La Política Ambiental La Política Ambiental

Trigo HB4 y el conflicto de valores frente al ambiente

ACTUALIDAD 02/08/2022 La Política Ambiental La Política Ambiental
WUe4PrFk_4x

Por Juan Martín Azerrat (IIDyPCa-UNRN/CONICET, AAP-UNSAM)

Esta nota apunta a polemizar. Pero no a polemizar en torno a una tecnología que de por sí trae aparejada fuertes debates desde distintos sectores ante su avance en el uso cotidiano de la producción agrícola. Vamos a dar un paso atrás para entender por qué surge esa polémica sin adentrarnos en la defensa o culpabilidad de la tecnología (como sostienen muchos y muchas biotecnologas). En algo tienen razón: las tecnologías son creaciones humanas, por lo tanto, la complejidad hay que buscarla en el humano y no (o al menos, no solamente) en consecuencias generadas por su accionar o su pensamiento. Todo lo que pensamos y problematizamos en torno al ambiente siempre involucra la posición valorativa de los seres humanos frente al mismo. Es decir, para los que para un grupo es degradación ambiental, para otros es cuidado de la naturaleza. Para algunos las semillas transgénicas son uno de los grandes avances para erradicar el hambre en el mundo y para otros esas semillas son la causa de la profundización del hambre del mundo. Ambas posiciones poseen datos y argumentos empíricos para mostrar y sostener sus posiciones. Por lo tanto, ¿dónde está la verdad? Esta pregunta nos obliga, entonces, a ir un paso más atrás y preguntarnos, ¿por qué hay valoraciones tan disímiles en torno al ambiente? Evidentemente, existe un conflicto de valores frente al ambiente (O’Neill et al., 2008) y la ciencia política (junto a otros ciencias sociales) tiene la responsabilidad (y las herramientas teóricas) para abordar este fenómeno que en otras disciplinas no es considerado como un fenómeno relevante a tener en cuenta al momento de mostrar resultados ante la creación de nuevas tecnologías.

 
¿Qué son los valores y por qué hay un conflicto frente al ambiente?

“El valor, a su vez, es lo que hace que una cosa sea digna de ser apreciada, deseada y buscada. Es la cualidad que apreciamos en un determinado objeto -por ejemplo, la naturaleza o el medio ambiente- y que guía nuestras acciones y nuestra relación con ese objeto” (Alcañiz & Gutiérrez, 2022, p. 6). Como se aprecia en esta definición, según cómo valoremos el ambiente en sus distintos aspectos, será cómo luego actuemos (o intentemos actuar) frente a ese objeto que estamos valorando.

Esto se puede traducir fácilmente en un ejemplo: recientemente, el conflicto sobre la exploración y explotación de petróleo off-shore en el Mar Argentino ha marcado dos posiciones opuestas y otras intermedias que se posicionaron entre esos dos extremos. Por un lado, aquellos que valoraban la biodiversidad que potencialmente podría ser afectada por este tipo de actividades y, cómo esa afectación de dichos ecosistemas a su vez, podrían afectar a las personas en consecuencia (afectación de la actividad turística, de la actividad pesquera, etc.). En la otra posición, la valoración ambiental refiere a un medio para satisfacer las necesidades humanas, es decir, la explotación petrolera es imprescindible para generar un desarrollo productivo necesario que, a su vez, equilibre la economía y eso ayudaría a generar políticas para preservar y cuidar el ambiente por derivación. Como muestra la nota citada aquí, la Justicia resolvió recientemente un punto intermedio: no prohibir la actividad pero profundizar y re-actualizar todos los Estudios de Impacto Ambiental que consideró insuficientes como se presentaron.

