
Indonesia: un terremoto de magnitud 7,7 sacudió Flores, provocó un tsunami y dejó al menos dos muertos
15/08/2026
La Política Ambiental
Indonesia atraviesa una jornada marcada por una intensa actividad geológica. Un terremoto de magnitud 7,7 sacudió durante la madrugada del sábado la región de Flores, provocó daños en viviendas y edificios, dejó al menos dos personas muertas y otras dos heridas y obligó a activar una alerta de tsunami. Mientras tanto, en la misma isla se registró actividad eruptiva en el volcán Lewotobi, que generó un aviso por presencia de ceniza volcánica.
El terremoto tuvo su epicentro frente a la costa norte de Flores, aproximadamente 68 kilómetros al noroeste de la ciudad de Ende, en la provincia de Nusa Tenggara Oriental. El Servicio Geológico de Estados Unidos indicó que el movimiento se produjo a unos 10 kilómetros de profundidad, una característica que contribuyó a que las sacudidas fueran percibidas con enorme intensidad en la superficie.
La combinación de terremoto, réplicas y actividad volcánica vuelve a poner a Indonesia frente a una de sus principales amenazas naturales: un territorio atravesado por fallas tectónicas, volcanes activos y zonas costeras expuestas a tsunamis.
Un terremoto que provocó destrucción y pánico
El movimiento sorprendió a la población durante la madrugada y provocó escenas de pánico en distintos puntos de Flores.
En Maumere, una de las principales ciudades de la región, se registraron daños en edificios y viviendas. También hubo estructuras que colapsaron parcialmente y un hospital trasladó pacientes y equipamiento al exterior como medida preventiva.
En el seminario de Ritapiret, en Sikka, el techo de un edificio colapsó durante una misa. Un sacerdote resultó herido al saltar desde un segundo piso para ponerse a salvo. También se registraron daños en otras construcciones y al menos un deslizamiento de tierra.
Las autoridades indonesias informaron inicialmente de al menos dos personas fallecidas y dos heridas como consecuencia del terremoto. Los equipos de emergencia continuaron evaluando las zonas afectadas debido a que las primeras horas posteriores a un terremoto pueden revelar nuevos daños estructurales.
La alerta de tsunami que puso a las costas en guardia
El terremoto se produjo bajo el mar y a poca profundidad, por lo que inmediatamente apareció uno de los mayores temores: la posibilidad de que el desplazamiento del fondo oceánico desencadenara un tsunami.
La Agencia de Meteorología, Climatología y Geofísica de Indonesia emitió una alerta para sectores de Nusa Tenggara Oriental, Nusa Tenggara Occidental y otras zonas del país.
Las autoridades pidieron a las poblaciones costeras alejarse de las playas y desplazarse hacia zonas elevadas.
Finalmente, la amenaza no se transformó en un tsunami destructivo. Los sistemas de monitoreo no detectaron cambios significativos en el nivel del mar que representaran un peligro para las comunidades costeras y la alerta fue levantada aproximadamente tres horas después.
La cancelación de la alerta no significa que la decisión de evacuar haya sido innecesaria. Frente a un terremoto submarino de magnitud 7,7, la prioridad es actuar antes de conocer con certeza cuál será el comportamiento del océano.
Flores vuelve a enfrentarse a sus dos grandes amenazas geológicas
El terremoto adquiere una dimensión todavía mayor por el lugar donde ocurrió.
La isla de Flores forma parte de una región donde convergen diferentes estructuras tectónicas y donde los terremotos y volcanes son fenómenos recurrentes.
Indonesia se encuentra dentro del denominado Anillo de Fuego del Pacífico, una extensa zona de intensa actividad sísmica y volcánica que rodea buena parte del océano Pacífico.
El país posee más de 17.000 islas y una enorme cantidad de volcanes activos. En muchas regiones, las comunidades conviven diariamente con la posibilidad de terremotos, erupciones y tsunamis.
Pero esta vez la naturaleza volvió a mostrar dos de esas amenazas prácticamente al mismo tiempo.
Un volcán también mostró actividad
Mientras Flores enfrentaba las consecuencias del terremoto, el volcán Lewotobi registró actividad eruptiva.
El sistema volcánico de Lewotobi se encuentra en Flores y es uno de los volcanes que las autoridades indonesias mantienen bajo vigilancia permanente. En las últimas horas se emitió un aviso de ceniza volcánica para Lewotobi, con una nube que alcanzó aproximadamente los 2.100 metros de altura, según el aviso difundido el 15 de agosto.
La actividad del volcán no debe interpretarse automáticamente como una consecuencia del terremoto.
Los terremotos y las erupciones pueden ocurrir en un mismo territorio debido a que ambos están relacionados con la dinámica tectónica, pero no existe evidencia disponible que permita afirmar que el terremoto de magnitud 7,7 haya provocado la actividad eruptiva de Lewotobi.
