
Incendios en la Patagonia: el recorte del 78% en fondos nacionales agrava una crisis anunciada
09/01/2026
La Política Ambiental
La Patagonia atraviesa una temporada crítica de incendios forestales en un contexto marcado por una decisión política de alto impacto: el Gobierno nacional, encabezado por Javier Milei, recortó un 78% los fondos destinados al combate del fuego. La reducción presupuestaria afecta de manera directa la capacidad de prevención, respuesta y control en una de las regiones más vulnerables del país frente al avance del cambio climático.
La poda alcanza al financiamiento para brigadistas, logística, equipamiento, aeronaves y tareas de prevención. En términos concretos, implica menos personal en territorio, menor disponibilidad de aviones hidrantes y helicópteros, y una respuesta más lenta frente a focos que, en condiciones extremas de sequía y viento, pueden expandirse en cuestión de horas.
Menos recursos, más riesgo
Especialistas y trabajadores del sistema de manejo del fuego advierten que el recorte llega en el peor momento. La Patagonia combina altas temperaturas, sequías prolongadas y vientos intensos, un cóctel que incrementa exponencialmente el riesgo de incendios de gran magnitud. Con menos presupuesto, la estrategia pasa de la prevención al daño consumado.
El ajuste también debilita la coordinación entre Nación y provincias, obligando a los gobiernos locales a cubrir con recursos propios una emergencia que supera largamente sus capacidades. En muchos casos, las provincias patagónicas dependen del apoyo federal para el despliegue aéreo y la asistencia técnica especializada.
Brigadistas al límite
Los brigadistas forestales denuncian condiciones de trabajo cada vez más precarias: contratos temporarios, salarios bajos, falta de equipamiento adecuado y jornadas extenuantes en contextos de alto riesgo. Con menos fondos, estas condiciones se profundizan, poniendo en peligro no solo los bosques y las comunidades, sino también la vida de quienes enfrentan el fuego en primera línea.
Desde el sector advierten que combatir incendios no es solo apagar llamas, sino sostener un sistema integral que incluya capacitación permanente, planificación territorial y monitoreo ambiental. Todo eso requiere inversión sostenida, no recortes.
Impacto ambiental y social
Los incendios en la Patagonia no afectan únicamente a áreas rurales o bosques alejados. Avanzan sobre parques nacionales, áreas protegidas, comunidades rurales y zonas turísticas, destruyendo biodiversidad, suelos, fuentes de agua y medios de vida. La pérdida de bosque nativo tiene efectos de largo plazo: erosión, pérdida de servicios ecosistémicos y mayor vulnerabilidad frente a futuras catástrofes.
En un contexto de crisis climática, cada incendio de gran escala deja cicatrices que tardan décadas en repararse, si es que lo hacen. Reducir recursos para su combate implica aceptar mayores pérdidas ambientales y económicas como costo asumido.
Una política que va a contramano del clima
Mientras distintos países refuerzan sus presupuestos para enfrentar incendios extremos, Argentina avanza en sentido inverso. El recorte del 78% se inscribe en una lógica de ajuste generalizado donde el ambiente aparece como una variable prescindible.
Sin embargo, especialistas remarcan que no invertir en prevención sale mucho más caro: reconstrucción de infraestructura, pérdidas productivas, afectación al turismo, gastos sanitarios y daños irreversibles a ecosistemas estratégicos.
Lo que está en juego
La situación en la Patagonia expone un debate de fondo sobre el rol del Estado frente a la emergencia climática. Con menos recursos para el combate del fuego, la pregunta ya no es si habrá incendios, sino qué tan grandes serán y quién pagará las consecuencias.
En un país atravesado por incendios recurrentes, desmontes e inundaciones, el recorte presupuestario no es solo una decisión contable: es una definición política que impacta de lleno en el ambiente, las comunidades y el futuro de los territorios.


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