Polémica en Mendoza: millonarios compraron 32.000 hectáreas para construir un refugio ante una posible guerra nuclear

El proyecto está en San Carlos, al pie de la Cordillera de los Andes, y busca crear un refugio autosuficiente frente a una eventual guerra, una catástrofe climática o un colapso global. La propiedad ya cuenta con viviendas, domos, energía solar, fuentes de agua y una pista de aterrizaje. El caso genera polémica por la enorme cantidad de territorio involucrado y vuelve a poner en el centro del debate la extranjerización de las tierras argentinas.
11/08/2026La Política AmbientalLa Política Ambiental
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En medio de la Cordillera de los Andes, en el departamento mendocino de San Carlos, un grupo de empresarios construye un lugar pensado para un escenario que parece salido de una película: una guerra nuclear, una catástrofe climática o un colapso económico y tecnológico a escala mundial.

El proyecto se llama y ocupa unas 32.000 hectáreas de campo, precordillera y montaña. El predio fue adquirido en diciembre de 2023 por el empresario argentino Martín Varsavsky junto a otros cinco socios, y desde entonces comenzaron a levantarse viviendas, domos y distintas instalaciones destinadas a convertir el lugar en un refugio autosuficiente.

La iniciativa tomó dimensión pública después de que el Financial Times revelara detalles del proyecto y de los planes de sus propietarios. Varsavsky sostiene que el mundo ya se encuentra atravesando una nueva guerra mundial y considera que el Cono Sur podría ser uno de los lugares más seguros del planeta frente a una escalada nuclear.

La propuesta es, cuanto menos, polémica: mientras los grandes problemas ambientales y sociales se enfrentan de manera colectiva, quienes tienen grandes fortunas pueden comprar enormes extensiones de territorio y preparar su propia estrategia de supervivencia.

Wamani: 32.000 hectáreas para desconectarse del mundo

La estancia se encuentra en una zona remota de San Carlos, al sudoeste de Pareditas. Para llegar desde el poblado más cercano hay que recorrer aproximadamente una hora por caminos de tierra.

En los últimos dos años, el paisaje comenzó a cambiar con la construcción de casas modulares, domos geodésicos y otras estructuras. Los edificios funcionan principalmente con energía solar y el proyecto contempla incorporar ganado para aprovechar las pasturas disponibles dentro del establecimiento.

La propiedad también cuenta con cuatro manantiales y arroyos, un cerro de unos 5.000 metros de altura y otras montañas. Los propietarios incluso analizan adquirir un terreno cercano para desarrollar agricultura y aumentar su capacidad de producción de alimentos.

A eso se suma una pista de aterrizaje, pensada como parte de la infraestructura del refugio.

El objetivo es que quienes estén allí puedan disponer de agua, energía, alimentos y alojamiento sin depender completamente de las ciudades o de los servicios externos si una crisis internacional altera el funcionamiento habitual de los países.

No quieren solamente un búnker

Varsavsky explicó que su idea no consiste en construir un pequeño búnker para encerrarse durante una guerra nuclear.

Su visión es mucho más grande: considera que, por su ubicación geográfica, Argentina y el resto del Cono Sur podrían mantener sociedades complejas incluso después de un conflicto nuclear, debido a la distancia respecto de los principales blancos militares y a la posibilidad de producir alimentos y energía.

En ese contexto, Wamani funcionaría como una especie de refugio de largo plazo.

El empresario también proyecta instalar computadoras alimentadas con energía solar capaces de ejecutar modelos de inteligencia artificial sin depender de servidores externos. Según su planteo, eso permitiría mantener una especie de “internet propio y limitado” si las redes globales dejaran de funcionar.

El proyecto todavía está creciendo. Varsavsky posee el 50% de la propiedad, mientras que la otra mitad está distribuida entre sus cinco socios. Ya se habrían invertido cerca de US$10 millones y se incorpora una nueva estructura aproximadamente cada cuatro meses.

Un refugio para millonarios

Wamani tampoco aparece como un caso aislado.

La iniciativa forma parte de una tendencia entre grandes empresarios tecnológicos y multimillonarios que buscan propiedades alejadas de los grandes centros urbanos para utilizarlas como una especie de seguro frente a posibles crisis globales.

Entre los ejemplos aparecen Peter Thiel en Nueva Zelanda y Mark Zuckerberg en Hawái, mientras que otros referentes de Silicon Valley también han reconocido que cuentan con planes personales para escenarios extremos.

Varsavsky sostiene que llegó a una conclusión similar a la de Thiel: que Argentina sería uno de los mejores lugares del mundo para refugiarse ante una eventual Tercera Guerra Mundial.

El empresario, además, propuso crear una “visa de tranquilidad” para atraer a personas con grandes patrimonios que quieran instalarse en Argentina como una forma de protección frente a una crisis internacional.

La propuesta encaja con la mirada del Gobierno de Javier Milei, que desde su llegada al poder buscó atraer capitales extranjeros y profundizar las políticas de apertura económica.

El vínculo de Varsavsky con el sionismo

El proyecto también genera discusiones políticas alrededor de la figura de su principal impulsor y de sus posiciones públicas vinculadas con el sionismo.

Varsavsky se ha expresado públicamente durante años sobre Israel, el conflicto de Medio Oriente y su identidad judía. También mantiene vínculos con sectores empresariales multimillonarios y tecnológicos relacionados con Israel.

