
Colombia: ordenan la captura de un empresario italiano y de integrantes de la familia Aljure por la destrucción de más de 52 mil hectáreas de bosques
La Política Ambiental
Una investigación judicial de enorme impacto ambiental y político sacude a Colombia. La Justicia ordenó la captura del empresario italiano Carlo Vigna Taglianti y de varios integrantes de la familia Aljure, acusados de participar en una presunta estructura que habría provocado la destrucción de más de 52.000 hectáreas de bosques y ecosistemas naturales en el departamento del Meta, una de las regiones más importantes del país en términos de biodiversidad.
La causa se concentra en el municipio de Mapiripán, una extensa zona rural ubicada en el sur de Colombia, donde durante años se desarrollaron actividades agroindustriales y ganaderas sobre terrenos que originalmente estaban cubiertos por bosques, sabanas y vegetación nativa.
Según la investigación, el proceso de transformación territorial se habría extendido entre 2008 y 2026, provocando una de las mayores afectaciones ambientales registradas en la región.
Quién es Carlo Vigna Taglianti
Entre los principales acusados aparece Carlo Vigna Taglianti, un empresario italiano que desembarcó en Colombia en 2008 para dirigir las operaciones de Poligrow, una multinacional dedicada a la producción y procesamiento de palma aceitera.
Durante años fue una figura reconocida dentro del sector agroindustrial colombiano y ocupó cargos de relevancia en organismos vinculados a la industria palmicultora. Sin embargo, ahora enfrenta una de las investigaciones ambientales más importantes del país.
Quiénes son los Aljure y por qué son una familia conocida en Colombia
Para los argentinos, el apellido Aljure puede resultar desconocido. Sin embargo, en Colombia se trata de una familia históricamente ligada al desarrollo político, económico y territorial de los Llanos Orientales.
Los investigados son descendientes de Dumar Aljure Moncaleano, un reconocido comandante de las guerrillas liberales que actuaron durante la época de "La Violencia", el conflicto político que sacudió a Colombia entre las décadas de 1940 y 1950.
Tras los acuerdos de pacificación impulsados por el gobierno del general Gustavo Rojas Pinilla, Dumar Aljure abandonó la lucha armada y pasó a convertirse en uno de los principales referentes políticos y territoriales de la región de los Llanos.
Con el paso de los años, la familia consolidó una importante influencia económica en amplias zonas rurales del Meta y otras regiones vecinas. Su nombre quedó asociado a grandes extensiones de tierra y a actividades productivas vinculadas al desarrollo agropecuario.
Precisamente esa influencia territorial es uno de los elementos centrales que aparecen en la investigación judicial actual.
El predio de 120.000 hectáreas que quedó bajo la lupa
La causa gira alrededor de una gigantesca propiedad rural conocida como Santa Ana, una extensión cercana a las 120.000 hectáreas ubicada en Mapiripán.
Los investigadores sostienen que ese enorme territorio fue fragmentado en decenas de parcelas a través de distintas operaciones registrales y societarias que permitieron reorganizar la propiedad de la tierra.
Posteriormente, esas superficies fueron destinadas a actividades productivas que avanzaron sobre áreas naturales, provocando desmontes de gran escala y modificaciones profundas en el ecosistema.
Más de 52.000 hectáreas destruidas
Los informes técnicos incorporados al expediente concluyeron que durante casi dos décadas desaparecieron más de 52.000 hectáreas de bosques y ambientes naturales.
Para dimensionar la magnitud del daño, se trata de una superficie superior a varias ciudades argentinas juntas.
Además de la pérdida de vegetación nativa, los investigadores documentaron la apertura de caminos internos, movimientos de suelo y otras intervenciones que alteraron el paisaje original de la región.
La situación resulta especialmente sensible porque las áreas afectadas se encuentran próximas a algunos de los ecosistemas más importantes de Colombia, incluyendo territorios vinculados a los parques nacionales Tinigua, Sierra de La Macarena, Chiribiquete, Nukak y Picachos, considerados reservas estratégicas para la biodiversidad sudamericana.
Los delitos investigados
La Justicia colombiana investiga posibles delitos relacionados con daños ambientales, aprovechamiento ilegal de recursos naturales, fraude procesal y asociación para delinquir.
Los investigadores sostienen que las actividades desarrolladas durante años no sólo transformaron el territorio sino que generaron un impacto ambiental de gran escala sobre una región considerada clave para la conservación de bosques y recursos hídricos.
Un caso que trasciende a Colombia
La causa ya es considerada uno de los mayores expedientes ambientales abiertos actualmente en América Latina.
Más allá de las responsabilidades individuales que deberá determinar la Justicia, el caso vuelve a poner sobre la mesa una discusión que atraviesa a toda la región: el avance de grandes emprendimientos productivos sobre ecosistemas estratégicos y las consecuencias que estas actividades pueden generar sobre el ambiente.
Mientras avanzan las órdenes de captura y continúan las investigaciones, el expediente de Mapiripán se transformó en un símbolo de la creciente tensión entre los intereses económicos ligados a la expansión agroindustrial y la necesidad de proteger algunos de los territorios naturales más valiosos de Sudamérica.


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