
Jujuy Denuncian tala ilegal de madera nativa en Caimancito y Yuto y advierten por el riesgo para el yaguareté Referentes ambientales, forestales y productivos solicitan una intervención coordinada para proteger áreas estratégicas de conservación en Caimancito y Yuto.
La Política Ambiental
La tala y extracción ilegal de madera nativa vuelve a encender las alarmas en las Yungas de Jujuy. En las localidades de Caimancito y Yuto, departamento Ledesma, referentes ambientales, especialistas forestales y representantes del sector productivo advirtieron sobre la reiteración de actividades clandestinas en áreas de bosque nativo, especialmente en la zona de Sauzalito y sectores vinculados con la Reserva de Biosfera de las Yungas.
Las denuncias describen la apertura y reutilización de picadas, la extracción de especies forestales de alto valor comercial y el transporte de madera sin garantías suficientes sobre su procedencia. Los sectores que expusieron la problemática sostienen que no se trata de episodios aislados, sino de una presión persistente sobre áreas estratégicas para la conservación.
El impacto va más allá de la pérdida de árboles. La degradación del bosque puede fragmentar los ambientes naturales, dificultar el desplazamiento de la fauna y aumentar la vulnerabilidad de especies amenazadas. Entre ellas se encuentra el yaguareté, declarado Monumento Natural Nacional y Provincial, cuya supervivencia depende de la conservación de territorios amplios y conectados.
Más de 20 denuncias durante 2026 y 680 rollos recuperados
La dimensión del problema quedó expuesta durante recorridas por sectores afectados de Sauzalito, donde se registraron hechos reiterados de extracción ilegal de madera. Según datos difundidos por representantes vinculados con las tareas de control, durante 2026 se presentaron más de 20 denuncias y se contabilizaron 60 denuncias en el período total de intervención. También se informó la recuperación de 680 rollos de madera nativa en tres meses.
Arturo Blanco, jefe de Ambiente y Comunidad de la empresa Ledesma, señaló que las actividades ilegales se registran desde hace años en distintos puntos de las Yungas. Durante los recorridos se identificaron picadas abiertas o reutilizadas dentro de sectores de bosque, una situación que facilita el ingreso y la circulación de personas y vehículos.
Los datos difundidos permiten dimensionar la persistencia de los episodios, aunque no representan necesariamente la totalidad de la extracción clandestina que podría ocurrir en la región. La detección de los hechos depende de los controles, las denuncias y la capacidad de vigilancia sobre territorios extensos y de difícil acceso.
Los referentes reclamaron fortalecer los controles en terreno, vigilar los caminos de ingreso e investigar los circuitos de extracción, acopio y transporte. El objetivo es evitar que la madera extraída de manera ilegal ingrese al mercado y termine mezclada con productos de origen autorizado.
Sauzalito, un corredor clave para el yaguareté
La preocupación ambiental se concentra especialmente en Sauzalito, un sector considerado estratégico para la conectividad ecológica de las Yungas. Los monitoreos de fauna realizados en este corredor registraron 12 especies nativas consideradas clave, cuatro de ellas con algún grado de amenaza.
Entre las especies identificadas se encuentra el yaguareté, uno de los grandes felinos de Sudamérica y una de las especies más amenazadas de la Argentina. La fragmentación de su hábitat puede aislar poblaciones, dificultar el acceso a presas y limitar las posibilidades de desplazamiento y reproducción.
Estefanía Sánchez, especialista en conservación y desarrollo sostenible de la Fundación ProYungas, advirtió que estos ambientes cumplen una función esencial para la supervivencia de numerosas especies. Cuando se degradan los corredores naturales, el daño no se limita a la pérdida de recursos forestales: también se alteran procesos ecológicos necesarios para mantener la biodiversidad.
En este tipo de paisajes, conservar un bosque no significa solamente evitar la tala de árboles en un punto determinado. También implica mantener la continuidad entre distintos ambientes, de modo que los animales puedan desplazarse entre áreas de alimentación, refugio y reproducción.
La extracción selectiva de madera puede modificar la estructura del bosque incluso cuando no se produce una tala rasa. Si la actividad se repite sin control, la apertura de caminos y la pérdida de árboles pueden deteriorar progresivamente sectores importantes para la fauna.
