
Colombia: el terremoto de 7,4 que dejó más de 169 muertos y expuso la fragilidad de una región atravesada por volcanes y fallas geológicas
11/08/2026
La Política Ambiental
El occidente de Colombia continúa en emergencia luego del terremoto de magnitud 7,4 que sacudió al país durante la mañana del lunes 10 de agosto. El sismo, uno de los más fuertes registrados en territorio colombiano en las últimas décadas, provocó el colapso de edificios, hospitales y viviendas, dejó cientos de personas heridas y mantiene a los equipos de rescate trabajando entre los escombros.
El último balance disponible eleva a al menos 164 las personas fallecidas, mientras continúan las tareas de búsqueda de sobrevivientes y se espera que la cifra pueda aumentar. La magnitud de la tragedia todavía está siendo dimensionada en varias localidades que permanecen parcialmente incomunicadas.
Cali, Pereira y Chocó, entre las zonas más golpeadas
La ciudad de Cali aparece entre los territorios con mayor cantidad de víctimas y daños. Al menos 85 personas murieron allí, mientras numerosos edificios quedaron destruidos o seriamente comprometidos. Uno de los episodios más graves ocurrió en un hospital, donde parte de la estructura colapsó y cientos de pacientes tuvieron que ser atendidos en el exterior.
En Pereira, capital de Risaralda, se contabilizaron otras 66 víctimas fatales. La ciudad sufrió importantes daños estructurales, incluyendo edificios residenciales y comerciales, mientras el aeropuerto también registró fuertes movimientos y daños durante el terremoto.
El departamento del Chocó, donde se ubicó el epicentro, también registra víctimas. Al menos 13 personas murieron en esta región, aunque la evaluación continúa siendo compleja debido a las dificultades de comunicación y acceso a algunas zonas rurales.
También se reportaron daños importantes en Manizales, Armenia, Buenaventura, Quibdó y otras localidades del occidente y centro del país.
El impacto sobre la infraestructura es considerable: el último relevamiento disponible contabiliza 1.575 viviendas dañadas, 37 completamente destruidas y 61 edificios colapsados. Hospitales, escuelas, carreteras y aeropuertos también sufrieron daños.
¿Dónde fue el epicentro?
El epicentro se localizó cerca de San José del Palmar, en el departamento del Chocó, en el occidente colombiano. El terremoto ocurrió a las 7:34 de la mañana del lunes y tuvo una profundidad cercana a los 100 kilómetros, según los distintos reportes del Servicio Geológico Colombiano.
La profundidad es uno de los elementos importantes para entender por qué el movimiento pudo sentirse a cientos de kilómetros de distancia. A diferencia de un terremoto muy superficial, la energía de un sismo de profundidad intermedia puede propagarse ampliamente por el interior de la corteza y ser percibida en una extensa región.
El movimiento fue sentido en numerosas ciudades colombianas y también en países vecinos.
¿Por qué ocurrió el terremoto?
La explicación está en la enorme presión tectónica que existe en el noroeste de Sudamérica.
Frente a las costas del Pacífico, la placa de Nazca se desplaza hacia el este y se introduce por debajo de la placa Sudamericana. Ese proceso, conocido como subducción, genera una enorme acumulación de esfuerzos en el interior de la Tierra.
En el sector occidental de Colombia, la placa oceánica avanza varios centímetros por año y permanece hundida debajo del continente. Cuando las rocas no pueden seguir soportando la presión acumulada, se produce una ruptura y la energía almacenada se libera en forma de ondas sísmicas.
El terremoto del 10 de agosto se produjo precisamente en este contexto tectónico. Su profundidad indica que el fenómeno tuvo lugar dentro de la estructura de la placa oceánica que ya se encuentra debajo del continente.
Por eso no se trata de un terremoto provocado por un volcán.
Colombia es uno de los países sísmicamente más activos de América del Sur porque se encuentra en una zona donde interactúan varias placas tectónicas y sistemas de fallas. Los terremotos forman parte de la dinámica natural de los Andes y del margen del Pacífico.
