Crearon un “semáforo ambiental” para conocer el estado de los ríos, lagos y humedales de la Argentina


La herramienta PreserVamos permite que cualquier persona registre, mediante una aplicación móvil, las condiciones visibles de un ambiente acuático. Más de 1.200 observaciones validadas integran un mapa colaborativo que muestra cuáles son los ecosistemas mejor conservados y dónde aparecen las mayores señales de degradación.
23/07/2026La Política AmbientalLa Política Ambiental

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Un equipo de científicos argentinos desarrolló un “semáforo ambiental” capaz de mostrar, de manera sencilla y accesible, el estado ecológico de ríos, arroyos, lagos, lagunas, estuarios y humedales de distintas regiones del país.

La iniciativa se denomina PreserVamos (https://preservamos.ar/) y combina investigación científica, tecnología y participación ciudadana. A través de una aplicación para teléfonos celulares, cualquier persona puede acercarse a un cuerpo de agua, observar sus características, responder un formulario y subir fotografías geolocalizadas. La información es incorporada a una base de datos y luego representada en un mapa colaborativo de acceso público. 

El trabajo fue encabezado por Joaquín Cochero, investigador del Instituto de Limnología “Dr. Raúl A. Ringuelet”, dependiente de la Universidad Nacional de La Plata y del Conicet, junto con más de veinte especialistas de diferentes instituciones del país. Los resultados fueron publicados durante 2026 en la revista científica Ecology.

Cómo funciona el semáforo ambiental

La aplicación utiliza el GPS del teléfono para establecer la ubicación exacta de cada observación. Luego solicita que el usuario identifique el tipo de ecosistema y responda una serie de preguntas adaptadas a ríos o arroyos de llanura, cursos serranos y lagunas.

Entre los aspectos relevados se encuentran la transparencia y el olor del agua, la presencia de aceites, espumas o residuos, el estado de la vegetación ribereña, la existencia de ganado, industrias, basurales o desmontes cercanos y los usos recreativos del lugar, como la pesca, la navegación o los deportes acuáticos.

Cada respuesta recibe un valor que va de cero, correspondiente a la peor condición ambiental, a diez, asignado a situaciones cercanas a un ambiente bien conservado. Los valores intermedios reciben puntajes parciales y, mediante su combinación, se construye un índice ecológico general para el sitio relevado.

El modelo científico incorpora hasta 25 variables complementarias y también calcula un nivel de precisión destinado a estimar la confiabilidad de las respuestas. Los datos se recopilan mediante formularios estandarizados y quedan asociados a una localización geográfica concreta.

A partir de esos resultados, la plataforma presenta una visualización similar a un semáforo: los sitios con mejores condiciones aparecen identificados con tonalidades verdes, mientras que los registros asociados con ambientes más alterados se aproximan al rojo.

Más de 1.200 observaciones validadas

La base científica publicada reúne más de 1.200 observaciones correspondientes a distintos cuerpos de agua y regiones biogeográficas de la Argentina. También incorpora alrededor de un centenar de registros realizados en otros países. Los datos permiten analizar características del hábitat, actividades humanas, usos del suelo, presencia de especies exóticas y observaciones de fauna.

Los cursos de agua de llanura fueron los ambientes más representados, con 558 registros. Obtuvieron una puntuación ecológica promedio de 68,57 sobre 100, aunque con una variación amplia entre los distintos sitios analizados.

Los ríos y arroyos de las sierras presentaron algunos de los mejores resultados. Sobre 312 observaciones, alcanzaron un promedio de 78,38 puntos. Los lagos ubicados en los bosques patagónicos también mostraron condiciones elevadas, con una media de 78,34 puntos, aunque en este caso el relevamiento comprendió solamente 29 registros.

Los arroyos de montaña alcanzaron un promedio de 70,36 puntos, mientras que los ríos de los bosques patagónicos obtuvieron 69,20. En cambio, las lagunas y los lagos de llanura registraron una condición promedio más baja, con 62,90 puntos.

Los estuarios presentaron el valor medio más reducido del estudio: 61,89 puntos sobre 100, a partir de 34 observaciones. Este resultado resulta compatible con la fuerte presión urbana, industrial, portuaria y productiva que suelen recibir esos ambientes costeros.