¿Quién tiene razón? Algún lector o lectora podrá decir que los primeros tienen mayores insumos argumentales o ejemplos empíricos para mostrar. Otros y otras podrán pensar lo contrario. Al fin y al cabo, seguramente nos posicionemos en los argumentos que más se acerquen a nuestra forma de valorar el ambiente. Sí, existe una posibilidad de que podamos cambiar nuestra posición informándonos y escuchando las distintas posiciones, sin embargo, si nuestra valoración ambiental es una de nuestras posiciones prioritarias al momento de pensar estos temas, difícilmente adoptemos una posición productivista aun cuando leamos argumentos convincentes que nos muestren lo contrario a lo que apreciamos, deseamos y buscamos. Y viceversa. Por eso la valoración que tenemos de distintas situaciones u objetos está fuertemente vinculada a nuestro contexto social. En este sentido las instituciones en las cuales atravesamos nuestra vida son formadoras de nuestra valoración (la familia, las instituciones educativas, el trabajo, etc.) pero también la trayectoria individual que muchas veces trasciende ese contexto dado e interactúa con otros contextos que no son ajenos. Todas esas experiencias y trayectorias, van moldeando las valoraciones que tenemos por distintas situaciones u objetos. En este sentido, los actores involucrados en el debate sobre el trigo HB4 todos tienen una trayectoria social e individual que hacen que su valoración sobre el ambiente sea distinta (aunque ambos consideren que están cuidando el ambiente, evidentemente su valoración sobre el cuidado no es el mismo).

¿Qué culpa tiene el tomate (o el trigo genéticamente modificado)?

Ahora bien, pasando al tema que nos ocupa en esta nota, pasemos a analizar brevemente qué está sucediendo con la biotecnología del trigo HB4. Muy brevemente, podemos decir que esta tecnología, generada por la biotecnología (principalmente), es la Modificación Genética (MG) de semillas de trigo para que estas puedan adaptarse de una mejor manera y con mayores posibilidades ante situaciones climática de estrés hídrico. Es decir, no solo en situaciones climáticas de lluvias por debajo de la media de alguna zona sino también la posibilidad de sembrar dicha semilla en zonas semi-áridas o áridas en donde históricamente la disponibilidad de agua es escasa. Esta transgénesis de la semilla del trigo es una biotecnología más a las muchas que hace décadas se practican en el sector agropecuario. Por ejemplo, en la última década, la transgénesis del maíz permitió que vastas zonas agrícolas de Córdoba en las cuales no se solía sembrar maíz, se conviertan en amplios maizales y ubicaran a Córdoba como la provincia con mayor producción de maíz del país en 2021.

Sin embargo, antes de analizar las dos perspectivas existentes frente a esta tecnología, debemos aclarar que esta biotecnología tiene algunas particularidades que la hacen especialmente conflictiva. Primero, fue desarrollada por una empresa público-privada a partir de las investigaciones de colegas del CONICET. Segundo, no es una biotecnología aceptada universalmente por los y las productoras agropecuarias que suelen usar este tipo de tecnologías. Tercero, esta biotecnología llega en un momento donde la agenda ambiental se encuentra en uno de sus puntos más altos de exposición pública. Estos tres puntos hacen de esta biotecnología una arena álgida para el debate de valores frente al ambiente. Si observamos con detenimiento, estos puntos no se encontraban presentes en 1996 cuando se introdujo la soja GM, ni en el 2005 cuando sucedió lo propio con el maíz GM[i].

Mucho se ha debatido sobre las ventajas y desventajas de que esta tecnología haya sido creada por un grupo de investigación del CONICET, coordinado por la biotecnóloga Dra. Raquel Chan en el laboratorio Bioceres radicado en Rosario (Santa Fe) con capitales públicos y privados. Tenemos aquellos que sostienen que la ventaja de esta situación radica en que se compite con los gigantes trasnacionales (el famoso “grupo de los 4”) que concentran la producción mundial de semillas y eso generaría un mercado más heterogéneo para los y las productoras a la hora de acceder a la compra de semillas (Página12, 2022). Y también tenemos aquellos que desde el ámbito académico muestran que este argumento es tan solo una excusa para no evidenciar la peligrosidad del agroquímico que viene acompañado del uso de este nueva semilla -el glufosinato de amonio- y además el gran peligro que significa reducir la diversidad genética en las semillas (Agroverdad, 2022; El Grito del Sur, 2022; La Capital, 2022).

