Chubut: el mega data center de inteligencia artificial que proyectan instalar en Trelew pone bajo la lupa el consumo de agua y energía

12/08/2026La Política AmbientalLa Política Ambiental
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Imagen ilustrativa - El Valle Online

La llegada de un mega data center de inteligencia artificial a las cercanías de Trelew es presentada como una oportunidad histórica para Chubut. La empresa polaca Green Capital proyecta instalar en la Patagonia el Atlas GigaHub.1, un complejo de infraestructura digital que podría alcanzar aproximadamente 3.000 MW de capacidad y que estaría acompañado por casi 10.000 MW de generación renovable y sistemas de almacenamiento.

La magnitud del proyecto obliga, sin embargo, a correr el foco de la promesa de inversiones y comenzar a discutir su otra cara: los recursos naturales que serán necesarios para mantener funcionando una infraestructura de esta escala.

Porque detrás de cada consulta a una inteligencia artificial, cada modelo entrenado y cada servidor funcionando las 24 horas existe una demanda física de electricidad, refrigeración, infraestructura y recursos naturales. Y en la Patagonia, donde el agua es un recurso estratégico y los ecosistemas son particularmente sensibles a las transformaciones territoriales, esa discusión no puede quedar relegada.

Una demanda energética de escala extraordinaria

Uno de los principales argumentos utilizados para justificar la elección de Chubut es justamente su disponibilidad de recursos energéticos. La empresa sostiene que Patagonia ofrece condiciones excepcionales para desarrollar generación eólica y solar a gran escala y abastecer directamente al complejo.

Pero allí aparece una de las primeras preguntas ambientales: ¿para quién se generará esa energía?

El proyecto no está pensado principalmente para abastecer las necesidades energéticas de Trelew ni para resolver el déficit de infraestructura de la región. Su objetivo es alimentar una enorme capacidad informática destinada a servicios de inteligencia artificial, con mercados potenciales en Europa y Estados Unidos.

Green Capital plantea un modelo en el que el data center se construye alrededor de la disponibilidad de energía y asegura que contará con generación propia. Esto puede reducir la presión directa sobre la red eléctrica convencional, pero no elimina el impacto territorial de producir la enorme cantidad de electricidad necesaria para sostener el proyecto.

Para dimensionar la escala, la capacidad objetivo del data center sería de alrededor de 3 GW, mientras que la infraestructura energética asociada podría llegar a casi 10 GW de generación renovable. Eso implica parques eólicos y solares, líneas eléctricas, sistemas de almacenamiento, caminos, instalaciones auxiliares y toda una infraestructura destinada a sostener una nueva demanda energética de enorme magnitud.

La energía puede ser renovable, pero eso no significa que sea ambientalmente gratuita.

Un parque eólico o solar necesita territorio, materiales, caminos, redes de transmisión y mantenimiento. Su impacto climático puede ser considerablemente menor que el de una central fósil, pero eso no significa que la transformación territorial desaparezca.

El agua: el recurso que todavía necesita respuestas

La otra gran incógnita es el agua.

Los centros de datos necesitan refrigerar permanentemente los equipos informáticos. Los servidores que procesan inteligencia artificial generan grandes cantidades de calor y mantenerlos funcionando requiere sistemas de enfriamiento constantes.

El agua ocupa un papel importante en distintos sistemas de refrigeración de centros de datos. Google, por ejemplo, reconoce que utiliza agua para refrigerar sus servidores y mantener las temperaturas adecuadas, aunque la cantidad y el sistema utilizado dependen de las características de cada instalación.

Esto vuelve especialmente relevante conocer qué tecnología de refrigeración utilizará Atlas GigaHub.1, cuánta agua necesitará, de dónde será extraída, qué porcentaje será recirculado y qué ocurrirá con el agua utilizada.

Hasta el momento, la información pública disponible sobre el proyecto pone mucho más énfasis en la disponibilidad energética y en las condiciones territoriales que en ofrecer cifras detalladas sobre su demanda hídrica.

Y ese vacío es relevante.

No alcanza con afirmar que el proyecto será alimentado con energía renovable. Si se pretende presentar la iniciativa como un modelo sustentable, también debería conocerse con precisión cuál será su huella hídrica.

Patagonia no es un territorio sin límites

La elección de Chubut se explica, entre otras razones, por sus grandes extensiones de territorio, su baja densidad poblacional, sus condiciones climáticas y su enorme potencial eólico. La propia empresa destaca estos factores como ventajas para instalar el complejo.

Pero existe un riesgo en la manera de presentar esta situación: interpretar la baja densidad poblacional como si significara que el territorio está vacío.

