Salta: detectan niveles elevados de mercurio en el dique Cabra Corral y crece la preocupación ambiental

14/09/2026La Política AmbientalLa Política Ambiental

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Una nueva investigación volvió a poner al dique Cabra Corral bajo la lupa ambiental. Un análisis realizado sobre una muestra de agua tomada en profundidad detectó una concentración de mercurio cercana a 40 veces por encima del valor esperado, un resultado que encendió la alarma por la calidad del agua de uno de los principales embalses de Salta.

El hallazgo fue realizado por la Fundación Aljibe, que ahora busca ampliar el estudio para determinar si se trata de una contaminación localizada o si el problema alcanza a otros sectores del embalse. Por el momento, existe una muestra con un resultado preocupante, pero todavía no hay elementos suficientes para afirmar que todo el dique se encuentre contaminado en esos niveles.

La situación, sin embargo, tampoco aparece de la nada. El Cabra Corral arrastra desde hace años denuncias, estudios y reclamos relacionados con la contaminación de sus aguas y sedimentos. La presencia de metales pesados ya había sido señalada en investigaciones anteriores, mientras que organismos públicos habían advertido sobre el ingreso de líquidos cloacales, residuos industriales y agroquímicos desde distintos puntos de la cuenca.

Ahora, un nuevo dato vuelve a poner una pregunta incómoda sobre la mesa: ¿qué está pasando dentro del principal embalse del sistema del río Juramento y cuánto tiempo lleva acumulándose la contaminación?

Una muestra tomada a cinco metros de profundidad

El nuevo alerta surgió a partir de una investigación impulsada por la Fundación Aljibe. Su presidente, Juan Pablo Pastrana, explicó que la muestra fue tomada a unos cinco metros de profundidad, en un sector alejado de la costa.

Para realizar el procedimiento participaron cinco buzos. La extracción se realizó siguiendo indicaciones proporcionadas por un laboratorio especializado y la muestra fue conservada y trasladada para su análisis. El resultado sorprendió a quienes llevaban adelante la investigación: la concentración de mercurio encontrada habría sido casi 40 veces superior a la que esperaban encontrar.

El dato es grave por la naturaleza del contaminante, pero también debe ser interpretado con cuidado. Una sola muestra no permite determinar qué ocurre en todo el embalse. Para conocer la verdadera dimensión del problema hace falta repetir los análisis, incorporar otros puntos y estudiar distintas profundidades.

Eso es precisamente lo que pretende hacer ahora la Fundación Aljibe.

Quieren analizar el dique desde la superficie hasta los 30 metros

La propuesta presentada ante el área de Recursos Hídricos contempla ampliar considerablemente el muestreo.

La idea es realizar extracciones en distintos sectores del embalse y tomar muestras desde la superficie hasta aproximadamente 30 metros de profundidad, con mediciones cada cinco metros. De esa manera se podría determinar si el mercurio aparece únicamente en un sector o si existe una distribución más amplia dentro del Cabra Corral.

Ese paso resulta fundamental.

El comportamiento de los contaminantes en un embalse no necesariamente es uniforme. Algunos pueden permanecer en el agua, mientras que otros pueden acumularse en los sedimentos y posteriormente volver al agua bajo determinadas condiciones.

Por eso, para conocer realmente el estado ambiental del Cabra Corral no alcanza con analizar una muestra superficial tomada cerca de la costa. Es necesario estudiar agua, sedimentos y organismos vivos, especialmente los peces que habitan el embalse.

El mercurio no es el primer problema ambiental del Cabra Corral

El hallazgo de 2026 puede parecer una situación nueva, pero los antecedentes cuentan otra historia.

Hace más de una década, la Defensoría del Pueblo de la Nación investigó denuncias de contaminación del Cabra Corral y de varios ríos que alimentan el sistema. El organismo señaló que los principales problemas estaban relacionados con la descarga de líquidos y residuos provenientes de canales pluviales y con contaminación de origen cloacal e industrial.

