
Arsénico en el agua: la adaptación genética que revela un problema ambiental persistente en los Andes
16/04/2026
La Política Ambiental
Durante miles de años, comunidades que habitan en la Puna andina convivieron con niveles de arsénico en el agua muy por encima de los valores considerados seguros. Lo que durante décadas llamó la atención de la comunidad científica fue que, a pesar de esa exposición prolongada, no se observaban en estas poblaciones los mismos efectos sanitarios que en otras regiones del mundo.
Investigaciones recientes ofrecen una explicación: una adaptación genética que permite procesar el arsénico de manera más eficiente. Sin embargo, lejos de cerrar el problema, el hallazgo vuelve a poner en foco una situación estructural de exposición ambiental.
El arsénico es un contaminante altamente tóxico, asociado a cáncer, lesiones cutáneas, problemas cardiovasculares y efectos en el desarrollo. La Organización Mundial de la Salud fija un límite máximo de 10 microgramos por litro en agua potable. En la localidad de San Antonio de los Cobres, ese valor llegó a multiplicarse por veinte durante años.
Hasta la instalación de un sistema de filtrado en 2012, el agua en esa zona registraba concentraciones cercanas a los 200 microgramos por litro. Se trata de una exposición sostenida en un territorio habitado desde hace al menos 7.000 años, lo que llevó a los investigadores a explorar si existía algún tipo de adaptación biológica.
Los primeros indicios aparecieron en la década del noventa, cuando estudios detectaron que mujeres de comunidades andinas metabolizaban el arsénico de manera distinta. El organismo humano transforma este elemento en distintos compuestos: algunos, como el arsénico monometilado (MMA), son especialmente tóxicos, mientras que otros, como el dimetilado (DMA), son más fáciles de eliminar.
En estas poblaciones, el patrón era consistente: menor proporción de la forma más tóxica y mayor presencia de compuestos que el cuerpo puede excretar con mayor facilidad.
La explicación se encontró en el ADN. Un análisis genético realizado sobre habitantes de la zona identificó variantes cercanas al gen AS3MT, una enzima clave en el metabolismo del arsénico. Estas variantes aparecen con mucha más frecuencia que en otras poblaciones de la región y están asociadas a una mayor eficiencia en la eliminación del contaminante.
Los investigadores interpretan este fenómeno como un caso de selección natural: en un ambiente con altos niveles de arsénico, las personas con mayor tolerancia biológica tuvieron más probabilidades de sobrevivir y transmitir esa característica.
El hallazgo es relevante desde el punto de vista científico, pero no implica que el problema esté resuelto. La existencia de adaptaciones genéticas no elimina los riesgos sanitarios ni reemplaza la necesidad de garantizar acceso a agua segura.
Por el contrario, expone una tensión de fondo: poblaciones que desarrollaron mecanismos biológicos frente a condiciones extremas que, en términos de política pública, deberían haber sido corregidas hace décadas.


Neuquén: las inundaciones golpean a Añelo, dejan rutas cortadas y exponen los problemas de infraestructura en Vaca Muerta

Turquía: inundaciones históricas en Estambul dejan muertos, desaparecidos y miles de evacuados

Chubut: detectaron una bacteria en 29 ballenatos muertos y sospechan que la marea roja está matando a los ejemplares adultos

Brasil: se triplicaron los incendios en la Amazonía tras las elecciones y el humo asfixia a Manaos

Corrientes: se duplicaron los evacuados y ya hay 222 personas fuera de sus hogares por las inundaciones



