
Dos aguará guazú regresaron a la vida silvestre en los Esteros del Iberá tras un extenso proceso de recuperación
20/07/2026
La Política Ambiental
Dos ejemplares de aguará guazú (Chrysocyon brachyurus) volvieron a correr libres por los Esteros del Iberá, en la provincia de Corrientes, luego de completar un proceso de rehabilitación que demandó más de nueve meses de trabajo especializado. Los animales habían sido encontrados cuando apenas eran cachorros, huérfanos y en un estado de extrema vulnerabilidad, por lo que su recuperación representó un importante desafío para los equipos dedicados a la conservación de la fauna silvestre.
Los ejemplares, llamados Kuarahy y Jasy, nombres que en guaraní significan "Sol" y "Luna", fueron rescatados cuando tenían alrededor de 45 días de vida. Sin la presencia de su madre y con escasas posibilidades de sobrevivir por sus propios medios, fueron asistidos por personal de la Fundación Rewilding Argentina, que intervino para garantizar su atención inmediata.
Un rescate que comenzó en Corrientes
Tras ser encontrados, los cachorros fueron trasladados al Centro de Conservación Aguará, ubicado en la provincia de Corrientes, donde recibieron las primeras evaluaciones veterinarias y los cuidados necesarios para estabilizar su estado de salud.
Una vez superada esa etapa inicial, ambos fueron derivados al Centro de Recuperación de Especies Temaikèn (CRET), en la localidad bonaerense de Escobar. Allí permanecieron durante varios meses bajo un programa especialmente diseñado para animales silvestres que deben regresar a su ambiente natural.
Cuando ingresaron al centro de recuperación, cada uno pesaba apenas 1,2 kilogramos, un indicador de la delicada situación en la que habían sido encontrados. A partir de ese momento comenzó un seguimiento permanente por parte de veterinarios, biólogos y cuidadores especializados, quienes trabajaron para asegurar su desarrollo físico y preservar los comportamientos propios de la especie.
La clave: prepararlos para volver a la naturaleza
Uno de los principales objetivos del proceso fue evitar que los animales desarrollaran dependencia o confianza hacia las personas. Para lograrlo, los profesionales limitaron al máximo el contacto humano y aplicaron protocolos destinados a que mantuvieran intactos sus instintos naturales.
El hecho de que fueran hermanos permitió que permanecieran juntos durante toda la rehabilitación, lo que contribuyó a reducir el estrés provocado por la pérdida de su madre y favoreció un desarrollo más cercano al que hubieran tenido en libertad.
Con el paso de los meses, Kuarahy y Jasy alcanzaron un peso cercano a los 20 kilogramos y una altura aproximada de 90 centímetros, además de presentar un estado sanitario óptimo. Antes de autorizar su liberación, los especialistas realizaron diferentes evaluaciones para comprobar que ambos eran capaces de buscar alimento, desplazarse de manera autónoma y responder adecuadamente a los estímulos del entorno, condiciones indispensables para sobrevivir en estado silvestre.
El regreso a los Esteros del Iberá
Superadas todas las etapas del programa, el 15 de julio ambos ejemplares fueron trasladados nuevamente a los Esteros del Iberá, uno de los humedales más importantes de América del Sur y un área estratégica para la conservación de la biodiversidad argentina.
La liberación marcó el cierre de un trabajo conjunto entre la Fundación Rewilding Argentina, el Centro de Conservación Aguará y el Centro de Recuperación de Especies Temaikèn, instituciones que coordinaron cada etapa del rescate, la recuperación y el retorno de los animales a su hábitat natural.
Una especie amenazada en Argentina
El aguará guazú es el cánido más grande de Sudamérica y una de las especies más características de los pastizales y humedales de la región. A pesar de su aspecto, no se trata de un lobo, sino de una especie única dentro de su género.
En Argentina habita principalmente en las provincias de Corrientes, Chaco, Formosa, Santa Fe y Misiones, aunque sus poblaciones se han reducido en las últimas décadas como consecuencia de la pérdida y fragmentación de los ambientes naturales, los atropellamientos en rutas, la persecución por parte de algunas personas y otros conflictos derivados de las actividades humanas.
La historia de Kuarahy y Jasy refleja el papel que cumplen los centros de rescate y rehabilitación en la conservación de la fauna nativa. Gracias al trabajo coordinado de distintas instituciones, dos animales que tenían escasas posibilidades de sobrevivir lograron recuperar sus capacidades naturales y regresar al ecosistema donde nacieron, contribuyendo así a fortalecer las poblaciones silvestres del aguará guazú en los Esteros del Iberá.


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