Lo que sí deja en claro el episodio es la extraordinaria actividad geológica de esta región de Indonesia.
El antecedente que explica el miedo al tsunami
Para los habitantes de Flores, el temor no es infundado.
El 12 de diciembre de 1992, un terremoto de magnitud similar sacudió la región y desencadenó un tsunami devastador.
Aquel desastre dejó alrededor de 2.500 muertos y provocó una enorme destrucción en distintos sectores de Flores. La localidad de Maumere y la isla de Babi estuvieron entre las zonas más afectadas.
El tsunami alcanzó alturas extraordinarias en determinados sectores y destruyó miles de viviendas.
Por eso, cuando el terremoto de este sábado activó nuevamente una alerta de tsunami, la población tenía presente una experiencia histórica que todavía forma parte de la memoria colectiva de la isla.
La diferencia es que esta vez el mar no respondió con la misma violencia.
Las réplicas mantienen la vigilancia
El terremoto principal fue seguido por varias réplicas, algo habitual después de un movimiento de semejante magnitud.
Estas sacudidas se producen como consecuencia del reajuste de las estructuras geológicas después de la liberación de energía del terremoto principal.
Aunque generalmente son de menor magnitud, pueden provocar nuevos daños en edificios que ya hayan quedado debilitados.
Por ese motivo, los equipos de emergencia continúan inspeccionando estructuras y monitoreando la actividad sísmica.
La situación también obliga a mantener bajo observación las zonas donde se produjeron desprendimientos y deslizamientos.
Una región donde la tierra y el fuego forman parte del paisaje
Indonesia no solamente está acostumbrada a los terremotos.
También es uno de los países con mayor actividad volcánica del planeta.
El archipiélago alberga decenas de volcanes activos y registra erupciones de manera recurrente. En 2026, diferentes volcanes indonesios han mantenido niveles elevados de actividad, entre ellos Lewotobi, Semeru, Ibu y Dukono.
En el caso de Lewotobi, su actividad ya había obligado anteriormente a las autoridades a adoptar medidas de seguridad y a afectar operaciones aéreas debido a la presencia de ceniza.
La situación demuestra que el riesgo en Indonesia no puede analizarse pensando en un único fenómeno.
Un terremoto puede generar un tsunami. Una erupción puede generar cenizas, flujos de lava y gases. Las lluvias posteriores pueden provocar deslizamientos y la destrucción de bosques y suelos puede aumentar la vulnerabilidad de las comunidades.
Es un territorio donde diferentes amenazas naturales pueden superponerse.
El terremoto de 1992 dejó una advertencia que sigue vigente
La historia de Flores demuestra que la magnitud de un terremoto no es el único elemento que determina su peligrosidad.
El terremoto de 1992 tuvo una magnitud similar al ocurrido ahora, pero las consecuencias fueron radicalmente diferentes debido al tsunami que se produjo después.
En 2004, otro terremoto ocurrido frente a Sumatra, esta vez de magnitud 9,1, generó uno de los tsunamis más mortíferos de la historia reciente y dejó alrededor de 230.000 muertos en una docena de países.
En 2018, un terremoto de magnitud 7,5 provocó un tsunami en Palu y desencadenó además procesos de licuefacción del suelo que destruyeron barrios enteros.
Indonesia conoce, por experiencia, que el verdadero peligro no termina cuando deja de temblar la tierra.
Una jornada que vuelve a poner al Anillo de Fuego en el centro
El terremoto de Flores y la actividad del volcán Lewotobi no deben presentarse como fenómenos aislados ni como señales de que se aproxima una catástrofe mayor.
No existe evidencia científica que permita afirmar que el terremoto vaya a provocar una gran erupción ni que la actividad volcánica sea consecuencia directa del sismo.
Pero ambos acontecimientos sirven para recordar por qué Indonesia es uno de los territorios con mayor exposición a fenómenos geológicos extremos.
Debajo de sus islas convergen fuerzas tectónicas capaces de levantar montañas, alimentar volcanes y producir terremotos de gran magnitud.
En Flores, esa realidad volvió a sentirse este sábado.
Un terremoto de magnitud 7,7 hizo temblar edificios, provocó víctimas y obligó a miles de personas a alejarse de las costas por temor a un tsunami.
Al mismo tiempo, un volcán de la misma isla volvió a mostrar actividad y generó un aviso por ceniza.
La alerta de tsunami finalmente fue levantada.
Pero la advertencia geológica permanece.
Indonesia no está frente a una amenaza excepcional: vive sobre una de las zonas más activas de la Tierra. Y Flores acaba de recordarlo de la manera más contundente.



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