
Córdoba: advierten por el avance de una especie invasora de ardillas en el Valle de Calamuchita
21/07/2026
La Política Ambiental
Aunque para muchos turistas representan una postal pintoresca de las sierras cordobesas, especialistas alertan que las ardillas de vientre rojo se han convertido en una de las especies exóticas invasoras que más preocupación generan en el Valle de Calamuchita. Un reciente estudio realizado por investigadores de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) confirmó que la población continúa expandiéndose y ya provoca impactos sobre la fauna nativa, la vegetación e incluso la infraestructura urbana.
La investigación se concentró en localidades como La Cumbrecita y Villa Berna, donde la presencia de estos mamíferos aumentó de manera sostenida durante los últimos años. Según el relevamiento, actualmente existen alrededor de 13 ejemplares por hectárea en los sectores urbanos, una densidad que evidencia el rápido crecimiento de la especie y la dificultad para controlar su expansión.
Una especie que no pertenece al ecosistema cordobés
La ardilla de vientre rojo (Callosciurus erythraeus) es originaria de Asia y no forma parte de la fauna autóctona argentina. Su presencia en Córdoba comenzó en 1999, cuando alrededor de 30 ejemplares fueron liberados en la región serrana.
Lo que inicialmente parecía una introducción aislada terminó convirtiéndose, con el paso del tiempo, en una invasión biológica. Gracias a su elevada capacidad reproductiva y adaptación a distintos ambientes, la especie logró establecerse y multiplicarse rápidamente.
Los investigadores explican que las ardillas aprovechan el arbolado urbano, las especies vegetales exóticas y hasta el tendido eléctrico para desplazarse entre distintos sectores, facilitando así su expansión por nuevas áreas del valle.
El problema no es la ardilla, sino dónde vive
Los especialistas remarcan que el inconveniente no radica en el animal en sí, sino en que se trata de una especie exótica introducida en un ecosistema donde no posee depredadores naturales capaces de controlar su población.
Esta situación genera competencia con la fauna autóctona por alimento, refugio y espacio, alterando el equilibrio ecológico del bosque serrano.
Además, las ardillas provocan daños directos sobre la vegetación al desprender la corteza de numerosos árboles, una práctica conocida como descortezado que puede debilitarlos e incluso provocar su muerte. También consumen frutos, semillas y brotes, modificando los procesos naturales de regeneración del bosque.
Impactos que también llegan a las ciudades
Los efectos de esta invasión no se limitan al ambiente natural.
En localidades como La Cumbrecita, vecinos y prestadores turísticos reportan desde hace tiempo daños sobre cables eléctricos, conexiones domiciliarias y otros elementos de infraestructura. Las ardillas utilizan estas estructuras para desplazarse y, al roer los materiales, pueden ocasionar cortes de energía y costosas reparaciones.
A esto se suma un fenómeno que preocupa especialmente a los investigadores: la creciente asociación de la especie con la identidad turística de algunas localidades.
Su imagen comenzó a aparecer en productos regionales, cartelería y logotipos comerciales, lo que, según los especialistas, contribuye a romantizar una problemática ambiental y desplaza simbólicamente a la fauna nativa que caracteriza a las sierras cordobesas.
El mascotismo y los traslados ilegales agravan la situación
Otro de los factores que favorecen la expansión de la especie es la captura y traslado ilegal de ejemplares.
Los investigadores advierten que algunas personas llevan ardillas hacia otras localidades para liberarlas o mantenerlas como mascotas, una práctica prohibida que incrementa el riesgo de generar nuevos focos de invasión en distintos puntos de la provincia e incluso en otras regiones del país.
Esta dispersión provocada por la acción humana acelera el avance de una especie que ya fue detectada también en Buenos Aires, Santa Fe y Mendoza.
Educación ambiental, la principal herramienta
Frente a este escenario, los especialistas consideran que la medida más urgente no pasa únicamente por el control de la población, sino por fortalecer la educación ambiental.
Entre las acciones propuestas se encuentran campañas de concientización para explicar el impacto de las especies exóticas invasoras, la instalación de cartelería informativa en los principales centros turísticos y la promoción de la fauna nativa como símbolo de las sierras cordobesas.
También recomiendan evitar alimentar a las ardillas, desalentar actividades turísticas que incentiven su observación como atractivo principal y no capturar, comprar, vender ni trasladar ejemplares bajo ninguna circunstancia.
Un desafío creciente para la conservación
La expansión de la ardilla de vientre rojo refleja uno de los problemas ambientales más complejos de las últimas décadas: las invasiones biológicas.
A diferencia de otras amenazas más visibles, como los incendios o la deforestación, las especies exóticas invasoras modifican lentamente el funcionamiento de los ecosistemas, afectando la biodiversidad y generando impactos que muchas veces solo se hacen evidentes cuando la población ya resulta muy difícil de controlar.
El caso del Valle de Calamuchita vuelve a demostrar que la conservación de la fauna nativa no depende únicamente de proteger los ambientes naturales, sino también de prevenir la introducción y expansión de especies que alteran el equilibrio ecológico de uno de los paisajes más emblemáticos de Córdoba.




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