Las diferencias entre regiones deben interpretarse con cautela

Los investigadores advierten que la información disponible no se encuentra distribuida de manera uniforme en todo el territorio. Algunas categorías poseen centenares de observaciones, mientras que otras cuentan con muy pocos registros.

Los ríos de la estepa patagónica, por ejemplo, estuvieron representados por solamente dos observaciones. Aunque obtuvieron un promedio relativamente alto, esa cantidad resulta insuficiente para formular una conclusión general sobre el estado ecológico de todos los cursos de agua de esa región.

El mapa tampoco constituye un censo exhaustivo de los cuerpos de agua argentinos. Las zonas con mayor participación ciudadana y presencia de instituciones educativas, municipios u organizaciones ambientales aparecen más relevadas que aquellas donde todavía no se desarrollaron campañas de monitoreo.

Por esa razón, los resultados deben ser interpretados como una base dinámica que podrá mejorar a medida que se incorporen nuevas observaciones, se repitan los relevamientos y se amplíe la cobertura territorial.

No reemplaza los análisis de laboratorio

Aunque se lo presenta como un semáforo capaz de advertir sobre el estado de los ambientes acuáticos, PreserVamos no reemplaza los estudios físicos, químicos, bacteriológicos o ecotoxicológicos necesarios para determinar si el agua contiene metales pesados, agroquímicos, hidrocarburos, microorganismos patógenos u otros contaminantes.

La aplicación construye un índice ecológico semicuantitativo basado principalmente en características observables del hábitat. Puede detectar señales de alerta, como mal olor, residuos, espumas, pérdida de vegetación, canalización o actividades potencialmente contaminantes, pero sus resultados no bastan por sí solos para acreditar una contaminación específica ni para determinar responsabilidades administrativas o judiciales.

Su utilidad reside en identificar áreas críticas, ampliar la cobertura territorial y señalar sitios donde podrían resultar necesarios estudios técnicos más profundos. También permite comparar cambios en un mismo lugar cuando las observaciones se repiten a lo largo del tiempo.

Una respuesta frente a la falta de monitoreo

Los ecosistemas de agua dulce se encuentran entre los ambientes más amenazados del planeta. Sin embargo, en amplias regiones de Sudamérica todavía existen importantes vacíos de información sobre su estado de conservación.

Los métodos tradicionales de monitoreo poseen mayor precisión científica, pero requieren especialistas, equipamiento, laboratorios, recursos económicos y campañas de campo que resultan difíciles de sostener en territorios extensos. Frente a esas limitaciones, la ciencia ciudadana permite sumar miles de observadores y generar información sobre lugares que de otro modo podrían permanecer fuera de los controles habituales.

PreserVamos surgió mediante una colaboración entre el Laboratorio de Aceleración del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, el proyecto AppEAR y distintos municipios bonaerenses. Posteriormente se extendió hacia otras provincias, instituciones educativas y organismos científicos.

De la participación ciudadana a las políticas públicas

El objetivo del proyecto no se limita a recopilar información. La plataforma busca construir un vínculo entre la comunidad científica, los ciudadanos y los organismos estatales responsables de adoptar decisiones sobre los recursos hídricos.

Una observación aislada puede advertir sobre basura, pérdida de vegetación o cambios en el aspecto de un arroyo. Miles de registros comparables, en cambio, pueden mostrar tendencias, identificar áreas sometidas a presiones persistentes y orientar campañas oficiales de inspección, restauración y conservación.

La información se encuentra disponible mediante un mapa que se actualiza con las nuevas observaciones. También puede ser utilizada por municipios, investigadores, escuelas y autoridades ambientales para reconocer problemas locales y establecer prioridades de gestión.

La herramienta representa, además, una experiencia de educación ambiental. Quien completa el formulario no solamente aporta datos, sino que aprende a observar elementos que muchas veces pasan inadvertidos: el estado de las riberas, la presencia de especies invasoras, la modificación del cauce y los efectos de las actividades productivas sobre el ambiente.

El semáforo ambiental no resuelve por sí mismo la contaminación de los ríos argentinos. Su principal aporte consiste en hacer visible lo que ocurre en cada territorio y convertir las observaciones de la comunidad en información sistematizada. El desafío será que esas alertas no queden limitadas a un mapa y sean utilizadas para impulsar controles, investigaciones y políticas públicas capaces de proteger los ecosistemas acuáticos.

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