La contaminación cloacal que no se detiene en el Río de la Plata: una deuda ambiental histórica

26/01/2026La Política AmbientalLa Política Ambiental
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El Río de la Plata se consolida como uno de los cursos de agua más contaminados de la región por descargas cloacales sin tratamiento adecuado, una situación que afecta de manera directa a millones de personas del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) y a las ciudades costeras de ambas orillas.

Lejos de ser un problema nuevo, la contaminación cloacal del Río de la Plata es una deuda ambiental histórica que se agrava año tras año por la falta de obras estructurales, controles insuficientes y decisiones políticas que postergan el saneamiento frente a otras prioridades.

Millones de litros de efluentes, todos los días

A diario, el Río de la Plata recibe millones de litros de efluentes cloacales provenientes del AMBA. Gran parte de esos vertidos llegan con tratamiento insuficiente o directamente sin tratar, cargados de bacterias, nutrientes, residuos químicos y contaminantes orgánicos.

El impacto no se limita a un punto específico: afecta amplias zonas costeras, altera la calidad del agua, genera olores persistentes y compromete usos básicos como el recreativo, el productivo y, en casos críticos, incluso el abastecimiento de agua potable.

Salud pública y ambiente en riesgo

La contaminación cloacal del Río de la Plata no es solo un problema ambiental, sino también sanitario. La presencia de bacterias fecales y otros patógenos incrementa el riesgo de enfermedades gastrointestinales, dérmicas y respiratorias, especialmente en niños y niñas que viven en barrios ribereños o utilizan el río para actividades recreativas.

Además, los nutrientes presentes en los efluentes favorecen procesos de eutrofización, que reducen el oxígeno disponible en el agua y afectan a peces y otras especies acuáticas, debilitando el ecosistema del estuario.

Obras tardías y controles débiles

Aunque existen planes y obras de saneamiento en distintas etapas, los avances resultan insuficientes frente a la magnitud del problema. Plantas de tratamiento colapsadas, redes cloacales incompletas y descargas de emergencia son parte de un sistema que funciona al límite.

A esto se suma la falta de controles ambientales efectivos y sanciones claras frente a vertidos irregulares. En muchos casos, el daño se naturaliza: el río se usa como cloaca a cielo abierto sin responsables visibles.

Un río estratégico tratado como desagüe

El Río de la Plata es una fuente clave de agua para millones de personas, un corredor ecológico fundamental y un espacio de valor económico, social y cultural. Sin embargo, la gestión pública lo sigue tratando como un receptor pasivo de residuos, en lugar de como un bien común que requiere protección y restauración.

Especialistas advierten que, en un contexto de crisis climática y estrés hídrico, contaminar el principal reservorio de agua dulce de la región es una decisión de alto riesgo.

Derechos ambientales vulnerados

El acceso al agua segura y a un ambiente sano está reconocido por la Constitución Nacional y por tratados internacionales. La contaminación cloacal persistente del Río de la Plata vulnera esos derechos de manera sistemática, sin que existan respuestas proporcionales al daño causado.

Organizaciones ambientales reclaman que el vertido de efluentes sin tratamiento adecuado sea abordado como daño ambiental grave, con obligaciones de recomposición, transparencia en el uso de fondos y responsabilidades claras.

Una urgencia impostergable

Resolver la contaminación cloacal del Río de la Plata exige decisiones políticas de fondo: inversión sostenida en saneamiento, ampliación y modernización de plantas de tratamiento, controles independientes y participación ciudadana.

Mientras el problema se siga postergando, el río continuará pagando el costo de una gestión que prioriza la inercia sobre la prevención. Y con él, millones de personas seguirán expuestas a una contaminación que ya no puede considerarse inevitable, sino evitable y política.

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