
Chubut: detectaron una bacteria en 29 ballenatos muertos y sospechan que la marea roja está matando a los ejemplares adultos
La Política Ambiental
La muerte de ballenas francas australes en las costas de Chubut encendió las alarmas de la comunidad científica. Durante las últimas semanas se registró una cantidad inusualmente elevada de ballenatos muertos en Península Valdés y, en los últimos días, comenzaron a aparecer también ejemplares juveniles y adultos en las playas de Puerto Madryn.
Los primeros resultados de laboratorio aportaron indicios importantes, aunque todavía no permiten cerrar la investigación. En las muestras de 29 ballenatos se detectó la bacteria Erysipelothrix rhusiopathiae, asociada a infecciones que pueden provocar septicemia. En cambio, los adultos presentan un cuadro diferente y los investigadores analizan si pudieron morir por la ingesta de toxinas producidas por microalgas durante episodios de marea roja.
El trabajo está a cargo de equipos del Centro Nacional Patagónico (CENPAT-CONICET), el Programa de Monitoreo Sanitario de Ballena Franca Austral y organismos científicos y ambientales de Chubut. La investigación incluye necropsias, análisis microbiológicos y estudios del agua, el plancton y los moluscos de los golfos Nuevo y San José.
Una bacteria detectada en 29 ballenatos
El Centro Científico Tecnológico CENPAT informó que se enviaron más de 100 muestras correspondientes a 29 ballenatos a la Facultad de Ciencias Veterinarias de la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires (UNICEN).
Los análisis detectaron la presencia de Erysipelothrix rhusiopathiae, una bacteria vinculada con cuadros de erisipela y septicemia en animales. El hallazgo constituye una pista relevante para comprender la mortandad de las crías, aunque los investigadores advierten que identificar un microorganismo no alcanza, por sí solo, para demostrar que haya sido la causa de todos los fallecimientos.
Un antecedente científico publicado en 2016 había documentado la presencia de esta bacteria en lesiones de ballenatos de Península Valdés. En esos casos, las heridas provocadas por ataques de gaviotas cocineras podían funcionar como una vía de entrada para los microorganismos.
Sin embargo, los especialistas todavía deben establecer cómo se produjeron las infecciones actuales, qué factores pudieron favorecerlas y qué relación tienen con la cantidad extraordinaria de crías muertas durante esta temporada.
El Instituto de Conservación de Ballenas (ICB) recordó que en 2012 se contabilizaron 113 ballenatos muertos, el registro más alto documentado hasta entonces para esta población. Los datos preliminares de 2026 indican que la mortandad podría superar ese antecedente, aunque todavía se necesita consolidar el recuento para establecer la magnitud definitiva del episodio.
Las ballenas adultas presentan otro cuadro y crece la hipótesis de la marea roja
La aparición de ejemplares adultos y juveniles muertos en las costas de Puerto Madryn abrió una segunda línea de investigación. Según los especialistas, los animales examinados no presentan, hasta el momento, indicios compatibles con el mismo cuadro bacteriano detectado en los ballenatos.
Una de las principales hipótesis apunta a las floraciones algales nocivas, conocidas popularmente como marea roja. Estos fenómenos ocurren cuando determinadas microalgas proliferan y pueden producir biotoxinas capaces de ingresar en la cadena alimentaria marina.
Las ballenas francas australes se alimentan de pequeños organismos del plancton. Si estos incorporan toxinas producidas por microalgas, las sustancias pueden pasar a través de la red trófica y afectar a los mamíferos marinos.
El investigador Mariano Coscarella, del CENPAT-CONICET, explicó que las muertes de adultos podrían corresponder a un fenómeno diferente del que afecta a las crías. Por su parte, la veterinaria Marcela Uhart, responsable del Programa de Monitoreo Sanitario de Ballena Franca Austral, participa en las tareas para determinar si existe una relación entre los fallecimientos y la presencia de toxinas en el ambiente.
La hipótesis no surgió de la nada. En 2022 se registró una mortandad de ballenas adultas y juveniles en el Golfo Nuevo y los estudios posteriores detectaron toxinas paralizantes en tejidos y fluidos de varios ejemplares. En aquella oportunidad, la evidencia permitió relacionar el episodio con una floración algal nociva.
Ese antecedente justifica investigar nuevamente la marea roja, pero no permite afirmar que el mecanismo sea el mismo en 2026. Para establecerlo será necesario comparar los resultados de las necropsias con los análisis ambientales actuales.
Qué revelaron las necropsias y qué falta conocer
Las necropsias permiten examinar los órganos, los tejidos y el contenido digestivo de los animales para buscar señales que ayuden a determinar cómo murieron. Sin embargo, la calidad de los resultados depende en buena medida del estado de conservación de los cuerpos y de la posibilidad de acceder a ellos.
