
Córdoba: funcionario judicial tapó una madriguera y provocó la muerte de una familia de lechuzas
La Política Ambiental
Una familia de lechuzas murió después de que su madriguera fuera tapada con tierra y escombros dentro de un barrio privado de Córdoba. El responsable de la intervención es un funcionario del Poder Judicial provincial, y el episodio terminó con una sanción ambiental que supera los $3,5 millones.
El hecho ocurrió el 29 de marzo en el barrio Las Corzuelas, en Unquillo, donde las lechuzas vizcacheras tenían su refugio. Las cámaras de seguridad del lugar registraron la intervención sobre la madriguera y, posteriormente, los vecinos denunciaron lo sucedido.
El funcionario señalado es Lucio Agustín Sarnago, de 48 años, quien se desempeña en la Asesoría Letrada Penal de 19° Turno del Centro Judicial Capital.
La intervención sobre el refugio tuvo una consecuencia irreversible: las lechuzas que se encontraban en su interior murieron.

Una madriguera convertida en un problema
Las lechuzas vizcacheras forman parte de la fauna silvestre de Córdoba y utilizan madrigueras para refugiarse y reproducirse. Su presencia en zonas urbanizadas no es una anomalía: es una consecuencia de que las ciudades y los barrios privados avanzan sobre espacios que también son utilizados por la fauna.
Pero en Las Corzuelas, la convivencia terminó de la peor manera.
En lugar de preservar el refugio o recurrir a especialistas para encontrar una solución, la madriguera fue bloqueada con tierra y escombros. Los animales quedaron atrapados y murieron.
El episodio provocó indignación entre los vecinos y abrió actuaciones ambientales y judiciales.
Porque detrás de lo que puede parecer una simple cueva en el suelo había una familia de animales que dependía de ese lugar para sobrevivir.
Una multa millonaria y reparación ambiental
El Tribunal Administrativo de Faltas Ambientales de Córdoba intervino en el caso y estableció una multa de $3.523.641, en el marco de la Ley Provincial 11.027.
La sanción también contempló medidas destinadas a reparar el daño ambiental. Sarnago realizó la capacitación obligatoria de la Ley Yolanda, vinculada con la formación ambiental de quienes cumplen funciones públicas, y llevó adelante tareas de voluntariado en el Parque de la Biodiversidad de Córdoba.
Además, comenzó una capacitación en educación ambiental en la Universidad Libre del Ambiente.
El dinero puede formar parte de una reparación. Las capacitaciones también. Pero existe algo que ninguna sanción administrativa puede solucionar: las lechuzas que murieron no pueden volver.
El expediente también está en la Justicia penal
La historia no terminó con la multa.
La Fiscalía de Liliana Copello remitió las actuaciones al Juzgado de Control 4, a cargo de Anahí Hanmpartzoumian. La protectora Esperanza San Roque fue admitida como parte querellante y la causa pasó a la Oficina de Medidas Adecuadas (OMA).
La intención es avanzar mediante un mecanismo de justicia restaurativa. Para octubre de 2026 está prevista una audiencia de conciliación en la que se buscará determinar cómo reparar el daño ocasionado.
Mientras tanto, la defensa del funcionario sostiene que Sarnago no mató a las lechuzas y plantea que el conflicto debería resolverse a través de una salida restaurativa.
También denunció que, luego de que las imágenes se difundieran, el funcionario y su familia recibieron amenazas, insultos y escraches.
Cuando la fauna molesta a los humanos
El episodio de Unquillo deja una discusión mucho más grande que la situación particular de una familia de lechuzas.
En Córdoba, como en buena parte del país, la expansión de barrios privados y urbanizaciones modifica los ambientes donde durante años vivieron especies silvestres. Cuando esos animales aparecen en los espacios ocupados por las personas, muchas veces pasan rápidamente de ser parte del ecosistema a ser considerados una molestia.
Una madriguera se convierte en un agujero que hay que tapar. Un zorro se transforma en un animal que hay que sacar. Un ave pasa a ser “un problema”.
Y así, poco a poco, el territorio de la fauna termina reducido hasta que directamente no queda lugar para ella.
Las lechuzas no llegaron después de que se construyera el barrio para desafiar a sus habitantes. Ya formaban parte de ese ambiente.
El problema es que, cuando la naturaleza choca con determinados intereses humanos, demasiadas veces es la naturaleza la que termina perdiendo.
En este caso, el desenlace fue todavía más grave: una familia de lechuzas murió porque su refugio fue tapado.
Y aunque ahora haya una multa millonaria, capacitaciones y una causa judicial, hay una consecuencia que no se puede reparar con dinero:
las lechuzas ya no están.


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