
Chubut: ya plantaron 32.000 árboles nativos para recuperar bosques arrasados por los incendios
La Política Ambiental
En la Comarca Andina de Chubut, donde todavía permanecen las cicatrices de los grandes incendios forestales, comenzó una nueva etapa para intentar recuperar parte de los bosques nativos destruidos por el fuego. Hasta el momento ya fueron plantados 32.000 árboles nativos en unas 40 hectáreas de la Reserva Forestal de Uso Múltiple Lago Epuyén, en un trabajo que reúne al Estado provincial, organizaciones ambientales y comunidades que habitan el territorio.
La campaña continuará durante septiembre y octubre y contempla llegar a 109.100 ejemplares distribuidos en 127 hectáreas. Las tareas abarcarán sectores de la Reserva de Uso Múltiple Lago Epuyén, la Reserva Provincial Cerro Currumahuida, el Parque y Reserva de Uso Múltiple Río Turbio y el Área Natural Protegida Río Tigre.
La iniciativa busca recuperar áreas afectadas principalmente por los grandes incendios de la temporada 2014-2015, aunque el programa provincial de restauración también trabaja sobre sectores alcanzados por otros incendios. Según la Secretaría de Bosques, aquellos grandes episodios de fuego de 2015 y 2021 afectaron en conjunto más de 60.000 hectáreas de bosque en la provincia.
Cipreses y coihues para que vuelva el bosque nativo
Las primeras plantaciones se realizaron en Puerto Patriada, dentro de la Reserva Forestal de Uso Múltiple Lago Epuyén. Allí, el trabajo se desarrolló junto a las comunidades Cárdenas-Caucaman y Pulgar-Huentuquidel, que participaron tanto en la identificación de los sectores como en las jornadas de plantación.
En territorio de la comunidad Cárdenas-Caucaman se plantaron 15.000 cipreses de la cordillera y 5.000 coihues en 28 hectáreas, mientras que en el territorio de Pulgar-Huentuquidel fueron incorporados otros 12.000 cipreses de la cordillera en 10 hectáreas.
La elección de las especies no es un detalle menor. El objetivo no es simplemente volver a cubrir de verde una superficie quemada, sino recuperar progresivamente las características del bosque andino-patagónico, utilizando especies propias de esos ambientes.
Por eso, la planificación también considera qué sectores todavía tienen capacidad de regenerarse naturalmente, dónde la afectación del fuego fue mayor y qué especies nativas y exóticas están presentes. En algunos lugares se plantará directamente, mientras que en otros será necesario preparar previamente el terreno.
También habrá que sacar árboles que no pertenecen al bosque
La restauración tiene otra cara menos visible: no todo consiste en plantar.
En determinados sectores afectados por los incendios comenzaron a aparecer renovales de pino radiata, una especie exótica que puede avanzar sobre ambientes donde originalmente predominaban especies nativas. Por eso, el programa contempla su control y eliminación antes o durante las tareas de restauración.
La estrategia cambia según las características de cada lugar. Los equipos técnicos analizan el grado de degradación, la presencia de especies invasoras y la capacidad de regeneración natural para determinar qué intervención necesita cada sector.
Esto permite evitar una idea simplificada de la restauración: un bosque no se recupera solamente poniendo miles de árboles en el suelo. También es necesario protegerlos, controlar las especies que pueden competir con ellos y acompañar durante años el proceso de crecimiento.
109.100 árboles, pero el verdadero desafío viene después
El proyecto contempla 73.000 cipreses de la cordillera, 35.000 coihues y 1.100 alerces, todos producidos en viveros forestales.
La plantación forma parte del componente de Restauración de Paisajes Forestales de ProCLIM-AR, una iniciativa de cooperación entre Argentina y Alemania implementada con participación de la GIZ, Fundación Vida Silvestre Argentina, Fundación AVINA y organismos nacionales y provinciales. ReforestArg participa en las tareas de plantación en territorio.
Pero la cantidad de árboles plantados no será, por sí sola, la medida del éxito. El programa prevé monitorear a largo plazo el crecimiento de las plantaciones, de manera que se pueda conocer cómo responden los ejemplares y ajustar las estrategias de restauración cuando sea necesario.
Porque entre un plantín de pocos centímetros y un bosque capaz de cumplir nuevamente sus funciones ecológicas existe una diferencia enorme de tiempo.
Las comunidades también forman parte de la restauración
Uno de los aspectos centrales del proceso es que las áreas donde viven comunidades y pobladores no fueron planificadas únicamente desde un escritorio.
En el caso de la Reserva de Uso Múltiple Lago Epuyén se generaron instancias de participación y consulta con las comunidades para definir las estrategias de restauración. La selección de los sectores combinó el conocimiento de quienes viven y desarrollan sus actividades en esos territorios con el análisis técnico de las zonas afectadas por el fuego.
Según la información difundida sobre el proceso, la planificación incluyó una Consulta Libre, Previa e Informada con las comunidades Cárdenas-Caucaman y Pulgar-Huentuquidel, con el objetivo de incorporar sus conocimientos sobre el territorio y fortalecer su participación en la recuperación y conservación del bosque.
Una recuperación que no termina cuando se planta el último árbol
La Secretaría de Bosques de Chubut sostiene desde hace años un programa destinado a recuperar áreas afectadas por grandes incendios. La estrategia incluye plantaciones, clausuras para reducir el impacto del ganado, prevención de incendios, producción de plantas nativas y acciones destinadas a recuperar servicios ambientales como la regulación hídrica, la protección del suelo, la conservación de la biodiversidad y la fijación de gases de efecto invernadero.
La provincia también cuenta desde 2025 con el vivero Lemu, ubicado en El Maitén, cuyo objetivo es producir hasta 70.000 plantas nativas para abastecer los programas de restauración.
En la Cordillera de Chubut, entonces, la restauración recién empieza. Los 32.000 árboles ya plantados son una primera señal de recuperación después del fuego, pero el verdadero desafío será lograr que esos pequeños cipreses y coihues sobrevivan, crezcan y vuelvan a formar parte de un ecosistema que tardó décadas en construirse y que puede necesitar muchas más para recuperarse.
El bosque no vuelve de un día para otro. Se planta un árbol en minutos, pero reconstruir un bosque puede llevar generaciones.


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