Después de militar el RIGI, proveedores mineros descubren que se estan quedando afuera del reparto

Cámaras empresariales que apoyaron el desarrollo minero advierten que grandes proyectos ya comienzan a contratar empresas extranjeras y a importar estructuras completas. El caso Vicuña encendió las alarmas en San Juan y reabrió el debate sobre las consecuencias del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones impulsado por Javier Milei.
11/06/2026La Política AmbientalLa Política Ambiental

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La promesa era clara: atraer inversiones récord, generar empleo, impulsar las economías regionales y transformar a las provincias cordilleranas en motores del desarrollo argentino. Sin embargo, a menos de un año de la aprobación del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), comenzaron a aparecer las primeras señales de alarma dentro del propio sector minero.

La reciente adjudicación de una importante obra del proyecto Vicuña, uno de los emprendimientos de cobre más grandes del mundo ubicado en San Juan, encendió una fuerte polémica. La ampliación del campamento fue otorgada a un consorcio integrado principalmente por una empresa china asociada a una firma argentina, dejando afuera a proveedores locales que esperaban participar de una inversión presentada como una oportunidad histórica para la región.

La reacción fue inmediata. La Federación Argentina de Proveedores Mineros (FAPROMIN), que reúne a cámaras empresariales de San Juan, Catamarca, Salta, Jujuy y Santa Cruz, cuestionó duramente la decisión y advirtió que podría tratarse apenas del comienzo de una tendencia mucho más amplia.

Una advertencia que ya se había hecho durante el debate del RIGI

Cuando el Congreso discutía el RIGI, numerosos sectores advirtieron que uno de los cambios más sensibles era la eliminación de las cláusulas que obligaban a las grandes inversiones a priorizar proveedores nacionales y mano de obra local.

Los defensores del régimen sostenían que esas exigencias encarecían los proyectos y alejaban inversiones. Los críticos advertían exactamente lo contrario: que sin esas herramientas las empresas podrían importar equipos, estructuras, servicios e incluso trabajadores desde otros países, reduciendo al mínimo el impacto positivo sobre las economías provinciales.

Hoy, con el caso Vicuña, esas advertencias vuelven a cobrar fuerza.

Desde FAPROMIN sostienen que las empresas argentinas cuentan con experiencia, capacidad técnica, equipamiento y personal calificado para ejecutar obras de gran escala, por lo que consideran injustificable que proyectos desarrollados en territorio argentino comiencen a depender de proveedores extranjeros.

China y Chile aparecen como los grandes beneficiados

El caso de Vicuña generó especial preocupación porque parte de las instalaciones fueron fabricadas en el exterior y llegaron prácticamente listas para ser montadas, reduciendo drásticamente la participación de empresas nacionales.

Pero el fenómeno no se limita a China.

En varias provincias existe creciente preocupación por el papel que podría asumir Chile, una potencia minera mundial que cuenta con décadas de experiencia y una cadena de proveedores altamente desarrollada.

El ejemplo más citado es Mendoza.

A diferencia de San Juan o Catamarca, Mendoza posee una estructura de proveedores mineros mucho más limitada debido a las restricciones históricas que tuvo la actividad extractiva en la provincia.

Por ese motivo, numerosos especialistas advierten que las futuras inversiones podrían abastecerse principalmente con empresas, servicios y trabajadores provenientes de Chile, que dispone de toda la infraestructura y experiencia necesaria para responder rápidamente a la demanda de los grandes proyectos mineros.

Si eso ocurre, gran parte del empleo especializado, los contratos de servicios y los beneficios económicos asociados a la minería quedarían fuera del territorio argentino.

Los mismos actores que impulsaban cambios en la Ley de Glaciares

La polémica también reavivó otro debate que atravesó el sector durante los últimos años.

Muchas de las cámaras empresariales, sectores políticos y actores vinculados a la actividad minera que impulsaron el RIGI fueron también algunos de los principales defensores de modificar o flexibilizar aspectos de la Ley Nacional de Glaciares, una norma considerada fundamental para la protección de reservas estratégicas de agua dulce en la Cordillera.

Los cuestionamientos surgieron porque, mientras se reclamaba reducir las restricciones ambientales para facilitar nuevas explotaciones mineras en zonas sensibles, también se impulsaba un esquema económico que eliminó herramientas destinadas a garantizar que las riquezas generadas permanecieran en las provincias.

Para diversos sectores sociales y ambientales, el resultado es una combinación preocupante: los glaciares quedan más expuestos a la presión de proyectos extractivos, mientras que las economías regionales pierden capacidad para capturar los beneficios de esas inversiones.

La paradoja de las provincias mineras

El escenario genera una contradicción que cada vez más actores comienzan a señalar.

Las provincias ponen los recursos naturales, soportan los impactos ambientales, demandan infraestructura pública, utilizan agua y territorio para los proyectos, pero una parte creciente de las ganancias asociadas a las inversiones podría terminar en empresas radicadas fuera del país.

La preocupación ya no se limita a los sectores ambientalistas. Ahora son los propios proveedores mineros quienes advierten que el modelo puede terminar debilitando a las empresas locales que durante años invirtieron en capacitación, maquinaria y tecnología para abastecer a la industria.

Menos empleo local y economías regionales más débiles

Desde FAPROMIN sostienen que el éxito de una política minera no puede medirse únicamente por la cantidad de dólares anunciados en los proyectos.

La verdadera discusión, afirman, pasa por determinar cuánto de ese dinero queda circulando dentro de las comunidades donde se desarrollan las explotaciones.

Si los campamentos llegan desde China, los servicios especializados desde Chile, los insumos desde el exterior y la mano de obra local pierde participación, el efecto multiplicador sobre las economías provinciales se reduce considerablemente.

En ese contexto, crece el temor de que las promesas de empleo y desarrollo que acompañaron la aprobación del RIGI terminen transformándose en una realidad muy distinta: menos oportunidades para las empresas argentinas, menor generación de trabajo local y una creciente dependencia de proveedores extranjeros.

Para muchos sectores, lo ocurrido con Vicuña no es un hecho aislado sino la primera evidencia concreta de algo que se venía advirtiendo desde el debate legislativo: que sin mecanismos de protección para la industria nacional y el empleo local, las inversiones pueden llegar, pero sus beneficios no necesariamente quedarse en Argentina.

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