Meta, la empresa de Mark Zuckerberg, bajo la lupa: un centro de datos contaminó agua reciclada en Estados Unidos y crecen las dudas sobre el impacto ambiental de la inteligencia artificial

14/07/2026La Política AmbientalLa Política Ambiental

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La expansión de la inteligencia artificial volvió a colocar en el centro de la polémica a Meta, la empresa fundada y dirigida por Mark Zuckerberg, luego de que uno de sus nuevos centros de datos fuera señalado como responsable de contaminar el sistema de agua reciclada de la ciudad de Cheyenne, en el estado de Wyoming, Estados Unidos.

Aunque las autoridades aclararon que el agua destinada al consumo humano nunca estuvo comprometida, el episodio volvió a despertar cuestionamientos sobre el enorme impacto ambiental que generan las infraestructuras utilizadas por las grandes compañías tecnológicas para desarrollar inteligencia artificial.

El caso también puso en evidencia un debate que comienza a trasladarse a otros países, entre ellos Argentina, donde distintas empresas anunciaron inversiones para construir nuevos centros de datos destinados a abastecer la creciente demanda de inteligencia artificial y servicios en la nube.

Un megaproyecto de Meta quedó bajo investigación

El incidente ocurrió durante la construcción de un nuevo centro de datos de Meta, la compañía de Mark Zuckerberg, que desarrolla en Cheyenne un complejo de aproximadamente 66.400 metros cuadrados, con una inversión cercana a 800 millones de dólares, conocido internamente como Project Cosmo.

La instalación forma parte del ambicioso plan de expansión impulsado por Zuckerberg para aumentar la capacidad informática de Meta frente a la competencia con otras compañías como Google, Microsoft, Amazon y OpenAI en el desarrollo de inteligencia artificial.

Como ocurre con la mayoría de estos complejos, el centro utilizará enormes sistemas de refrigeración para mantener operativos miles de servidores que procesarán grandes volúmenes de información las 24 horas del día.

Cómo ocurrió la contaminación

Según determinaron las autoridades locales, el incidente se produjo durante las tareas de limpieza y purga de las tuberías del sistema de refrigeración.

Durante esos trabajos fueron descargadas aguas industriales hacia la red municipal de agua reciclada, donde posteriormente se detectó la presencia de Cupriavidus gilardii, una bacteria poco frecuente que habita naturalmente en suelos y ambientes acuáticos.

Aunque representa un riesgo muy bajo para la población en general, puede provocar infecciones oportunistas en personas inmunocomprometidas, motivo por el cual las autoridades activaron un protocolo preventivo.

Las investigaciones permitieron vincular la contaminación con las operaciones desarrolladas durante la construcción del centro de datos.

La respuesta de las autoridades

Tras confirmarse el hallazgo, la Junta de Servicios Públicos de Cheyenne (Board of Public Utilities - BOPU) suspendió las descargas industriales provenientes del complejo de Meta.

Además, revocó la autorización que poseía la empresa contratista Goat Systems LLC para realizar ese tipo de tareas y modificó la normativa local para impedir que futuros centros de datos descarguen aguas residuales similares en la red municipal sin controles más estrictos.

Las autoridades insistieron en que el incidente nunca comprometió el agua potable utilizada por la población y que la contaminación quedó limitada al sistema de agua reciclada destinado a usos industriales y de riego.

No es un caso aislado: los vecinos de Georgia también denunciaron problemas por otro centro de datos de Meta

El episodio ocurrido en Cheyenne, Wyoming, no es el primer conflicto ambiental que enfrenta Meta, la empresa de Mark Zuckerberg, por la expansión de su infraestructura destinada a la inteligencia artificial.

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El centro de datos de Meta en el condado de Newton, Georgia, está a 300 metros de la casa de Jeff y Beverly Morris. Foto: nytimes

En Newton County, en el estado de Georgia, la construcción de otro centro de datos de la compañía desató una fuerte polémica luego de que varios vecinos comenzaran a denunciar problemas con el suministro de agua poco tiempo después del inicio de las obras.

Uno de los casos más emblemáticos es el de Beverly Morris y Jeff Morris, un matrimonio que vive a unos 300 metros del complejo de Meta. Según relataron, pocos meses después de que comenzara la construcción del centro de datos, el agua de su vivienda comenzó a presentar sedimentos y sus electrodomésticos empezaron a averiarse por la acumulación de barro y partículas.

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Jeff and Beverly Morris. foto: nytimes

Con el paso del tiempo, la situación se agravó. La familia aseguró haber tenido que reemplazar sus electrodomésticos en varias oportunidades y hoy sólo dispone de un baño completamente operativo, que comparte junto a su hijo adulto con síndrome de Down. Beverly Morris resumió la situación con una frase que se volvió representativa del conflicto: "Tenemos miedo de tomar nuestra propia agua".

