Antártida: el calentamiento está liberando mercurio acumulado durante décadas y amenaza al océano Austral

08/09/2026La Política AmbientalLa Política Ambiental

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El calentamiento global está provocando un efecto inesperado en uno de los lugares más remotos del planeta: la Antártida comenzó a liberar hacia el océano parte del mercurio que permaneció acumulado durante décadas en el hielo, los suelos y los sedimentos. El fenómeno fue identificado en la Península Antártica, una de las regiones del continente que más rápidamente se está calentando y donde el retroceso de los glaciares está modificando el ciclo de este contaminante altamente tóxico.

La investigación, realizada por científicos de instituciones de China y Estados Unidos, reconstruyó aproximadamente 200 años de comportamiento del mercurio mediante el análisis de 16 núcleos de sedimentos obtenidos en la plataforma de la Península Antártica. Los resultados muestran que la zona se convirtió en uno de los principales puntos de acumulación de mercurio en los océanos.

Un contaminante que quedó atrapado en el hielo

El mercurio que hoy aparece en el ambiente antártico no se originó necesariamente allí. Durante décadas, las emisiones provenientes de actividades industriales y otras fuentes ubicadas a grandes distancias fueron transportadas por la atmósfera hasta las regiones polares, donde terminaron depositándose y quedando almacenadas en diferentes componentes del ambiente.

El problema es que el calentamiento está alterando ese mecanismo de almacenamiento. A medida que los glaciares retroceden, el hielo se derrite y la erosión aumenta, parte de ese denominado “mercurio histórico” vuelve a quedar expuesto y puede ser transportado hacia los ecosistemas costeros y el océano Austral.

El estudio determinó que la tasa moderna de acumulación de mercurio en la plataforma antártica alcanza unos 93 microgramos por metro cuadrado al año, aproximadamente el doble del promedio registrado en las plataformas continentales a escala global. Desde el comienzo de la industrialización, esa acumulación aumentó alrededor de un 160%.

El deshielo multiplicó la liberación del mercurio

Uno de los resultados más preocupantes aparece al analizar cómo cambió el intercambio del contaminante.

Los investigadores estimaron que la liberación de mercurio desde las áreas terrestres impulsada por el derretimiento del hielo aumentó un 550%, mientras que el intercambio entre la atmósfera y el océano creció un 350%. Estos incrementos muestran que el cambio climático no solamente está derritiendo hielo: también está modificando la circulación de sustancias contaminantes que habían quedado almacenadas durante décadas.

El fenómeno funciona a través de dos procesos que se potencian entre sí. Por un lado, el retroceso del hielo deja una superficie oceánica cada vez mayor expuesta a la atmósfera, facilitando la incorporación del mercurio presente en el aire. Por otro, el deshielo y la erosión movilizan el mercurio acumulado históricamente en tierra y lo trasladan hacia el mar.

De esta manera, una región que durante mucho tiempo funcionó como un reservorio de mercurio está comenzando a comportarse como una fuente secundaria de contaminación.

El verdadero problema comienza cuando llega al océano

La preocupación no se limita al mercurio presente en el agua. Una vez que el contaminante ingresa a los ecosistemas marinos puede atravesar diferentes procesos químicos y transformarse en metilmercurio, una de las formas más tóxicas del elemento.

Esta sustancia puede incorporarse a los organismos y concentrarse progresivamente a medida que avanza por la cadena alimentaria. El proceso puede comenzar en organismos pequeños y terminar afectando a peces y grandes depredadores.

Investigaciones recientes ya detectaron bioacumulación y transferencia de mercurio y metilmercurio en peces antárticos, demostrando que el contaminante puede incorporarse a las redes alimentarias del continente. En particular, estudios realizados sobre peces de la Antártida encontraron concentraciones que aumentan en relación con su posición dentro de la cadena trófica.

Esto genera preocupación no solamente por la conservación de la fauna marina, sino también por las actividades pesqueras que dependen de los ecosistemas del océano Austral.

La Antártida no es el único lugar donde ocurre

El hallazgo también obliga a mirar más allá de la Península Antártica.

Los científicos advierten que los mecanismos identificados podrían tener implicancias para otras zonas del océano Austral donde el calentamiento, el retroceso de los glaciares y la pérdida de hielo estén movilizando contaminantes almacenados durante largos períodos.

Otro estudio publicado en 2026 encontró, además, que la circulación atmosférica proveniente del continente antártico influye fuertemente sobre la distribución del mercurio en la atmósfera sobre el océano Austral. Los investigadores observaron episodios de fuerte disminución del mercurio atmosférico durante el verano y señalaron que los vientos que descienden desde el continente pueden concentrar estos procesos en determinadas zonas.

Esto demuestra que el ciclo del mercurio en la región es mucho más complejo de lo que se suponía y que existe una interacción permanente entre atmósfera, hielo, tierra y océano.

El cambio climático también puede reactivar contaminantes del pasado

El hallazgo suma una nueva dimensión al impacto del calentamiento global. El deshielo no solamente implica pérdida de masa glaciar, aumento del nivel del mar o transformación de los hábitats: también puede funcionar como un mecanismo capaz de reactivar contaminantes que permanecieron almacenados durante décadas.

La investigación sobre la Península Antártica muestra justamente ese cambio: un contaminante transportado históricamente desde otras regiones del planeta quedó atrapado en el sistema antártico y ahora, debido al calentamiento, está volviendo a movilizarse.

Por eso, reducir las emisiones de mercurio continúa siendo fundamental, pero los investigadores también remarcan la necesidad de limitar las emisiones de gases de efecto invernadero. Mientras continúe el calentamiento y avance el retroceso del hielo, el reservorio histórico de mercurio almacenado en la Antártida podría seguir transformándose en una fuente activa de contaminación para el océano Austral.

El dato más inquietante es que el cambio climático no solamente está creando nuevos problemas ambientales: también puede estar desenterrando y devolviendo al ambiente contaminantes que la humanidad liberó décadas atrás.

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