Lo que sí resulta relevante es que el proyecto se inscribe en una red internacional de grandes capitales y empresarios tecnológicos que están buscando lugares considerados seguros frente a posibles conflictos globales.

Y en ese punto aparece la discusión de qué ocurre cuando grandes fortunas internacionales comienzan a mirar territorios argentinos como refugios estratégicos para sus propios intereses.

La polémica llega justo después del debate por la Ley de Tierras

La noticia sobre Wamani adquiere una dimensión política todavía mayor por lo ocurrido la semana pasada en el Congreso.

El jueves 6 de agosto, el Senado debatió el proyecto de Inviolabilidad de la Propiedad Privada, impulsado por el Gobierno de Milei, que incluía modificaciones a las reglas relacionadas con la propiedad de tierras rurales.

Uno de los puntos más controvertidos era precisamente la extranjerización de tierras.

El planteo original buscaba eliminar las restricciones que establece actualmente la Ley de Tierras. Ante la falta de respaldo político suficiente, el oficialismo modificó la propuesta y llegó a plantear elevar el límite de participación extranjera del 15% al 25%.

Finalmente, ese capítulo fue retirado del proyecto antes de la sesión.

La discusión, sin embargo, dejó planteada una pregunta que el caso Wamani vuelve a poner sobre la mesa: ¿qué sucede si Argentina flexibiliza las restricciones justamente cuando grandes capitales internacionales están buscando comprar territorios alejados de los grandes centros urbanos y ricos en recursos naturales?

Tierra, agua y recursos estratégicos

La discusión no es solamente inmobiliaria.

En Mendoza, y particularmente en las zonas cordilleranas, el acceso al agua es una cuestión estratégica. La región enfrenta además un escenario de creciente presión hídrica asociado al cambio climático.

Wamani dispone de manantiales y arroyos, pero la propia información sobre el proyecto advierte que el calentamiento global podría aumentar el estrés hídrico en la Cordillera durante las próximas décadas.

Esto genera una paradoja: quienes están construyendo un refugio para protegerse de las consecuencias de una crisis climática dependen, para que ese refugio funcione, de recursos naturales que también estarán cada vez más presionados por esa misma crisis.

Y el problema no afecta solamente a quienes viven dentro de la estancia. El agua, el suelo y los ecosistemas forman parte de un territorio compartido y de una cuenca que trasciende los límites de una propiedad privada.

En San Carlos también hay dudas

El proyecto tampoco pasa inadvertido entre los habitantes de las localidades cercanas.

En Eugenio Bustos, una localidad de unos 12.000 habitantes próxima al predio, la magnitud de la compra genera cierta desconfianza.

La idea de que un grupo de empresarios haya adquirido una superficie tan grande para utilizarla como refugio personal resulta difícil de entender para parte de la población local.

Al mismo tiempo, también existen miradas más favorables. Una guardaparque de la zona señaló que, más allá de los rumores, considera que Varsavsky está conservando el paisaje, incluso en comparación con otros grandes propietarios de tierras de la región.

El lugar tampoco es un paraíso perfecto para quienes imaginan un refugio contra cualquier desastre. Los vientos Zonda pueden afectar la zona más de una docena de veces al año, al punto de impedir durante esos episodios la permanencia al aire libre en sectores donde se encuentran las construcciones.

El propio equipo que trabaja en la estancia reconoce que el clima puede ser extremo y que durante el invierno se necesitan estufas a leña, mientras que en verano también hace falta aire acondicionado.

La pregunta que deja Wamani

¿Debe la tierra rural ser tratada únicamente como un activo que puede comprar quien tenga el dinero suficiente o debe ser considerada también un recurso estratégico cuando concentra agua, biodiversidad, producción y territorio?

La pregunta adquiere todavía más peso cuando el Congreso acaba de discutir una modificación de las restricciones a la propiedad extranjera y cuando ya existen millones de hectáreas rurales argentinas en manos de capitales extranjeros.

Un relevamiento difundido este año estimó que alrededor de 13 millones de hectáreas rurales argentinas están en manos de extranjeros, equivalentes aproximadamente al 5% del territorio nacional. Si bien ninguna provincia supera actualmente el límite legal del 15%, en determinados departamentos la concentración es considerablemente mayor.

Por eso, la polémica alrededor de Wamani no pasa solamente por imaginar a un grupo de millonarios escondiéndose en Mendoza ante una posible guerra nuclear.

El verdadero debate es qué modelo de país se está construyendo.

Porque mientras quienes tienen grandes fortunas pueden prepararse individualmente para una catástrofe comprando miles de hectáreas, la mayoría de la población depende de que el Estado proteja los territorios, garantice el acceso al agua y organice respuestas colectivas frente a las crisis ambientales y sociales.

Y en un contexto donde el Gobierno vuelve a intentar flexibilizar las reglas sobre la propiedad de las tierras rurales, un proyecto privado de 32.000 hectáreas en plena Cordillera mendocina deja una pregunta abierta que va mucho más allá de Wamani:

¿Argentina está preparando sus territorios para enfrentar las próximas crisis como sociedad o está permitiendo que quienes tienen más recursos puedan comprar, de manera privada, su propio lugar para sobrevivirlas?

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