia contra las empresas responsables de Veladero. Sin embargo, incorporan evidencia científica que contradice la explicación basada únicamente en la falta de oxígeno y que podría justificar la revisión de las medidas de investigación realizadas por las autoridades.
Los antecedentes de Veladero
Las sospechas sobre el origen de los contaminantes también se apoyan en los antecedentes ambientales de Veladero. En septiembre de 2015, la rotura de una válvula provocó un derrame de solución con cianuro en la mina, episodio que fue reconocido por Barrick. Posteriormente se registraron nuevos incidentes en 2016 y 2017 dentro de la misma zona cordillerana.
Para las organizaciones ambientales, esos antecedentes obligaban a realizar una investigación especialmente rigurosa sobre la muerte de los peces y a mantener controles permanentes sobre los cursos de agua que conectan la alta cordillera con las poblaciones de Iglesia y Jáchal.
El dique Cuesta del Viento constituye un ambiente estratégico para la biodiversidad, el turismo, la pesca y el abastecimiento hídrico de la región. Una alteración persistente de sus condiciones podría afectar no solamente a los peces, sino también a toda la cadena ecológica y a las comunidades que dependen de la cuenca.
La controversia vuelve a exponer las diferencias entre los controles oficiales, las investigaciones impulsadas por la ciudadanía y los estudios científicos independientes. Mientras la causa penal permanece desestimada, el informe ecotoxicológico plantea interrogantes que todavía no recibieron una respuesta definitiva: cuál fue la causa concreta de la mortandad, de dónde provienen los metales detectados y qué medidas se adoptarán para evitar nuevos episodios.
La aparición de miles de peces muertos no puede quedar reducida a un hecho aislado. Frente a los antecedentes de Veladero y a la presencia documentada de sustancias potencialmente tóxicas, las autoridades deberán garantizar estudios transparentes, periódicos e independientes que permitan determinar el estado real del agua y las responsabilidades que pudieran corresponder.


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