Los informes recibidos por la Defensoría también advertían sobre un incremento de bacterias en el agua y relacionaban la contaminación con descargas de efluentes cloacales sin tratamiento adecuado, residuos agroindustriales y residuos domiciliarios.

En otras palabras, el embalse viene recibiendo durante años contaminantes desde una cuenca mucho más extensa que el propio espejo de agua.

El Cabra Corral funciona como parte final de un sistema hídrico que recibe aportes de distintos ríos y cursos de agua. Lo que ocurre aguas arriba puede terminar acumulándose dentro del embalse.

Ya había antecedentes de mercurio y cadmio

Uno de los datos más llamativos es que el mercurio tampoco aparece por primera vez en las investigaciones sobre el Cabra Corral.

En 2019, el médico veterinario Oscar Leone difundió resultados de investigaciones sobre peces del embalse y señaló que estudios de calidad del agua habían encontrado niveles de cadmio y mercurio de hasta tres veces los valores máximos recomendados para determinados usos y para la vida acuática.

El investigador también había advertido sobre alteraciones observadas en órganos de pejerreyes del Cabra Corral al compararlos con ejemplares de otros ambientes. A partir de esos resultados había recomendado evitar el consumo de peces y cuestionado las condiciones ambientales del embalse.

Es importante aclarar que aquellos estudios y declaraciones corresponden a investigaciones de años anteriores y no deben confundirse con el análisis realizado en 2026. Sin embargo, muestran que la presencia de metales pesados en este ambiente viene siendo motivo de preocupación desde hace tiempo.

En Salta ya se había pedido investigar los metales pesados

La preocupación incluso llegó a la Legislatura provincial.

En 2017, la Cámara de Senadores de Salta aprobó un pedido de informes para conocer qué controles realizaba la Secretaría de Recursos Hídricos sobre la presencia de metales pesados en los ríos Arenales, Ancho y el dique Cabra Corral, particularmente en relación con posibles aportes provenientes del vertedero San Javier.

El pedido solicitaba conocer qué protocolos se utilizaban para detectar estos contaminantes, cómo se controlaban y qué resultados habían arrojado los estudios existentes.

Ese mismo año también hubo planteos legislativos relacionados con un posible vínculo entre la contaminación por metales pesados y los residuos provenientes del área metropolitana de Salta. En las discusiones parlamentarias se mencionaron investigaciones del CONICET y estudios que señalaban la presencia de metales pesados en el río Arenales y el Cabra Corral.

La sucesión de antecedentes deja una cuestión difícil de ignorar: el problema ambiental del embalse lleva años siendo advertido, pero todavía resulta necesario determinar con precisión cuál es la situación actual.

¿De dónde podría venir el mercurio?

Todavía no existe una respuesta definitiva.

Y sería irresponsable atribuir el nuevo hallazgo a una única fuente sin realizar un estudio completo de la cuenca.

El Cabra Corral recibe agua de un sistema en el que confluyen distintos cursos provenientes de zonas urbanas, industriales y productivas. Durante años se denunciaron descargas cloacales, residuos industriales, residuos domiciliarios y agroquímicos que ingresan al sistema hídrico.

También hubo investigaciones y reclamos relacionados con el vertedero San Javier y su posible aporte de contaminantes hacia el río Arenales y, posteriormente, hacia el embalse.

Pero el origen del mercurio debe ser determinado científicamente.

Para hacerlo, no alcanza con encontrar el contaminante: hay que analizar sedimentos, agua, peces y los distintos afluentes que llegan al embalse. Solo así podría establecerse si existe una fuente activa, si se trata de contaminación histórica acumulada o si intervienen múltiples fuentes.

¿Qué pasa con los peces del Cabra Corral?

Este es uno de los puntos que más preocupa.

Los metales pesados pueden incorporarse a los organismos acuáticos y, dependiendo del contaminante y de las condiciones ambientales, acumularse en los tejidos de los peces.

En el caso del mercurio, el problema adquiere especial importancia porque determinadas formas del metal pueden ingresar a la cadena alimentaria y concentrarse en organismos que luego son consumidos por otros animales o por seres humanos.

