Reforma laboral y reforma de la Ley de Glaciares: dos votos, un mismo proyecto de ajuste

28/01/2026La Política AmbientalLa Política Ambiental
en-el-futuro-congreso-el-frente-de-todos-quedara-D4UC7GN6IRAWPDJ7DSBCISYNFM

El 10 de febrero, el Congreso debatirá en simultáneo la reforma laboral y la modificación de la Ley de Glaciares. La coincidencia no es técnica ni casual: expresa una estrategia política que busca avanzar, al mismo tiempo, sobre derechos laborales y protecciones ambientales para viabilizar un modelo económico basado en la reducción de costos y la ampliación del extractivismo.

Por qué se votan juntas
Ambas iniciativas comparten un objetivo central: facilitar la rentabilidad empresaria. La reforma laboral apunta a flexibilizar condiciones de trabajo y debilitar herramientas de organización; la reforma de la Ley de Glaciares intenta reducir salvaguardas ambientales para habilitar proyectos mineros en zonas sensibles, afectando reservas estratégicas de agua.

Votarlas juntas acelera el trámite, dispersa el debate público y reduce la capacidad de resistencia sectorial. Mientras se discute empleo, se cuela el retroceso ambiental; mientras se discute ambiente, se naturaliza el ajuste laboral.

La Ley de Glaciares en la mira
La Ley de Glaciares es una norma de presupuestos mínimos que protege glaciares y ambientes periglaciares, claves para el abastecimiento hídrico. Su modificación abre la puerta a actividades mineras en áreas hoy resguardadas, con impactos potencialmente irreversibles sobre cuencas y ecosistemas de montaña.

Especialistas advierten que tocar esta ley no es un cambio técnico, sino un giro de política pública: priorizar la explotación de corto plazo sobre la seguridad hídrica de largo plazo.

Trabajo y ambiente: el falso dilema
El paquete legislativo reinstala un falso dilema: empleo versus ambiente. La evidencia muestra que debilitar derechos laborales y ambientales no garantiza desarrollo, sino mayor conflictividad, precarización y daños que luego paga la sociedad.

Un desarrollo sostenible exige reglas claras, protección de bienes comunes y trabajo con derechos. Avanzar en sentido contrario traslada costos a trabajadores, comunidades y generaciones futuras.

Una señal política clara
Que ambas reformas se voten juntas envía una señal inequívoca: el ajuste es integral. No se trata de medidas aisladas, sino de un mismo proyecto que combina flexibilización laboral con retrocesos ambientales para destrabar inversiones sin controles suficientes.

Lo que está en juego
Derechos laborales y capacidad de organización.
Agua y protección de glaciares.
Modelo productivo y límites al extractivismo.
El 10 de febrero no se discuten dos leyes separadas. Se discute qué se protege y qué se sacrifica. Y, sobre todo, quién paga el costo del rumbo elegido.
 
 
 

Lo más visto

Suscríbete a La Política Ambiental para recibir periódicamente las novedades en tu email