
Chubut: investigan una red de caza furtiva tras hallar restos de más de mil guanacos y carne de puma en mal estado
La Política Ambiental
Una investigación por caza furtiva y comercialización ilegal de carne de animales silvestres expuso la dimensión de una presunta red que operaba en Chubut y que habría abastecido a comercios de distintas localidades de la región cordillerana. Los procedimientos realizados en Esquel y en un establecimiento rural cercano a Gobernador Costa permitieron reconstruir parte de un circuito que incluiría la captura de animales, su faena clandestina, el procesamiento de la carne y su posterior venta.
El dato más impactante surgió durante un allanamiento realizado el 16 de octubre en un campo ubicado sobre la Ruta Provincial 23, a unos 200 kilómetros de Esquel. Allí se encontraron restos óseos que, según la documentación de los investigadores, corresponderían a más de mil guanacos. En el predio también se secuestraron armas de fuego, municiones, reflectores, visores nocturnos, balanzas, cuchillos, sierras y otros elementos vinculados con la faena y el procesamiento de carne.
La investigación también incluye los operativos realizados el día anterior en Esquel, donde se incautó carne de guanaco y puma en mal estado de conservación y se encontraron tres cámaras de frío. La hipótesis judicial apunta a una organización que habría comercializado estos productos sin las habilitaciones ni los controles sanitarios correspondientes.
Más de mil guanacos: el hallazgo que expuso la dimensión de la caza furtiva
El allanamiento en el establecimiento rural cercano a Gobernador Costa fue solicitado por el procurador de Fiscalía Ismael Esteban Cerda y contó con la participación de personal de la División de Investigaciones de Esquel, la Comisaría de Gobernador Costa y Policía Científica, entre otras dependencias.

Durante la inspección se encontraron numerosos restos óseos dispersos en distintos sectores del campo. La estimación surgida de la inspección y la documentación de Criminalística supera los restos correspondientes a mil ejemplares de guanaco, una especie silvestre característica de la Patagonia.
La cantidad de osamentas constituye uno de los principales elementos de la causa, porque podría indicar que la actividad se desarrolló durante un período prolongado y no se limitó a episodios aislados de caza. De todos modos, la cifra corresponde a una estimación basada en los restos encontrados y no a un conteo definitivo de animales identificados individualmente.
El guanaco cumple un papel importante en los ecosistemas patagónicos. Como herbívoro nativo, forma parte de las relaciones ecológicas que sostienen la biodiversidad de la región. La extracción ilegal y sostenida de ejemplares puede afectar las poblaciones silvestres y alterar el equilibrio ambiental, especialmente cuando está vinculada con una actividad organizada con fines comerciales.
En el mismo establecimiento se encontraron armas de fuego, municiones, vainas servidas, reflectores, visores nocturnos, miras telescópicas, balanzas, cuchillos, sierras, cortadoras y otros elementos que podrían haber sido utilizados para capturar, faenar y procesar animales.
Los investigadores también secuestraron bolsas de nylon y cajas de empaque similares a las encontradas durante los procedimientos realizados en Esquel. Esa coincidencia es uno de los indicios que permitirían vincular el campo con los lugares donde se almacenaba y presuntamente distribuía la carne.
Esquel: más de 600 kilos de carne de guanaco y puma en mal estado
El 15 de octubre, un operativo en Esquel permitió secuestrar más de 600 kilos de carne de guanaco y puma que, de acuerdo con la información difundida durante la investigación, se encontraban en estado de putrefacción. En el inmueble se encontraron además tres cámaras de frío destinadas al almacenamiento de productos cárnicos.
La pesquisa había comenzado a tomar fuerza después de que se detectara un vehículo estacionado frente a una vivienda, en cuya parte trasera se observaban bolsas con manchas de sangre que contenían carne de animales silvestres. A partir de ese hallazgo, las autoridades avanzaron con las medidas judiciales y el registro del lugar.
El estado de conservación de la carne encendió una alerta que va más allá de la protección de la fauna. La comercialización de alimentos de origen animal sin inspección veterinaria, condiciones adecuadas de higiene ni una cadena de frío garantizada puede exponer a la población a enfermedades transmitidas por alimentos.
La investigación busca determinar si la carne secuestrada estaba destinada a la venta en carnicerías y otros circuitos comerciales. También intenta establecer quiénes participaron en su traslado, procesamiento y distribución, así como el alcance de las operaciones.
Una presunta red con llegada a distintas localidades
La hipótesis de los investigadores apunta a una organización integrada por al menos seis personas, aunque la participación y las responsabilidades de cada una deberán establecerse en el expediente judicial.