Por otro lado y conectado con el segundo punto, en el ámbito de los productores y las entidades agropecuarias que sostienen la peligrosidad de introducir una nueva modificación genética al trigo pudiendo, así, contaminar los cultivos de trigo convencional. Esta última postura sostiene que al ser el trigo convencional el que actualmente se exporta y es aprobado en la mayoría de los países importadores, esto podría generar una parálisis de la exportación de trigo convencional (Bichos de Campo, 2021). Esto es especialmente interesante ya que por primera vez una tecnología de este tipo tiene reparos tan grandes por sectores y entidades rurales que, por lo general, suelen apoyar y acompañar las mismas. La más significativa es la de la Sociedad Rural Argentina que ha acompañado todas las tecnologías de GM, sin embargo, muestra reparos con esta tecnología. Resta saber si esos reparos tienen que ver con criterios productivos o con el origen del patentamiento (el sistema público científico-tecnológico). En el pasado encuentro de “A Todos Trigo”, que reúne a los sectores convencionales dedicados a este cultivo, este debate quedó plasmado claramente (Re, 2022).

Finalmente, el tercero punto es sumamente importante ya que la agenda ambiental y las movilizaciones en torno a conflictos socioambientales está en un punto alto a nivel histórico (como se puede apreciar, por ejemplo, en las notas producidas por el Área de Ambiente y Política de la Universidad Nacional de San Martín[ii]). Así, la experiencia y la memoria colectiva sobre conflictos anteriores derivados de la producción agroindustrial (léase como los denominados “pueblos fumigados” o “productores expulsados”) hacen que cada acción o nueva tecnología que busca reforzar las premisas básicas de este modelo agroindustrial, sea cuestionado. La crítica hacia las tecnologías es, en el fondo, un rechazo hacia el modelo agropecuario que las promueve. En este caso, el sector que rechaza estas tecnologías es notablemente más amplio que aquel que existía en 1996 al aprobarse la soja GM por lo que, sin dudas, esto ha reforzado el debate público y el alcance en los medios en relación al trigo HB4.

Para hacer tortillas, primero, hay que romper algunos huevos…

Frente al trigo HB4, ¿quién se encarga de romper algunos huevos para hacer la tortilla? O dicho de otro modo: ¿qué tortilla vamos a elegir para comer? A grandes rasgos podemos encontrar dos grandes grupos de cocineros y cocineras distintas y opuestas. Vamos a llamar a unos convencionales ya que sostienen las premisas dominantes o mayoritarias que se utilizan en la actividad agropecuaria y, otro grupo opuesto, que llamaremos no-convencionales que cuestionan y critican dichas premisas y proponen visiones alternativas a la convencional[iii].

Por un lado, denominamos convencional a aquel grupo de actores (productores, científicos, funcionarios, etc.) que poseen una visión mínima común que la agroindustria es el modelo a implementar en la actividad agropecuaria. Lo que lo hace convencional es que este modelo lo realizan la mayoría de los actores vinculados a la cuestión rural y “es lo que se espera que hagan todos”. En este caso, la visión compartida es que la actividad agropecuaria ha tenido un salto exponencial a nivel productivo gracias a la introducción de nuevas tecnologías aplicadas (ya sean desde el sector privado -como Monsanto- o el sector público -como el caso del trigo HB4, la empresa Bioceres-). Este salto exponencial parte de la suposición de que la naturaleza no tiene (o dejó de tener) la capacidad productiva que la demanda mundial de alimentos requiere, por lo tanto, aplicando nuevas tecnologías se puede reducir dicha brecha. Básicamente, podemos definir esas tecnologías en 4 grandes grupos: las semillas genéticamente modificadas, el uso de nuevos biocidas (herbicidas, pesticidas, insecticidas, etc.), la transformación de la maquinaria agropecuaria para grandes escalas y la conexión dinámica y directa con el mercado global de commodities. Esto llevó a que la producción casi se duplique en el transcurso de dos décadas. Este grupo valora al ambiente desde “la preocupación” (definición que solemos escuchar en funcionarios, productores y científicos), es decir, se observan externalidades ambientales que los propios avances tecnológicos irán resolviendo ya que el círculo es virtuoso.