Otro vecino de la zona, Chris Wilson, también denunció una fuerte caída en la presión del agua desde que comenzaron las obras del centro de datos. Explicó que antes cambiaba los filtros de su sistema de agua una vez al año, pero ahora debe hacerlo todos los meses debido a la cantidad de sedimentos. En algunas ocasiones, afirmó, el agua sale tan marrón que parece provenir de un arroyo.

Aunque Meta sostiene que estudios independientes concluyeron que sus instalaciones no utilizan las aguas subterráneas que abastecen a esos hogares y que resulta "muy poco probable" que exista una relación entre el centro de datos y los problemas denunciados, el conflicto continúa generando preocupación entre los habitantes del condado.

El impacto también comenzó a sentirse a nivel regional. De acuerdo con las autoridades del sistema de agua de Newton County, el centro de datos de Meta consume alrededor del 10% del agua utilizada diariamente por todo el condado, mientras que otras empresas tecnológicas ya presentaron proyectos que demandarían volúmenes aún mayores. Ante ese escenario, informes oficiales advirtieron que, si no se amplía la infraestructura hídrica, la región podría enfrentar restricciones en el suministro durante los próximos años.

Este antecedente demuestra que las preocupaciones en torno a los centros de datos no se limitan al consumo energético. En distintas regiones de Estados Unidos ya comenzaron a surgir conflictos por el uso intensivo del agua, la presión sobre la infraestructura pública y la convivencia entre las necesidades de las comunidades locales y el crecimiento acelerado de la inteligencia artificial. Estos casos son observados con atención en países como Argentina, donde también se proyectan nuevas inversiones para desarrollar infraestructura tecnológica de gran escala.

La otra cara de la inteligencia artificial

Más allá de los incidentes registrados, el crecimiento de la inteligencia artificial abrió un debate ambiental que cada vez genera mayor preocupación entre especialistas.

Estos centros de datos consumen enormes cantidades de electricidad para mantener funcionando miles de procesadores de alta capacidad y utilizan millones de litros de agua para refrigerar sus equipos.

A ello se suma la generación de efluentes industriales, la necesidad de ampliar redes eléctricas y de agua, la ocupación de grandes extensiones de terreno y el incremento de emisiones indirectas de carbono cuando la energía utilizada proviene de combustibles fósiles.

Diversas organizaciones ambientales advierten que la carrera mundial por desarrollar inteligencia artificial avanza mucho más rápido que las regulaciones destinadas a controlar sus impactos sobre el ambiente.

¿Qué puede pasar en Argentina?

El caso adquiere especial importancia para Argentina.

Durante los últimos meses, distintas empresas tecnológicas anunciaron proyectos para instalar nuevos centros de datos destinados al desarrollo de inteligencia artificial y servicios en la nube, impulsados por la creciente demanda global de capacidad de procesamiento.

Si bien estas inversiones suelen presentarse como una oportunidad para atraer capitales, generar empleo y modernizar la infraestructura digital del país, especialistas advierten que también podrían generar impactos ambientales similares a los observados en Estados Unidos si no existen controles adecuados.

Entre los principales desafíos aparecen el elevado consumo de energía eléctrica, la utilización intensiva de agua para refrigeración, la necesidad de ampliar la infraestructura de distribución eléctrica y sanitaria, el tratamiento de efluentes industriales y la presión sobre recursos hídricos en provincias que ya enfrentan sequías o conflictos por el acceso al agua.

En un contexto donde Argentina busca posicionarse como un destino atractivo para inversiones tecnológicas, distintos especialistas consideran que los estudios de impacto ambiental deberán incorporar este nuevo tipo de infraestructura y evaluar no sólo sus beneficios económicos, sino también sus consecuencias sobre el ambiente y las comunidades donde serán instalados.

Crecen las críticas a las grandes tecnológicas

Los casos registrados en Wyoming y Georgia volvieron a colocar bajo la lupa a Meta y, en un sentido más amplio, al conjunto de las empresas que lideran la carrera por la inteligencia artificial.

Compañías como Meta, Google, Microsoft, Amazon y otras gigantes tecnológicas continúan anunciando inversiones multimillonarias para construir centros de datos cada vez más grandes, capaces de alimentar el crecimiento exponencial de la IA.

Sin embargo, organizaciones ambientalistas sostienen que esta expansión no puede desarrollarse sin una regulación acorde a sus impactos. Advierten que el uso intensivo de agua y energía, la generación de residuos industriales y la presión sobre la infraestructura pública deben formar parte de la discusión antes de autorizar nuevos proyectos.

El episodio protagonizado por la empresa de Mark Zuckerberg demuestra que la revolución de la inteligencia artificial también plantea desafíos ambientales de enorme magnitud. Para muchos especialistas, el verdadero reto no será únicamente desarrollar tecnologías más potentes, sino garantizar que ese crecimiento no comprometa recursos estratégicos como el agua, la energía y los ecosistemas de las comunidades donde se instalan estos megaproyectos.

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