
Salta: un pozo petrolero abandonado sigue contaminando y la fuga lleva tres años sin solución
El L.O. X-10, perforado en 1983 en Lomas de Olmedo, continúa expulsando gases y líquidos con hidrocarburos. Una pericia oficial confirmó daño ambiental, mientras la contaminación avanza sobre el bosque, los productores denuncian mortandad de animales y la Justicia investiga las responsabilidades empresariales por el abandono de la perforación.
La Política Ambiental
Tres años después de que comenzaran a detectarse las primeras fugas, el pozo petrolero L.O. X-10 continúa siendo uno de los pasivos ambientales más graves del norte argentino.
La perforación se encuentra en el área hidrocarburífera Puesto Guardián, en Lomas de Olmedo, jurisdicción de Pichanal, departamento Orán, al norte de Salta. Fue perforada en 1983 por YPF y posteriormente quedó bajo distintas concesiones privadas. La última operadora fue President Petroleum S.A., cuya quiebra fue declarada en 2025.
En septiembre, una nueva recorrida periodística por la zona constató que la fuga continúa. Los líquidos que salen de la perforación formaron acumulaciones que ya se extienden a cientos de metros, mientras el fuerte olor a hidrocarburos vuelve prácticamente imposible permanecer cerca del pozo sin elementos de protección respiratoria.
La escena muestra hasta dónde puede llegar un pasivo petrolero cuando el cierre definitivo de un pozo falla y la remediación se posterga durante años.
Una pericia confirmó la contaminación
La investigación judicial ya cuenta con elementos técnicos que acreditan que existe daño ambiental.
Según informó el Ministerio Público Fiscal de Salta, especialistas del Cuerpo de Investigaciones Fiscales (CIF) analizaron las emanaciones descontroladas de gases y fluidos del L.O. X-10 y documentaron consecuencias graves sobre el ecosistema en superficie.
La Fiscalía también incorporó documentación sobre la construcción del pozo, su explotación, las empresas que tuvieron sucesivamente la concesión y las condiciones en que quedó abandonado. Entre las hipótesis investigadas aparecen un abandono deficiente y procesos de corrosión o rotura producidos con el paso del tiempo.
Una cobertura realizada por TN a comienzos de septiembre agregó otro dato preocupante. De acuerdo con las fiscales que intervienen en el expediente, muestras obtenidas en la zona presentaron concentraciones de hidrocarburos y distintos compuestos químicos por encima de los límites admitidos por la normativa. Entre ellos fueron detectados etilbenceno, fenantreno, naftaleno, pireno, tolueno y xileno.
Los especialistas también advirtieron sobre el riesgo de que la contaminación alcance las napas freáticas utilizadas en la región.
Animales muertos y bosque degradado
El deterioro ambiental puede observarse alrededor de la perforación.
En la última recorrida realizada por periodistas se contabilizaron al menos 13 vacas muertas en inmediaciones del ingreso. Productores de la zona sostienen que la mortandad acumulada desde el comienzo del episodio es considerablemente mayor.
Greenpeace, que inspeccionó y documentó el lugar durante 2026, estimó que existen más de 20 hectáreas de suelo y agua afectadas, además de sectores de bosque nativo severamente degradados y fauna muerta. La organización también denunció que algunas familias debieron abandonar el área debido a las condiciones ambientales.
Las imágenes del lugar muestran árboles secos, suelo cubierto por fluidos, lagunas de tonalidades amarillentas y sectores donde la vegetación prácticamente desapareció.
El problema de cerrar un pozo fuera de control
La solución técnica tampoco aparece sencilla.
El abandono definitivo de un pozo petrolero requiere aislar las distintas formaciones geológicas y evitar que gases, petróleo o agua de formación puedan migrar hacia la superficie o hacia acuíferos.
En este caso, el CIF concluyó que intentar realizar inmediatamente determinadas maniobras de cierre presenta riesgos por las condiciones actuales de la perforación. Especialistas del sector consultados por TN sostienen, en cambio, que técnicamente sería posible intervenir, aunque el costo y la complejidad aumentaron considerablemente después de años de fuga.
Mientras se discute cómo realizar el sellado definitivo, los líquidos continúan saliendo.
Ese punto concentra uno de los aspectos más graves del caso: la Justicia puede tardar años en determinar responsabilidades, pero el daño ambiental continúa produciéndose todos los días.
La provincia recuperó la concesión, pero el problema continúa
A fines de 2025, Salta declaró la caducidad de la concesión que estaba en manos de President Petroleum y recuperó el control del área. Posteriormente se dispuso que la empresa provincial REMSa interviniera en su manejo mientras se definía una nueva licitación.
La recuperación de la concesión, sin embargo, todavía no se tradujo en la eliminación de la fuente contaminante.
Por eso el caso plantea una discusión que excede al pozo L.O. X-10: qué ocurre con los pasivos ambientales cuando una petrolera abandona una explotación, entra en quiebra o deja una perforación sin un cierre técnicamente adecuado.
Los costos pueden ser enormes. Y cuando la empresa responsable ya no tiene capacidad económica para afrontar la reparación, la remediación termina convirtiéndose en un problema para el Estado y para las comunidades que permanecen en el territorio.
Una investigación penal que sigue abierta
La fiscal penal de Pichanal, María Sofía Fuentes, continúa investigando el caso. Durante julio, tres decisiones judiciales rechazaron planteos efectuados por la defensa de uno de los imputados y permitieron que siguiera adelante la producción de prueba.
Además, el Ministerio Público conformó una unidad fiscal con intervención de especialistas ambientales para trabajar tanto sobre las eventuales responsabilidades penales como sobre la recomposición del daño socioambiental.
La causa busca establecer qué ocurrió con el abandono del pozo, qué obligaciones tenían las sucesivas empresas concesionarias y quién deberá afrontar finalmente los costos de contener la fuga, sellar la perforación y recuperar el territorio afectado.
TN informó que el empresario británico Peter Michael Levine, vinculado a President Petroleum, se encontraba imputado y fuera del país al momento de su publicación.
El pasivo que sigue creciendo
El L.O. X-10 dejó de ser solamente un viejo pozo petrolero.
Hoy representa una advertencia sobre los costos ambientales que puede dejar la industria hidrocarburífera cuando los mecanismos de abandono, fiscalización y garantía económica fracasan.
El bosque perdido, los animales muertos y los fluidos que siguen extendiéndose alrededor de la perforación muestran que la discusión ya no pasa únicamente por establecer quién fue responsable.
Salta tiene además un problema que debe resolver en el presente: detener la contaminación y comenzar la recomposición de un ambiente que lleva años recibiendo hidrocarburos.
Mientras eso no ocurra, el pozo de Lomas de Olmedo seguirá abierto y el pasivo ambiental seguirá creciendo.


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