 
 
Aquí podemos ubicar, desde el ex Ministro de Agroindustria Luis M. Etchevehere hasta el actual Ministro de Agricultura, Ganadería y Pesca, Julián Domínguez (que ha comenzado a denominar al modelo “agro-bio-industrial”); podemos ubicar a una de sus máximas exponentes a nivel científico, la biotecnóloga Dra. Raquel Chan y también a los ámbitos científicos de Bayer que desarrollan tecnologías en el mismo rumbo; y a las históricas entidades agropecuarias (desde la Federación Agraria hasta la Sociedad Rural) que se le suman nuevos ámbitos en el sector (AAPRESID y grupos CREA por ejemplo). Sin lugar a dudas, todos estos actores poseen enormes diferencias entre sí pero, al mismo tiempo, comparten el mismo objetivo y valoración ambiental: es necesario aumentar los rindes (especialmente de los commodities) y la naturaleza por sí sola no posee la capacidad para realizarlo, por eso, la tecnología compensará esa brecha.

Dentro de este grupo, paradójicamente, podemos encontrar actores que se oponen a la aplicación del trigo HB4 (“paradójicamente” ya que, como se mencionó, han sido los principales impulsores de otras tecnologías similares). Algunos argumentos significativos se dieron en, como se mencionó, en el encuentro A Todo Trigo que reúne a actores convencionales de esta actividad (Bichos de Campo, 2021):

“Los productores agropecuarios recibimos con mucha preocupación la decisión del gobierno nacional que permite sembrar trigo HB4. Si bien estamos a favor de la tecnología, no tenemos certezas del impacto que puede tener en la comercialización del producto en los mercados externos” (Sociedad Rural Argentina).

“¿Quién se va a hacer cargo de un trigo contaminado frente a compradores que no lo quieren? Queremos que alguien nos diga qué va a pasar. Argentina tiene el 7% del mercado internacional del trigo. Si a los compradores no les gusta lo que entregamos, se van y compran en otro lado” (Federación de Acopiadores).

“El mercado internacional ya tomó nota de esto. Y nosotros tenemos cerrados contratos con compradores de 28 mercados, en los que la condición es sin presencia de transgénicos (…) la aceptación mundial a los trigos GMO es cero por lo que el riesgo comercial es enorme” (Centro de Exportadores de Cereales).

 
 
Por otro lado, denominamos no-convencional a todas aquellas experiencias que buscan caminos alternativos al caracterizado antes. Al igual que el anterior, este grupo es heterogéneo y hay diversas visiones sobre cuáles y cómo deben ser esos caminos alternativos. Pero al mismo tiempo, un eje común que comparten y que los diferencia del grupo convencional, es que consideran a la naturaleza como abundante y de infinita disponibilidad. Por lo tanto, logrando administrar y acompañar los ciclos virtuosos de la naturaleza, es posible aumentar la producción sin la necesidad de introducir nuevas tecnologías de base química. Al contrario de lo considerado por el grupo anterior, estas visiones alternativas sostienen que las tecnológicas introducidas por el modelo convencional están destruyendo dichos círculos virtuosos de la naturaleza y por ello es necesario utilizar agroquímicos (fertilizantes y herbicidas sobre todo) en mayor cantidad y con mayor densidad. Esta visión, sostienen, está equivocada y está generando el efecto inverso al esperado en el largo plazo (aunque en el corto plazo efectivamente las cosechas, pero no siempre los rindes, sean mayores).

 
 
Este grupo, identificado con la agroecología, trabaja con los elementos que la naturaleza brinda como la gran respuesta a los problemas que se enfrentan. Así, la falta de fertilidad de los suelos se resuelve regenerando los mismos para que recuperen y sostengan la fertilidad en el largo plazo. Para lograr esto, toda planta es considerada necesaria e importante para la vida de los suelos, por lo que se las estimulan a crecer consociadas, es decir, aumentar la diversidad de cultivos y no homogeneizarlos. La maquinaria agrícola, por lo general, es propia ya que no se requieren aquellas más avanzadas tecnológicamente sino aquellas que se adapten a las formas de siembra y cosecha que respondan a esta visión. Finalmente, al ser una visión que tiende a la heterogeneidad, la tecnología aplicada también es muy importante ya que la innovación se encuentra permanentemente en funcionamiento para dar respuesta a dicha heterogeneidad. Los problemas y soluciones no son lineales y no tienden a homogeneizar respuestas, sino al contrario, a multiplicar respuestas.

