Brasil vota el futuro de la Amazonía: la deforestación cayó un 71% durante el gobierno de Lula


El próximo 25 de octubre, Brasil elegirá presidente entre Luiz Inácio Lula da Silva y Flávio Bolsonaro. La segunda vuelta llega con un dato ambiental decisivo: la deforestación de la Amazonía brasileña cayó de 11.594 km² en 2022 a 3.335 km² en 2026, según el Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (INPE). Mientras el gobierno de Jair Bolsonaro estuvo marcado por un incremento de la destrucción forestal, la gestión de Lula registró cuatro descensos consecutivos. Sin embargo, los incendios, el avance de las actividades extractivas y las diferencias entre los programas de gobierno mantienen abierto el debate sobre el futuro de la selva.
21/10/2026La Política AmbientalLa Política Ambiental

Brasil se prepara para una segunda vuelta presidencial que tendrá consecuencias sobre la política ambiental de toda Sudamérica. El domingo 25 de octubre, Luiz Inácio Lula da Silva, del Partido de los Trabajadores (PT), enfrentará a Flávio Bolsonaro, senador del Partido Liberal (PL) e hijo del expresidente Jair Bolsonaro.

En la primera vuelta, celebrada el 4 de octubre, Flávio Bolsonaro obtuvo el 47,03% de los votos válidos, mientras que Lula alcanzó el 45,16%. La diferencia fue de aproximadamente 2,2 millones de votos.

La elección también enfrenta dos programas diferentes para administrar los recursos naturales, regular las actividades productivas y controlar la deforestación de la Amazonía, el bosque tropical más extenso del planeta.

Bolsonaro y Lula: qué dicen los números de la deforestación

El Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil (INPE) publicó el 16 de octubre de 2026 una nueva estimación del sistema Prodes, utilizado para medir anualmente la superficie de bosque deforestada en la Amazonía Legal brasileña.

El resultado fue de 3.335 kilómetros cuadrados entre agosto de 2025 y julio de 2026, una reducción del 41,8% respecto del período anterior y el registro más bajo desde que comenzaron las mediciones, en 1988.

La comparación con el gobierno de Jair Bolsonaro permite dimensionar la transformación de los indicadores.

Durante su presidencia, entre 2019 y 2022, la deforestación anual se mantuvo por encima de los 10.000 km², con un máximo de 13.038 km² en 2021.

En cambio, desde 2023, los registros comenzaron a descender sostenidamente.

La deforestación año por año

AñoGobierno de referenciaSuperficie deforestada
2019Jair Bolsonaro10.129 km²
2020Jair Bolsonaro10.851 km²
2021Jair Bolsonaro13.038 km²
2022Jair Bolsonaro11.594 km²
2023Lula da Silva9.064 km²
2024Lula da Silva6.518 km²
2025Lula da Silva5.731 km²
2026Lula da Silva3.335 km²*

Fuente: INPE, sistema Prodes. Los períodos de medición comprenden agosto del año anterior a julio del año indicado. La cifra de 2026 es una estimación sujeta a consolidación.

La serie muestra que entre 2022 y 2026 la superficie anual deforestada se redujo un 71,2%.

Otra comparación resulta significativa: los cuatro períodos identificados con la presidencia de Jair Bolsonaro acumularon 45.612 km² de deforestación, frente a 24.648 km² entre 2023 y 2026. Esto representa una diferencia cercana al 46%.

Los datos deben interpretarse considerando que los años del Prodes no coinciden exactamente con los mandatos presidenciales. El período 2019 comprende meses del gobierno anterior y el de 2023 incluye meses de la gestión de Jair Bolsonaro.

De todos modos, la tendencia registrada durante ambas administraciones muestra un contraste sostenido.

¿Qué cambió durante el gobierno de Lula?

La reducción de la deforestación coincide con una serie de modificaciones en la política ambiental brasileña.

Desde 2023, la administración de Lula recuperó el Plan de Acción para la Prevención y Control de la Deforestación en la Amazonía Legal (PPCDAm), fortaleció los operativos de fiscalización y amplió las herramientas de monitoreo satelital.

También retomó la demarcación de territorios indígenas y reactivó instrumentos de financiamiento destinados a la conservación, como el Fondo Amazonía.

