
Tucumán: el río Salí atraviesa el Gran Tucumán con una contaminación fecal extrema y vuelve a poner en el centro el problema de los olores
La Política Ambiental
El río Salí atraviesa el Gran Tucumán cargado de una contaminación que deja de ser solamente un problema ambiental para convertirse también en una cuestión sanitaria. Un estudio realizado sobre distintos puntos del cauce detectó una elevada contaminación microbiológica y encontró, en el sector del puente Ingeniero Barros, concentraciones de coliformes fecales hasta 2.400 veces superiores al parámetro máximo utilizado como referencia por los investigadores.
Las muestras fueron tomadas el 13 de mayo en cuatro sectores del río: el dique La Aguadita, el puente Ingeniero Barros, el puente Lucas Córdoba y una zona ubicada al sur del área metropolitana. El análisis estuvo a cargo de la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres (Eeaoc), que recibió las muestras bajo un protocolo destinado a evitar que los técnicos conocieran previamente el lugar de procedencia.
El resultado mostró un patrón preocupante: la contaminación aumenta cuando el Salí atraviesa la zona urbana y disminuye cuando abandona el conglomerado metropolitano. Entre las fuentes históricamente señaladas aparecen los líquidos cloacales, los residuos sólidos urbanos, los efluentes industriales y otros aportes que terminan llegando a la cuenca.
El río que recibe a la ciudad
El Salí no es un curso de agua aislado de la vida cotidiana del Gran Tucumán. Atraviesa una de las áreas urbanas más importantes del noroeste argentino y recibe el impacto de una enorme concentración de población, actividades industriales, barrios y sectores que todavía presentan problemas de infraestructura sanitaria.
El estudio fue realizado sobre un tramo comprendido entre Las Talitas y San Miguel de Tucumán, por un lado, y Alderetes y Banda del Río Salí, por el otro. Allí se concentra una población cercana al millón de personas, mientras que en distintos sectores ribereños existen barrios y asentamientos expuestos tanto a la contaminación como a los riesgos de las crecidas.
La situación adquiere todavía mayor relevancia porque la exposición a aguas contaminadas puede favorecer enfermedades gastrointestinales e infecciones. Por eso, el problema del Salí no termina en la calidad del agua: también alcanza a quienes viven cerca del río y a las personas que pueden entrar en contacto con sus aguas.
Y cuando llega el viento, aparece otro problema
La contaminación del Salí forma parte de un escenario ambiental más amplio. En San Miguel de Tucumán existe desde hace años otro fenómeno que los habitantes reconocen rápidamente: el olor nauseabundo que invade distintos barrios y que puede intensificarse cuando cambian las condiciones meteorológicas.
No existe una única fuente para explicar todos los episodios. De acuerdo con explicaciones brindadas por autoridades ambientales tucumanas, entre los factores se encuentran los residuos de la industria azucarera, las plantas de compostaje que utilizan subproductos de la caña, las cloacas y los basurales.
Uno de los principales elementos vinculados con el olor es la vinaza, un subproducto de la producción de azúcar y alcohol. También aparecen la cachaza y las cenizas, materiales orgánicos que pueden ser utilizados en los campos como enmiendas o fertilizantes. Durante su descomposición y fermentación liberan gases que normalmente se dispersan, pero que pueden permanecer cerca de la superficie cuando determinadas condiciones atmosféricas dificultan su dispersión.
En octubre de 2025, por ejemplo, vecinos de distintos sectores del norte de San Miguel de Tucumán, zonas cercanas al aeropuerto y hasta Tafí Viejo volvieron a denunciar un fuerte olor dulzón y persistente. Desde el municipio señalaron entonces que el episodio estaba relacionado principalmente con agroindustrias ubicadas fuera de la capital, particularmente ingenios y plantas de compostaje que trabajan con vinaza, y explicaron que el viento, la presión y la temperatura influyen en la intensidad con la que se perciben esos olores.
Cuando la atmósfera funciona como una tapa
Uno de los fenómenos que ayuda a explicar por qué el olor puede volverse particularmente intenso es la inversión térmica.