En el caso de los ejemplares adultos, los investigadores toman muestras orgánicas y de contenido gastrointestinal para buscar posibles agentes infecciosos y biotoxinas. También analizan muestras de agua, plancton y moluscos de los golfos Nuevo y San José, con el objetivo de establecer si existen floraciones algales nocivas y qué toxinas están presentes.
Hasta la información difundida el jueves 15 de octubre, los resultados comunicados sobre las crías permitían confirmar la detección de la bacteria, pero no explicar por completo el fenómeno. Para los ejemplares adultos, la posible intoxicación por marea roja seguía siendo una hipótesis en estudio.
El secretario de Ambiente y Control del Desarrollo Sustentable de Chubut, Juan José Rivera, señaló que se trata de un episodio extraordinario y que los análisis de laboratorio serán fundamentales para confirmar o descartar las hipótesis. Según las previsiones comunicadas por las autoridades, los primeros resultados de los estudios sobre adultos podrían demorar al menos dos semanas.
Por eso, es importante diferenciar los hallazgos preliminares de una conclusión definitiva: la presencia de una bacteria en las crías está documentada, mientras que la causa de muerte de los adultos continúa bajo investigación.
Un antecedente que preocupa: la mortandad de 2022
La investigación actual también recupera lo ocurrido hace cuatro años, cuando una mortandad de ballenas francas australes afectó al Golfo Nuevo.
En aquella ocasión, el Programa de Monitoreo Sanitario realizó necropsias de seis ejemplares que se encontraban en condiciones adecuadas para ser examinados y recolectó muestras parciales de otros animales. Los análisis detectaron toxinas paralizantes de moluscos en diferentes tejidos y fluidos de varias de las ballenas estudiadas.
Los científicos también encontraron organismos del plancton capaces de producir biotoxinas y registraron niveles elevados de estas sustancias en moluscos y muestras ambientales. La coincidencia temporal y espacial entre las muertes, las toxinas y la floración algal respaldó la hipótesis de una intoxicación.
El episodio dejó en evidencia que las floraciones algales nocivas pueden afectar a grandes mamíferos marinos, aunque las características de cada evento deben estudiarse por separado.
En 2026, los equipos científicos buscan determinar si existe una situación semejante y si las toxinas podrían explicar los fallecimientos recientes de adultos y juveniles.
No se confirmó una contaminación generalizada del mar
La aparición de animales muertos también generó preocupación entre los vecinos y turistas de Puerto Madryn. En las redes sociales circularon versiones sobre supuestas prohibiciones para ingresar al mar y mensajes que atribuían el fenómeno a una contaminación generalizada.
Sin embargo, los reportes difundidos por los investigadores no establecieron que exista una contaminación generalizada del agua ni que las muertes estén relacionadas directamente con actividades humanas. La investigación se concentra en distintas hipótesis sanitarias y ambientales, sin descartar nuevas explicaciones a medida que se conozcan los resultados.
La posible presencia de toxinas debe analizarse con precisión: una floración algal nociva puede afectar a organismos de la cadena alimentaria sin que eso implique necesariamente una contaminación uniforme de toda el agua del golfo.
Mientras avanzan los estudios, las autoridades recomendaron no acercarse a los animales varados, no tocarlos y evitar que las mascotas entren en contacto con los cuerpos. Ante el hallazgo de una ballena viva o muerta, se debe avisar a la Dirección de Fauna y Flora Silvestre y a la Secretaría de Ambiente de Chubut.
Una señal de alerta para la conservación de las ballenas
La ballena franca austral es una de las especies emblemáticas del Atlántico Sur y Península Valdés constituye una de sus principales áreas de reproducción y crianza. Por eso, una mortandad que supera los valores habituales requiere un seguimiento científico sostenido.
El número de cuerpos encontrados en la costa, sin embargo, no alcanza por sí solo para determinar el impacto definitivo sobre la población. Los investigadores deben relacionar los fallecimientos con los nacimientos registrados, comparar los datos con temporadas anteriores y analizar las características de los animales afectados.
La investigación también puede aportar información sobre la salud del ecosistema marino. Las ballenas se encuentran en una posición elevada dentro de la red alimentaria y la detección de agentes infecciosos o toxinas en sus cuerpos puede ofrecer indicios sobre procesos que ocurren en el ambiente.
Por ahora, la evidencia apunta a dos líneas de investigación diferentes: una infección bacteriana en los ballenatos y una posible intoxicación por biotoxinas en adultos y juveniles. El desafío es establecer qué explica cada grupo de muertes y si existen factores ambientales que puedan contribuir a ambos fenómenos.
Los resultados pendientes serán decisivos para comprender por qué están muriendo tantas ballenas en las costas de Chubut y qué medidas pueden adoptarse para proteger a una población que se recupera de una larga historia de explotación humana.


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