En contraste, durante el gobierno de Jair Bolsonaro se redujeron diversos mecanismos de control ambiental, se paralizaron nuevas demarcaciones de tierras indígenas y aumentó la presión sobre las áreas protegidas.

La invasión de territorios indígenas por parte de la minería ilegal, especialmente en la región yanomami, fue uno de los conflictos más graves de aquel período.

Sin embargo, la caída de la deforestación bajo Lula no significa que hayan desaparecido las contradicciones ambientales de su administración.

El propio presidente respaldó la exploración petrolera en la Margen Ecuatorial, frente a la desembocadura del Amazonas, una decisión cuestionada por organizaciones ambientalistas por sus riesgos para los ecosistemas y su relación con la expansión de los combustibles fósiles.

Flávio Bolsonaro y Lula: dos propuestas para la Amazonía

Los programas presidenciales presentan diferencias concretas.

Lula propone mantener el objetivo de alcanzar la deforestación cero en 2030, fortalecer las políticas climáticas, avanzar en la protección territorial y profundizar los programas de restauración forestal.

Flávio Bolsonaro, por su parte, plantea eliminar la deforestación ilegal para 2029, utilizando monitoreo satelital, inteligencia artificial y mecanismos de fiscalización dirigidos principalmente contra organizaciones criminales.

El candidato del PL también propone facilitar el aprovechamiento económico de los recursos naturales, promover la bioeconomía y revisar lo que considera superposiciones administrativas entre el Ibama, la Funai y el ICMBio, organismos fundamentales en la gestión y protección ambiental.

Aunque ambos candidatos incluyen compromisos de conservación, sus programas difieren en el alcance de los objetivos, el papel de las instituciones ambientales y la relación entre producción y regulación.

Para las comunidades indígenas, la discusión también involucra la seguridad jurídica de sus territorios, las actividades económicas permitidas y los mecanismos de protección frente a invasiones y explotación ilegal.

La paradoja ambiental: menos deforestación, pero nuevos incendios

El descenso histórico de la deforestación contrasta con la emergencia provocada por los incendios forestales de octubre.

Según una investigación publicada por Associated Press, los focos de incendio en la Amazonía se triplicaron después de la primera vuelta electoral del 4 de octubre, especialmente en los estados de Amazonas y Pará.

En Manaos, el humo afectó la calidad del aire, provocó la suspensión de clases y obligó a adoptar medidas de protección sanitaria.

Las autoridades brasileñas investigan si parte de los incendios fueron provocados deliberadamente. Hasta el momento, no se ha establecido públicamente quiénes serían los responsables ni una motivación política comprobada.

Las condiciones de sequía, el fenómeno de El Niño y el uso del fuego para actividades agropecuarias aumentan el riesgo de propagación.

Existe, además, una distinción fundamental: la medición de deforestación correspondiente a 2026 concluyó en julio y no incluye los incendios de octubre. La pérdida de cobertura forestal por tala y la degradación provocada por incendios son procesos relacionados, pero se registran mediante indicadores diferentes.

Por eso, una reducción de la deforestación no implica necesariamente una disminución equivalente de todos los daños ambientales.

Una elección que también importa para Sudamérica

La Amazonía cumple una función fundamental en la regulación climática del continente. Su vegetación almacena carbono, favorece la circulación de humedad y participa en los sistemas de precipitaciones que influyen sobre extensas regiones de Sudamérica.

La continuidad de la deforestación y la degradación del bosque puede alterar esos procesos y afectar la biodiversidad, los recursos hídricos y las condiciones climáticas de la región.

Brasil concentra aproximadamente el 60% de la superficie de la Amazonía, por lo que sus decisiones ambientales tienen una influencia considerable sobre el futuro de este ecosistema compartido con otros países.

Los datos del INPE muestran que las políticas de control pueden coincidir con reducciones importantes de la superficie deforestada. También evidencian que el deterioro forestal puede acelerarse durante períodos relativamente cortos.

De cara al 25 de octubre, la discusión no se limita a quién ocupará el Palacio del Planalto. También incluye qué instrumentos de fiscalización estarán disponibles, cómo se regularán las actividades extractivas y qué protección tendrán las comunidades y los territorios amazónicos.

La deforestación cayó a su mínimo histórico, pero la presión sobre la selva continúa. La próxima administración brasileña deberá definir cómo sostener esa reducción frente a los incendios, la expansión productiva y los conflictos por el uso de la tierra.

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