En determinadas situaciones, una capa de aire más cálido queda por encima de otra más fría cercana al suelo. En lugar de permitir que determinados gases asciendan y se dispersen, la configuración atmosférica limita su circulación vertical y favorece que permanezcan concentrados en las capas bajas.
En Tucumán, especialistas y autoridades han relacionado históricamente estas condiciones con los episodios de olor que afectan al Gran San Miguel. Así, una corriente de aire puede transportar los olores provenientes de zonas industriales y rurales, mientras determinadas condiciones meteorológicas dificultan su dispersión.
Por eso los episodios pueden sentirse con especial intensidad antes o durante cambios de tiempo, jornadas nubladas, períodos de baja presión o determinadas situaciones de viento. El olor no aparece necesariamente porque en ese momento se haya producido una descarga puntual: muchas veces las condiciones atmosféricas hacen visible —o, en este caso, perceptible— un problema que ya existe en el territorio.
Los basurales también forman parte del problema
A esto se suma otro problema histórico del área metropolitana: los basurales y volcaderos clandestinos.
El propio Municipio de San Miguel de Tucumán mantiene actualmente un mapa de basurales activos e inactivos y reconoce la necesidad de identificar y seguir estos puntos.
Un relevamiento realizado por el Observatorio de Fenómenos Urbanos y Territoriales de la UNT había identificado en 2023 alrededor de 480 basurales clandestinos a cielo abierto en el Gran San Miguel de Tucumán, muchos de ellos ubicados en las cercanías de la Autopista de Circunvalación y las márgenes del río Salí.
Estos sitios pueden aportar olores propios de la descomposición de residuos y también representan un problema para el agua y el suelo. Cuando se combinan con residuos orgánicos, líquidos cloacales y otros focos de contaminación, el resultado es un territorio donde distintas fuentes de deterioro ambiental terminan superponiéndose.
El Salí vuelve a mostrar lo que queda debajo de la ciudad
El nuevo análisis del río agrega un dato difícil de ignorar. Las muestras fueron tomadas antes del comienzo de la zafra, luego de un período de lluvias abundantes, condiciones que los investigadores consideraron relativamente favorables para el río. El propio estudio advierte que durante períodos de menor caudal y con la actividad industrial funcionando plenamente los niveles de contaminación podrían ser mayores.
Mientras tanto, el olor que periódicamente obliga a cerrar ventanas y que se vuelve insoportable para muchos vecinos continúa funcionando como una especie de recordatorio ambiental del Gran Tucumán.
Por un lado están los ingenios y los residuos derivados de la actividad azucarera; por otro, las plantas de compostaje, las cloacas, los basurales y una infraestructura urbana que todavía no logró resolver completamente el saneamiento de la cuenca.
Y en el medio está el río Salí, que recibe parte de ese impacto.
El problema, entonces, no es solamente que Tucumán huela mal cuando cambia el tiempo. El olor es apenas una de las manifestaciones de una problemática ambiental mucho más profunda: un río que atraviesa la principal concentración urbana de la provincia y que, según el nuevo estudio, presenta niveles extraordinariamente elevados de contaminación fecal.
La cuestión vuelve a ser la misma que aparece una y otra vez en la cuenca: cuánto tiempo más puede una sociedad acostumbrarse a convivir con un río contaminado, basurales y olores que aparecen cada vez que el clima deja de favorecer la dispersión de aquello que se genera alrededor de la ciudad.


Santa Fe: detectaron microplásticos y metales en muestras de granizo y ahora buscan determinar de dónde provienen

Paraguay: una tormenta con granizo gigante, vientos de hasta 100 km/h y lluvias dejó destrozos y cortes de luz

España: lluvias torrenciales dejan tres muertos, inundaciones y rescates mientras el temporal sigue golpeando

Buenos Aires: Denuncian avance de empresas sobre la costa y criminalización de defensores ambientales en Chapadmalal

Salta: represión, amenazas de demolición y entrega de tierras, el avance del Estado contra la Comunidad Lule