¿Hay un volcán cerca? Sí. Y está atravesando un momento particular
La pregunta adquiere especial relevancia porque existe un volcán activo relativamente cerca de algunas de las zonas afectadas: el Puracé, ubicado en el departamento del Cauca, aproximadamente 27 kilómetros al sudeste de Popayán.
Pero hay un dato todavía más importante: el Puracé ya se encontraba en alerta naranja antes del terremoto.
El Servicio Geológico Colombiano elevó el nivel de alerta del volcán el 1 de agosto debido a un incremento significativo de la actividad sísmica dentro del sistema volcánico, junto con un aumento de la temperatura de las emisiones y de gases como dióxido de azufre y dióxido de carbono.
Desde el 20 de julio, el organismo había detectado un aumento de la actividad del volcán, con columnas de gas y ceniza que llegaron a alcanzar aproximadamente 3.400 metros sobre la cima. También se registraron niveles elevados de emisión de dióxido de azufre.
Esto significa que Colombia enfrenta dos fenómenos geológicos diferentes al mismo tiempo: por un lado, un terremoto de gran magnitud generado por la dinámica tectónica; por otro, un volcán que ya presentaba señales de incremento de actividad.
El terremoto y el volcán: ¿están relacionados?
Hasta el momento, no hay evidencia para afirmar que el terremoto haya sido provocado por el Puracé.
El origen del terremoto está vinculado a la dinámica tectónica de la región y a la subducción de la placa de Nazca. El Puracé, en cambio, tiene su propia dinámica interna asociada al movimiento de magma y fluidos dentro del sistema volcánico.
Sin embargo, el terremoto sí adquiere especial relevancia porque ocurrió en una región donde existe una intensa actividad geológica y numerosos volcanes.
El Servicio Geológico Colombiano monitorea permanentemente al Puracé y advierte que la alerta naranja significa que existe una mayor posibilidad de una erupción respecto de un estado de actividad normal, pero no significa que una erupción sea inevitable o que vaya a producirse inmediatamente.
De hecho, el Puracé ya había mostrado episodios de incremento de actividad durante los últimos años, por lo que su situación no comenzó con el terremoto.
Un país construido sobre una de las regiones geológicas más activas del planeta
La tragedia vuelve a poner sobre la mesa una realidad que Colombia conoce desde hace décadas: los terremotos no son eventos excepcionales en el territorio.
La región afectada por el terremoto actual es además la misma zona que sufrió una de las grandes tragedias sísmicas de la historia reciente del país. El terremoto de 1999 en el Eje Cafetero dejó más de mil muertos y provocó una enorme destrucción en ciudades como Armenia y Pereira.
La diferencia es que ahora el país cuenta con sistemas de monitoreo, normas de construcción sismorresistente y organismos especializados que permiten responder de manera mucho más rápida.
Pero la existencia de esas herramientas no elimina el riesgo.
El terremoto volvió a mostrar que la vulnerabilidad no depende solamente de la magnitud de un fenómeno natural. También influyen la calidad de las construcciones, la ubicación de las ciudades, las condiciones del suelo, la infraestructura hospitalaria, las rutas de evacuación y la capacidad de respuesta de cada territorio.
Las próximas horas serán clave
Los equipos de emergencia continúan trabajando en Cali, Pereira, Chocó y otras localidades para localizar personas que todavía podrían encontrarse atrapadas bajo los escombros.
Además de las víctimas y los daños materiales, persisten riesgos secundarios: nuevas réplicas, derrumbes, edificios estructuralmente comprometidos y dificultades para garantizar servicios básicos.
El Servicio Geológico Colombiano ya registró decenas de réplicas luego del terremoto principal, por lo que las autoridades mantienen el monitoreo de la actividad sísmica.
La tragedia colombiana vuelve a recordar algo que muchas veces queda relegado hasta que ocurre un desastre: la Tierra no necesita estar en calma para que una sociedad pueda vivir sobre ella, pero sí necesita estar preparada para cuando deje de estarlo.
Y en Colombia, donde las placas tectónicas chocan, los volcanes permanecen activos y las montañas concentran millones de habitantes, la prevención no es una opción: es una política ambiental y de protección de la vida.


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