La Patagonia no es un espacio sin ecosistemas, actividades productivas, fauna, cursos de agua o comunidades. Tampoco es un territorio donde los recursos naturales sean infinitos.

La instalación de infraestructura energética de esta escala puede generar transformaciones sobre el suelo, fragmentación de ambientes, modificación de hábitats y nuevas demandas sobre redes de transporte y transmisión.

Por eso, la pregunta ambiental no debería ser solamente cuánto dinero ingresará a Chubut, sino también cuánto territorio será transformado y qué recursos naturales serán comprometidos para sostener el proyecto durante décadas.

La inteligencia artificial también tiene una huella física

Durante los últimos años, la inteligencia artificial fue presentada muchas veces como una revolución esencialmente digital. Pero los mega data centers muestran exactamente lo contrario.

La inteligencia artificial necesita infraestructura física.

Necesita enormes edificios llenos de servidores, electricidad permanente, sistemas de refrigeración, almacenamiento, fibra óptica, baterías, redes de transmisión y generación energética.

Una investigación publicada en agosto de 2026 sobre los impactos ambientales y económicos de los data centers de inteligencia artificial advierte que sus consecuencias dependen de los sistemas eléctricos, las necesidades de refrigeración, el agua y el uso del territorio. El estudio señala que los impactos locales pueden incluir presión sobre los recursos hídricos y transformaciones en el uso del suelo.

Por eso, trasladar estos centros hacia lugares donde existe abundante energía renovable puede reducir determinados impactos, pero no elimina la huella ambiental de la inteligencia artificial.

Simplemente cambia dónde se produce.

¿Energía renovable para exportar servicios digitales?

Uno de los puntos que debería formar parte del debate público es el destino de esa enorme cantidad de energía.

La empresa plantea que el proyecto estará orientado a abastecer servicios computacionales para mercados internacionales y que la ubicación geográfica resulta menos importante que el acceso a energía abundante y competitiva.

En otras palabras, Patagonia podría convertirse en el territorio donde se genera la electricidad y se procesan los datos necesarios para una industria tecnológica cuyo mercado se encuentra, en buena medida, a miles de kilómetros.

Esto abre una discusión que excede al propio data center: ¿Argentina debe convertirse en un gran proveedor de energía y territorio para la economía global de la inteligencia artificial?

Y si la respuesta es sí, la discusión debería incluir condiciones ambientales estrictas, beneficios concretos para las comunidades locales, transparencia sobre el uso de los recursos y garantías de que la infraestructura no terminará trasladando sus costos ambientales al territorio.

El proyecto todavía está en una etapa temprana

También es importante poner el proyecto en contexto. Atlas GigaHub.1 todavía se encuentra en una etapa inicial de desarrollo. Green Capital informó que continúa realizando evaluaciones energéticas y estudios ambientales mientras avanza en la estructura de financiamiento y asociaciones necesarias para concretarlo.

Eso significa que todavía existe una oportunidad para discutir públicamente sus condiciones antes de que las obras comiencen.

La provincia de Chubut ya firmó un Memorándum de Entendimiento con Green Capital y otras empresas vinculadas al proyecto, mientras el Gobierno provincial busca posicionar a Chubut como un polo de infraestructura digital.

Precisamente por encontrarse en esta etapa, la evaluación ambiental no debería ser un trámite posterior a la decisión política de instalar el complejo.

Debería ser uno de los elementos centrales para determinar si el proyecto resulta ambientalmente viable.

El verdadero desafío: que la transición energética no sea solamente un cambio de fuente

El discurso de las energías renovables puede hacer que un proyecto de esta magnitud parezca automáticamente sustentable. Pero la transición energética no consiste únicamente en reemplazar combustibles fósiles por viento y sol.

También implica discutir cuánta energía se consume, para qué se consume, dónde se produce, quién se beneficia y qué impactos genera su infraestructura.

En Trelew, esas preguntas adquieren una dimensión particular.

El proyecto podría convertir a Chubut en un actor relevante dentro de la nueva economía digital y generar inversiones e infraestructura. Pero también podría transformar una enorme cantidad de territorio y concentrar recursos energéticos y naturales en una instalación destinada a sostener el crecimiento global de la inteligencia artificial.

Y hay una pregunta que todavía necesita respuestas concretas: ¿cuánta agua y cuánta energía demandará realmente el Atlas GigaHub.1 cuando esté funcionando a plena capacidad?

Antes de hablar de la llegada de la inteligencia artificial a la Patagonia como una revolución tecnológica, esa cifra debería estar sobre la mesa.

Porque los datos pueden almacenarse en la nube, pero los recursos necesarios para procesarlos salen de la tierra.

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