Amazonia: la deforestación cayó al nivel más bajo desde 2019, pero los expertos advierten que la amenaza está lejos de terminar

Brasil registró en 2025 la menor pérdida de vegetación nativa desde que comenzó el monitoreo de MapBiomas. Aunque la caída representa una señal alentadora para la mayor selva tropical del planeta, científicos alertan que la degradación forestal, los incendios y el cambio climático siguen poniendo en riesgo el futuro de la Amazonia
02/06/2026La Política AmbientalLa Política Ambiental

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Después de años marcados por récords de destrucción, incendios y expansión de la frontera agropecuaria, la Amazonia brasileña registró una noticia alentadora: la deforestación cayó a su nivel más bajo desde 2019. Según datos del sistema de monitoreo MapBiomas, Brasil perdió durante 2025 unas 985.000 hectáreas de vegetación nativa, un 20,6% menos que en 2024 y la cifra más baja desde que comenzó la serie de seguimiento actual.

La reducción fue especialmente significativa dentro del bioma amazónico, donde la pérdida de cobertura forestal disminuyó un 23,5% respecto del año anterior. El dato refuerza la tendencia descendente observada desde el regreso de políticas de control ambiental más estrictas impulsadas por el gobierno de Brasil.

Sin embargo, detrás de la mejora estadística aparece una advertencia que preocupa a científicos y organizaciones ambientales: la deforestación bajó, pero la presión sobre la selva continúa.

Una buena noticia en medio de una crisis de larga duración

La Amazonia cumple una función clave para la estabilidad climática global. Sus bosques almacenan enormes cantidades de carbono, regulan los ciclos hidrológicos de Sudamérica y albergan una de las mayores concentraciones de biodiversidad del planeta.

Durante la última década, la región atravesó un fuerte aumento de la deforestación impulsado por el avance de la ganadería, la agricultura extensiva, la minería y la ocupación ilegal de tierras. Los años de gobierno de Jair Bolsonaro estuvieron acompañados por un debilitamiento de los controles ambientales y un aumento de la destrucción forestal.

La caída registrada en 2025 muestra que las políticas de fiscalización, el monitoreo satelital y las acciones contra actividades ilegales pueden tener efectos concretos sobre el terreno. Sin embargo, los especialistas insisten en que los números todavía siguen siendo elevados para un ecosistema que se acerca a límites ecológicos cada vez más peligrosos.

El problema que no aparece en las estadísticas de deforestación

Uno de los aspectos que más preocupa a la comunidad científica es que la pérdida de bosque ya no ocurre únicamente a través de desmontes visibles.

La degradación forestal causada por incendios, sequías extremas, tala selectiva y fragmentación del hábitat se convirtió en una amenaza incluso mayor que la propia deforestación en algunas regiones amazónicas. Estudios recientes indican que la degradación ya representa una proporción muy significativa de la pérdida de carbono de la selva.

Los investigadores advierten que una zona puede seguir apareciendo como bosque en los mapas satelitales y, aun así, haber perdido gran parte de su capacidad para almacenar carbono, sostener biodiversidad o regular lluvias.

Por esa razón, varios especialistas sostienen que medir únicamente la superficie desmontada ya no alcanza para evaluar la salud real de la Amazonia.

El riesgo del punto de no retorno

La preocupación de fondo va más allá de los números anuales.

Diversas investigaciones científicas alertan que la Amazonia podría acercarse a un punto de inflexión ecológica. Si la combinación de deforestación y calentamiento global supera determinados umbrales, amplias zonas de la selva podrían transformarse gradualmente en ecosistemas degradados similares a sabanas secas.

Un estudio publicado este año concluyó que, bajo las condiciones actuales de calentamiento global y pérdida forestal, más de un tercio de la Amazonia ya se encuentra en una situación de alto riesgo ecológico.

La situación se vuelve todavía más compleja porque los incendios forestales y las sequías severas están aumentando la vulnerabilidad de áreas que antes conservaban una gran capacidad de recuperación natural.

Las amenazas que siguen presentes

A pesar de la reducción de la deforestación, las organizaciones ambientales identifican varios factores que podrían revertir los avances recientes.

Entre ellos aparecen:

  • La expansión agropecuaria sobre nuevas áreas forestales.
  • La presión de sectores económicos para flexibilizar controles ambientales.
  • Los incendios asociados a sequías extremas.
  • La minería ilegal.
  • Las ocupaciones irregulares de tierras públicas.
  • Los proyectos legislativos que buscan limitar herramientas de fiscalización ambiental.

La experiencia reciente demuestra que los avances pueden revertirse rápidamente cuando disminuye la capacidad estatal de control o cuando aumentan los incentivos económicos para desmontar.

Un alivio para la selva, pero no una victoria definitiva

La caída de la deforestación representa una de las mejores noticias ambientales registradas en Brasil durante los últimos años. Sin embargo, los propios investigadores que celebran la tendencia advierten que todavía resulta prematuro hablar de una recuperación consolidada.

La Amazonia sigue enfrentando presiones económicas, climáticas y políticas que amenazan su estabilidad a largo plazo.

El descenso de la deforestación demuestra que la destrucción puede frenarse cuando existen controles efectivos y voluntad política. La gran incógnita ahora es si esos esfuerzos serán suficientes para proteger uno de los ecosistemas más importantes del planeta en un escenario marcado por el calentamiento global y la creciente demanda de recursos naturales.

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