Por eso, una investigación seria sobre el Cabra Corral debería incluir muestreos de peces, además del agua y los sedimentos.

Esto cobra todavía más relevancia porque el embalse es utilizado habitualmente para la pesca deportiva y recreativa. De hecho, después de conocerse el nuevo resultado, pescadores consultados señalaron que continuarían desarrollando sus actividades en el lugar.

El riesgo para la salud todavía debe determinarse

La aparición de mercurio en una muestra no significa automáticamente que todas las personas que visitan el Cabra Corral estén expuestas a niveles peligrosos.

Para determinar un riesgo sanitario concreto se necesitan datos mucho más precisos: concentración del contaminante, distribución espacial, frecuencia de exposición, vías de contacto y, especialmente, niveles presentes en los peces que puedan ser consumidos.

Pero eso tampoco significa que el hallazgo pueda ser minimizado.

El biólogo e investigador Enrique Derlindati señaló que el mercurio es especialmente preocupante por sus efectos tóxicos y por la posibilidad de generar daños neurológicos acumulativos ante exposiciones prolongadas. También se mencionaron posibles afectaciones renales y una especial preocupación en grupos vulnerables.

Por eso, mientras se realizan nuevos estudios, la prevención debería ocupar un lugar central.

El agua no puede analizarse solamente cuando aparece una alarma

El caso del Cabra Corral vuelve a mostrar una dificultad que se repite en distintos puntos del país: muchas veces los controles ambientales aparecen después de que una organización, vecinos o investigadores detectan un problema.

Pero los grandes embalses necesitan monitoreos permanentes.

No solamente hay que controlar si el agua tiene buen aspecto. Muchos contaminantes peligrosos son invisibles, no producen olor y no modifican necesariamente el color del agua.

El mercurio es justamente un ejemplo de esto.

Por eso, un programa ambiental serio debería incluir controles periódicos de metales pesados, agroquímicos, hidrocarburos, bacterias, nutrientes, sedimentos y organismos acuáticos, con resultados públicos y comparables a lo largo del tiempo.

Un embalse turístico en medio de una cuenca contaminada

El Cabra Corral no es solamente un paisaje turístico.

Es un ecosistema, un reservorio de agua y un ambiente donde se desarrollan actividades económicas y recreativas. La pesca, los deportes náuticos y el turismo forman parte de la vida cotidiana de la zona.

Pero precisamente por esa importancia, la respuesta no puede limitarse a esperar el próximo análisis.

Si nuevos estudios confirman la presencia de mercurio en otros sectores, las autoridades deberán determinar de dónde proviene, cómo está afectando al ecosistema y qué medidas deben tomarse para evitar que continúe ingresando.

Y si los análisis descartan que el problema sea generalizado, también será necesario comunicarlo con claridad para evitar alarmas injustificadas.

Lo que no debería ocurrir es que el Cabra Corral vuelva a quedar fuera de la agenda hasta que aparezca una nueva denuncia.

Una alerta que obliga a mirar toda la cuenca

El resultado de la Fundación Aljibe todavía necesita confirmación y ampliación. Esa precisión es fundamental.

Pero también sería un error mirar el dato de manera aislada.

Durante años hubo denuncias por contaminación cloacal e industrial, advertencias sobre agroquímicos, investigaciones sobre metales pesados y pedidos de informes en la Legislatura provincial. Ahora aparece una nueva muestra con una concentración de mercurio que, según sus impulsores, multiplica varias veces el valor esperado.

La pregunta ya no debería ser solamente qué tiene el agua del Cabra Corral.

La pregunta ambiental de fondo es otra: qué está llegando al embalse desde toda la cuenca y cuánto de esa contaminación se está acumulando en el agua, los sedimentos y los seres vivos que dependen de ella.

Para responderla hacen falta estudios independientes, controles oficiales, información pública y un monitoreo sostenido.

Porque si el Cabra Corral lleva años recibiendo los impactos de una cuenca cada vez más intervenida, descubrir ahora una nueva señal de contaminación no debería ser el final de una investigación.

Debería ser el comienzo.

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