¿Llega un “súper Niño”? Qué se sabe realmente sobre el fenómeno climático que preocupa a científicos y gobiernos

Organismos internacionales confirmaron el regreso de El Niño y estiman una probabilidad superior al 90% de que continúe durante los próximos meses. Aunque especialistas advierten que todavía es prematuro hablar de un “súper Niño”, reconocen que podría tratarse de un evento intenso capaz de provocar inundaciones, olas de calor y alteraciones climáticas en distintas regiones del planeta.
20/06/2026La Política AmbientalLa Política Ambiental

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En las últimas semanas, las redes sociales y algunos medios de comunicación comenzaron a llenarse de advertencias sobre la llegada de un supuesto “súper Niño”. Frases como “será el más fuerte de la historia”, “provocará eventos climáticos mortales” o “generará lluvias y sequías extremas en todo el mundo” se multiplicaron a medida que organismos internacionales confirmaban el desarrollo del fenómeno en el océano Pacífico.

Pero detrás de los titulares alarmistas existe una realidad más compleja.

Los especialistas coinciden en que El Niño ya comenzó y que tiene altas probabilidades de fortalecerse durante la segunda mitad del año. Sin embargo, todavía no existe evidencia suficiente para afirmar que se convertirá en el evento más intenso jamás registrado.

El fenómeno que altera el clima global

La Organización Meteorológica Mundial (OMM) informó que la probabilidad de que persistan condiciones de El Niño supera el 80% para el trimestre junio-agosto y alcanza niveles cercanos o superiores al 90% para los períodos posteriores.

A su vez, la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) confirmó oficialmente que el fenómeno ya está presente en el Pacífico tropical y proyecta una evolución entre moderada y fuerte durante los próximos meses.

El Niño forma parte del sistema conocido como El Niño-Oscilación del Sur (ENOS), uno de los principales reguladores naturales del clima planetario.

Se trata de un fenómeno que ocurre cada dos a siete años y está asociado al calentamiento anómalo de las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial. Ese aumento de temperatura modifica la circulación atmosférica y desencadena cambios en los patrones de lluvia, temperatura y tormentas en distintas regiones del mundo.

¿Por qué preocupa tanto?

La importancia de El Niño radica en que sus efectos no se limitan al océano Pacífico.

El calentamiento de las aguas genera enormes intercambios de energía con la atmósfera, alterando sistemas climáticos que pueden afectar regiones situadas a miles de kilómetros de distancia.

“Estos intercambios de energía generan perturbaciones atmosféricas que se propagan a zonas remotas y modifican los patrones habituales de temperatura y precipitación”, explicó Leandro Díaz, investigador del Centro de Investigaciones del Mar y la Atmósfera (Conicet-UBA).

Por esa razón, El Niño suele estar asociado a lluvias intensas, inundaciones, sequías, cambios en la actividad de huracanes y alteraciones en la producción agrícola de distintos continentes.

¿Será realmente un “súper Niño”?

Por ahora, los especialistas recomiendan evitar afirmaciones categóricas.

La doctora en Ciencias de la Atmósfera Matilde Rusticucci sostuvo que todavía no es necesario calificar al evento como un “súper Niño”, aunque reconoció que existen señales que permiten pensar en un episodio potencialmente intenso.

“Hay indicios de que podría ser fuerte, pero todavía es temprano para determinar con precisión cuál será su magnitud definitiva”, explicó.

La preocupación surge porque algunos modelos climáticos muestran escenarios comparables con los grandes eventos de 1982-1983 y 1997-1998, considerados entre los más intensos del último siglo.

Aquellos episodios provocaron inundaciones devastadoras en distintos países, pérdidas millonarias en la agricultura y alteraciones significativas en los sistemas climáticos regionales.

Sin embargo, los expertos aclaran que los pronósticos actuales todavía presentan un margen considerable de incertidumbre.

Qué puede pasar en Argentina

En el caso argentino, los efectos suelen sentirse con mayor intensidad en el noreste del país y particularmente en la región del Litoral.

Históricamente, los eventos de El Niño estuvieron asociados a lluvias superiores a lo normal, crecidas de los ríos Paraná y Uruguay e inundaciones en distintas localidades de la Mesopotamia.

Según Rusticucci, las precipitaciones más importantes suelen concentrarse durante la primavera y el verano.

También existe la posibilidad de que el invierno presente temperaturas superiores a los valores promedio.

No obstante, los especialistas insisten en que cada episodio de El Niño tiene características propias y que no todos generan impactos idénticos.

“Todavía estamos lejos de afirmar que este evento vaya a superar los registros históricos. Los distintos modelos muestran escenarios diversos y todavía existe un rango amplio de posibilidades”, explicó Díaz.

Un fenómeno bajo la sombra del cambio climático

La aparición de un nuevo episodio de El Niño ocurre en un contexto climático diferente al de décadas anteriores.

La temperatura media global se encuentra en niveles récord y los océanos acumulan cantidades crecientes de calor debido al calentamiento global.

El último evento de El Niño, registrado entre 2023 y 2024, fue considerado uno de los cinco más intensos de los que se tiene registro y contribuyó a que 2024 se convirtiera en uno de los años más cálidos de la historia moderna.

Según los científicos, el cambio climático no necesariamente genera más eventos de El Niño, pero sí modifica el contexto en el que se desarrollan.

“Partimos de océanos más cálidos y de una atmósfera con más energía disponible. Eso puede potenciar determinados impactos asociados a fenómenos extremos”, explicó Rusticucci.

Por su parte, Díaz señaló que aún no existe consenso científico sobre la forma exacta en que el calentamiento global influye sobre El Niño, aunque sí hay evidencia de que aumenta la probabilidad de precipitaciones intensas y temperaturas extremas.

La importancia de prepararse

Más allá de la intensidad que finalmente alcance el fenómeno, los especialistas coinciden en que resulta fundamental fortalecer los sistemas de monitoreo y alerta temprana.

La experiencia de eventos anteriores muestra que la anticipación permite reducir riesgos sobre infraestructura, producción agropecuaria, recursos hídricos y poblaciones vulnerables.

Por eso, mientras las redes sociales amplifican escenarios apocalípticos, la comunidad científica insiste en un mensaje más prudente: El Niño ya está presente, puede ser significativo y requiere seguimiento constante, pero todavía no existen elementos suficientes para afirmar que se trate del fenómeno más extremo de la historia.

Lo que sí parece claro es que el planeta deberá enfrentar este nuevo episodio en un contexto climático más cálido y más inestable que el de cualquier evento anterior registrado.

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