 
Podemos encontrar en este grupo a productores/as que plantean formas alternativas a las convencionales para la producción agropecuaria (agroecología, agricultura biodinámica, permacultura, manejos de pastoreo racional y/o manejo holístico), a grupos académicos que se organizan frente a este tema (el colectivo TrigoLimpio, asambleas comunitarias contra los agroquímicos) y también actores estatales de distintos niveles (la Dirección Nacional de Agroecología, concejales que legislan sobre la limitación al uso de agroquímicos, etc.), entre otros.

Y entonces… ¿qué hacemos?

Es claro que, detrás de la producción de Trigo HB4 hay un conflicto de valores frente al ambiente y que esta situación, lejos de ser obvia, debe ser analizada, comprendida y explicada. ¿Por qué? Porque las decisiones que se  tomen con el trigo HB4 (como podemos observar frente a otras temáticas ambientales) genera y generará efectos distributivos. Es decir, la presencia y/o ausencia de políticas como también el tipo de políticas frente a este tema afecta la distribución de costos y beneficios (o dicho de otro modo, la distribución de ganadores y perdedores) de los diferentes actores involucrados en la temática. Por ello, como sostienen Alcañiz y Gutiérrez (2022, 5), debemos “prestar atención a los impulsores evaluativos y estratégicos, así como a las condiciones contextuales de la acción política. Mientras que los valores, intereses y preferencias políticas describen los atributos de los actores, los incentivos del sistema incluyen tanto los arreglos de gobernabilidad como los contextos económicos y políticos que dan forma a esos atributos y las acciones políticas resultantes”.

Pensar este asunto en términos de coaliciones (en este caso hemos llamado convencionales y no-convencionales), nos lleva a analizar la capacidad de ambos grupos de incidir en los valores, intereses y preferencias de los actores con algún grado de decisión sobre la restricción, promoción o regulación del trigo HB4 como así también los valores, intereses y preferencias de los actores encargados de la toma de decisiones. Hasta ahora, si bien el fomento a la agroindustria ha sido una política de Estado más allá de los distintos gobiernos, el trigo HB4 parece romper con esa linealidad y plantear heterogeneidad en el conflicto. Naturalmente, lo más improbable es que se generen síntesis en estas dos coaliciones contrapuestas, pero sí podemos pensar y analizar por qué seguramente no la exista haciendo foco en los valores de las personas que componen estas posiciones.

¿Es posible que se genere una coalición entre una fracción de los convencionales y los no-convencionales en contra del Trigo HB4? Sí, es lógicamente posible dado que ambos persiguen el mismo objetivo de evitar la introducción de esta tecnología. ¿Es probable que ello ocurra? No, porque por debajo de ese objetivo común los separan valores y visiones irreconciliables sobre el ambiente. Para uno, la actividad agropecuaria debe priorizar la producción y rentabilidad y desde ahí aplica nuevas tecnologías para tener el menor impacto posible en las variables ambientales. Para otros, el ambiente marca los ritmos de producción y en ese sentido los márgenes de producción y rentabilidad están asociados a generar sistemas ambientalmente equilibrados aunque eso signifique no obtener la mayor rentabilidad económica posible. Es por eso que necesitamos complejizar y analizar cómo se forman y varían estas valoraciones y cómo influyen en las acciones posteriores de cada actor. Tal vez con este valioso recurso analítico, las políticas públicas puedan comprender a ambas coaliciones, tener mejores recursos para tender puentes o comenzar a considerar variables que antes tomaba por dadas.

Link para la nota original

Te puede interesar

Lo más visto

Suscribite a La Política Ambiental

Suscríbete a La Política Ambiental para recibir periódicamente las novedades en tu email