Según la información policial difundida durante la investigación, la presunta red habría abastecido de carne a Esquel, Trevelin y El Bolsón, además de otros puntos de la Comarca Andina, entre ellos Lago Puelo. Parte de la oferta de los productos también habría circulado a través de redes sociales.
Los investigadores procuran reconstruir el recorrido completo de la mercadería: desde la caza de los animales en establecimientos rurales hasta su faena, procesamiento, traslado y comercialización. Entre las modalidades que se investigan se encuentra la elaboración de productos como carne picada, milanesas y embutidos.
La coincidencia entre las bolsas y cajas encontradas en el campo y los elementos secuestrados en los operativos urbanos resulta relevante para esa reconstrucción. Sin embargo, el alcance de la red, sus compradores y el grado de participación de cada sospechoso continúan bajo investigación.
También fueron requisados una camioneta Toyota Hilux y un vehículo Peugeot Hoggar registrados a nombre del principal imputado, además de teléfonos celulares y otros elementos que serán analizados para determinar su relación con los hechos.
Un campo sin habilitaciones sanitarias bajo investigación
Otro aspecto que llamó la atención de los investigadores fue la situación del establecimiento rural. Según la información incorporada a la causa, los informes técnicos no registraban movimientos de hacienda en el predio ni las habilitaciones sanitarias correspondientes para desarrollar las actividades que se sospecha que allí se realizaban.
La Fiscalía considera que el lugar podría haber funcionado como una base operativa y un centro de faena clandestina. La hipótesis deberá ser contrastada con las pruebas reunidas durante los allanamientos y con los resultados de las pericias.
La faena clandestina implica que los animales son procesados fuera de los circuitos habilitados y sin las inspecciones destinadas a verificar las condiciones sanitarias de la carne. En este caso, la preocupación aumenta por la posible comercialización de productos que habrían perdido las condiciones necesarias para ser consumidos de manera segura.
Los riesgos incluyen la contaminación durante la manipulación, la conservación a temperaturas inadecuadas y la presencia de microorganismos patógenos. Por eso, la investigación no se limita a determinar si hubo caza ilegal, sino que también busca establecer si se pusieron en circulación alimentos que podían representar un peligro para la población.
Qué leyes se investigan por la caza y la venta ilegal
La causa contempla posibles infracciones a la Ley Nacional 22.421 de Conservación de la Fauna Silvestre, que establece mecanismos de protección y sanciones frente a distintas conductas ilegales contra animales silvestres. También se consideran las disposiciones provinciales de Chubut en materia de fauna, entre ellas la Ley XI N.º 10.
Además, la Fiscalía investiga una posible infracción al artículo 206 del Código Penal, vinculado con la violación de las normas de policía sanitaria animal. Este aspecto se relaciona con la presunta faena y comercialización de carne sin los controles correspondientes.
La investigación también incorporó advertencias sanitarias sobre los riesgos de consumir carne sin inspección veterinaria y sin garantías de conservación. Los organismos que intervienen en la materia han señalado la importancia de prevenir enfermedades transmitidas por alimentos, incluido el Síndrome Urémico Hemolítico (SUH), que puede provocar complicaciones graves, especialmente en niñas y niños.
La eventual responsabilidad penal de las personas investigadas deberá determinarse en el proceso judicial. Mientras tanto, las pruebas secuestradas serán analizadas para establecer la procedencia de la carne, el destino de los productos y la posible participación de otras personas.
Un impacto ambiental que va más allá de los allanamientos
El hallazgo de restos correspondientes a más de mil guanacos pone en primer plano una dimensión ambiental que excede los procedimientos policiales. Si las hipótesis de la investigación se confirman, no se trataría solamente de la captura ilegal de algunos animales, sino de una actividad organizada y sostenida para obtener beneficios económicos mediante la explotación clandestina de fauna silvestre.
La comercialización de carne de animales cazados ilegalmente genera un circuito que incentiva la extracción de ejemplares sin respetar las normas de conservación y dificulta el control sobre el origen de los productos. Cuando, además, la faena se realiza sin habilitaciones ni inspecciones sanitarias, el impacto alcanza tanto al ambiente como a la salud pública.
En Chubut, la investigación intenta establecer cómo funcionaba esa presunta estructura y durante cuánto tiempo habría operado. Los restos encontrados en el campo cercano a Gobernador Costa, la carne incautada en Esquel y los elementos de empaque coincidentes son piezas centrales para reconstruir el circuito.
La causa continúa en trámite judicial. Los próximos pasos deberán determinar quiénes participaron de la presunta red, qué volumen de carne llegó al mercado y si existen otros puntos de caza, procesamiento o distribución. El desafío será establecer responsabilidades y evitar que la caza furtiva y la venta de fauna silvestre continúen funcionando como un negocio a costa de la biodiversidad patagónica y de la seguridad alimentaria.


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