El riesgo de incendios se suma a la degradación del bosque
La apertura de picadas y el ingreso no autorizado a áreas sensibles también generan preocupación por el riesgo de incendios forestales. La circulación de personas y vehículos, las intervenciones sobre la vegetación y la degradación del entorno pueden aumentar la vulnerabilidad de estos ambientes, además de complicar las tareas de vigilancia.
Los incendios representan una amenaza adicional para la biodiversidad de las Yungas, ya que pueden destruir vegetación, afectar refugios de fauna y alterar las condiciones del suelo. Cuando se combinan con la extracción ilegal y la fragmentación del hábitat, las presiones sobre el ecosistema se acumulan.
Por eso, los especialistas sostienen que prevenir la tala clandestina también forma parte de una estrategia más amplia de protección ambiental. La conservación requiere controles sostenidos, seguimiento de los accesos y una respuesta rápida ante las actividades detectadas.
La madera ilegal también perjudica a los productores que trabajan dentro de la ley
La extracción clandestina tiene consecuencias ambientales, pero también afecta a la actividad forestal formal de la región. Pablo Eliano, ingeniero forestal y asesor de productores madereros de Jujuy, advirtió que la circulación de madera de origen ilegal perjudica la competitividad de quienes cumplen con las normas y dificulta la trazabilidad de los productos.
La trazabilidad permite identificar de dónde proviene la madera y bajo qué condiciones fue aprovechada. Sin controles efectivos, los productos extraídos ilegalmente pueden ingresar a los circuitos comerciales y competir con quienes deben afrontar los costos de una actividad autorizada.
El problema también incrementa la presión sobre especies nativas de alto valor comercial. Si la demanda se abastece mediante extracción clandestina, el bosque queda expuesto a un aprovechamiento que no necesariamente respeta límites de extracción, planes de manejo ni criterios de conservación.
Los referentes plantean que combatir estos circuitos exige actuar sobre toda la cadena: desde la extracción en el bosque hasta el traslado, el acopio, la comercialización y la documentación que acredita el origen de la madera.
Jujuy tiene un plan de manejo forestal para la cuenca de Caimancito
La situación se produce en una región donde existe un instrumento de planificación destinado a compatibilizar la actividad forestal con la conservación del bosque nativo. En agosto de 2026, la Secretaría de Biodiversidad y Desarrollo Sustentable de Jujuy aprobó el Plan Estratégico de Manejo Forestal Sostenible de la Cuenca Forestal Caimancito y su primer Plan Operativo Anual.
El área de planificación abarca aproximadamente 333.972 hectáreas e incluye Caimancito, Yuto, Palma Sola, Vinalito y El Talar. La propuesta busca ordenar las actividades forestales, promover el manejo sostenible y fortalecer la participación de los actores que utilizan los recursos del bosque.
La normativa también reconoce al Comité de Cuenca Forestal Caimancito como entidad administradora de las acciones e inversiones previstas en el plan operativo, bajo el seguimiento de la autoridad provincial.
La existencia de este instrumento vuelve central la necesidad de articular la planificación con los controles sobre el terreno. Para que el manejo sostenible sea efectivo, las actividades ilegales deben ser investigadas y los productos forestales deben poder vincularse con su origen y con las autorizaciones correspondientes.
Reclaman una mesa de trabajo con autoridades y municipios
Frente a la reiteración de los hechos, los referentes ambientales, forestales y productivos solicitaron al Gobierno de Jujuy una intervención coordinada y permanente de los organismos competentes. Entre las medidas reclamadas figuran el refuerzo de la vigilancia en las áreas afectadas, la investigación de los circuitos irregulares y una verificación más estricta del origen de la madera.
También propusieron conformar una mesa de trabajo con autoridades provinciales, municipios, organismos de seguridad, representantes del sector forestal, propietarios y organizaciones vinculadas con la conservación. La iniciativa busca establecer objetivos, responsabilidades y plazos concretos para abordar el problema.
El desafío es evitar que las denuncias se acumulen sin una respuesta capaz de desarticular las actividades clandestinas. La protección del bosque nativo requiere que los controles alcancen tanto a quienes extraen la madera como a los mecanismos que permiten su circulación y comercialización.
En Caimancito, Yuto y Sauzalito, la disputa no se limita al aprovechamiento de un recurso forestal: está en juego la continuidad de ambientes que sostienen una biodiversidad extraordinaria y funcionan como corredores para especies amenazadas. La protección de las Yungas dependerá de que las denuncias se traduzcan en investigaciones, controles efectivos y medidas capaces de frenar la degradación antes de que el daño se vuelva irreversible.


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