La emergencia ígnea llegó tarde, pero la indiferencia fue más temprana: mientras la Patagonia ardía, Milei cantaba junto a su ex en Mar del Plata

29/01/2026La Política AmbientalLa Política Ambiental
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La decisión del Gobierno nacional de declarar la emergencia ígnea en la Patagonia llegó cuando gran parte del desastre ya estaba consumado. Casi 230.000 hectáreas quemadas, ecosistemas únicos reducidos a cenizas, comunidades rurales en alerta permanente y brigadistas exhaustos marcaron un verano que debió haber sido gestionado con anticipación.

Recién entonces, y tras semanas de reclamos de los gobiernos provinciales, la Casa Rosada activó un Decreto de Necesidad y Urgencia para reconocer una crisis que llevaba demasiado tiempo a la vista. El alcance de la emergencia incluye a varias provincias del sur argentino, atravesadas por incendios cada vez más intensos, potenciados por sequías prolongadas, temperaturas extremas y vientos persistentes.

Un presidente ausente en medio del desastre

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La crítica central a la gestión no se limita a la demora administrativa, sino a las prioridades públicas del presidente Javier Milei mientras la Patagonia se incendiaba. En lugar de viajar a las zonas afectadas, recorrer el territorio o encabezar la coordinación de la respuesta estatal, el jefe de Estado optó por mantenerse alejado del epicentro de la tragedia.

Durante los días más críticos de los incendios, Milei estuvo en Mar del Plata, donde asistió a un espectáculo teatral, subió al escenario para cantar junto a su expareja y participó de un festival político de derecha. La imagen contrastó de forma brutal con la realidad del sur del país, donde brigadistas combatían el fuego con recursos limitados y comunidades enteras convivían con el humo, las evacuaciones y el miedo.

La construcción de una imagen que no existió

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La desconexión presidencial no fue solo territorial. En medio de las críticas por su ausencia, Milei difundió en sus redes sociales una imagen en la que supuestamente saludaba a un brigadista en el sur del país. La foto fue rápidamente cuestionada y señalada como una imagen falsa generada mediante inteligencia artificial, creada para simular una presencia oficial que nunca ocurrió.

El episodio profundizó el malestar social y político: mientras el fuego avanzaba sin control, el presidente optaba por fabricar una escena simbólica en redes sociales en lugar de asumir un rol activo frente a una de las peores emergencias ambientales de los últimos años.

Fondos tardíos y una respuesta reactiva

Con la emergencia finalmente declarada, el Gobierno anunció el envío de fondos para bomberos voluntarios y asistencia económica a las provincias afectadas. Sin embargo, la pregunta sigue siendo inevitable: ¿por qué esos recursos no llegaron antes? ¿Por qué el refuerzo logístico, operativo y presupuestario apareció recién cuando el daño ambiental ya era, en gran parte, irreversible?

La respuesta estatal volvió a mostrar un patrón repetido: actuar cuando la crisis ya escaló, con medidas orientadas a contener consecuencias y no a prevenir daños. Declarar la emergencia luego de que miles de hectáreas de bosque nativo fueran destruidas expone una gestión más reactiva que planificada.

Cambio climático e indiferencia política

Los incendios forestales en la Patagonia no son hechos aislados ni excepcionales. Se inscriben en un contexto de crisis climática, sequías más prolongadas y eventos extremos cada vez más frecuentes. Frente a este escenario, la falta de políticas activas de prevención, manejo del fuego y adaptación climática agrava los impactos y multiplica los daños.

La combinación entre demora institucional, ausencia presidencial y construcción artificial de imagen deja una señal preocupante: la agenda ambiental no ocupa un lugar prioritario en la conducción política nacional, incluso cuando la emergencia es visible y devastadora.

Una factura ambiental que ya empezó a cobrarse

Con la emergencia ígnea en vigencia, las provincias podrán acceder a herramientas extraordinarias para enfrentar la crisis. Pero la Patagonia ya paga una factura ambiental pesada: bosques reducidos a cenizas, biodiversidad perdida, suelos degradados y comunidades agotadas.

La tragedia deja una conclusión incómoda pero necesaria: no alcanza con decretos tardíos ni con imágenes fabricadas en redes sociales. En un país cada vez más expuesto a desastres climáticos, la ausencia de liderazgo y de respuestas anticipadas también quema, aunque no deje humo visible.

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