

Nunca otro gobierno habría imprimido tanta velocidad a la aprobación comercial de nuevos transgénicos
El gobierno de Javier MIlei no ha podido lograr que el Congreso le cediera superpoderes para gobernar como quería. Pero en apenas 60 días de gestión, ha logrado batir un récord impensado: aprobó en promedio un nuevo OGM (Organismo Genéticamente Modificado) cada diez días.
Nunca otro gobierno habría imprimido tanta velocidad a la aprobación comercial de nuevos transgénicos. Pero desde el 10 de diciembre (en realidad, desde el 2 de enero, cuando empezó esta saga), la Secretaría de Agricultura avaló la salida al mercado de cinco eventos de levaduras modificadas para mejorar la elaboración de bioetanol y una bacteria modificada para hacer una vacuna para porcinos. Ahora, con la publicación en el Boletín Oficial de la Disposición 3/2024, volvió a lo tradicional, con la autorización de una soja transgénica resistente a herbicidas. Es una variante de la famosa Xtend de Monsanto, que de todos modos no podrá ser sembrada en el país sino solamente importada.
Lo curioso es que se trata de una soja OGM que estaba bajo análisis por lo menos hace ocho años y que nunca se autorizó para la siembra, al punto tal que el expediente había sido presentado por la empresa Monsanto, que en 2018 fue vendida a la alemana Bayer y que incluso anunció que levantaba sus líneas de investigación en semillas de soja de la Argentina, por falta de un régimen que le garantizara la propiedad intelectual de sus desarrollos. Incluso la ex Monsanto llegó a destruir sus ensayos locales en septiembre de 2016.
La disposición, de nuevo firmada por el subsecretario de Bioeconomía, Pablo Nardone, una suerte de alter ego del secretario Fernando Vilella, autorizó la comercialización en el país de una nueva variedad de soja con modificaciones genéticas, que acumula los eventos MON-87751-7 x MON-87701-2 x MON-87708-9 x MON-89788. Estos permiten que ese cultivo resista la aplicación de varios agroquímicos de acción herbicida: el famoso glifosato, el glufosinato de amonio pero también el Dicamba.
Una curiosidad es que esta aprobación no implica que los productores argentinos tendrán en su poder un nuevo material para sembrar. Según admite la Secretaría de Agricultura en un comunicado, el aval oficial correrá “con fines exclusivamente agroindustriales a solicitud de la empresa solicitante. La misma no está autorizada para ser sembrada”.
¿Y para qué aprobar un transgénico que no va a poder ser utilizado? Para facilitar las importaciones de soja, que este año llegaron en gran cantidad luego del quiebre productivo de la campaña 2022/23, cuando la producción local de soja cayó a la mitad. En 2023, según informó Bichos de Campo, las importaciones del poroto desde países vecinos llegaron a la cifra récord de 10 millones de toneladas. La mayor parta de esas cargas provenían de Brasil, donde ese evento está autorizado desde 2018, y de Paraguay, donde esa variedad de soja se aprobó en 2022.
Es decir que esa soja OGM, una variación de la Xtend lanzada por Monsanto hace varios años para incorporar la resistencia al Dicamba, solo puede ser utilizada por la industria aceitera (la gran pregunta es si no lo hicieron antes de esta probación y ahora sacan esta resolución para cubrir embarques ya realizados). Para eso se desempolvó la vieja razón social Monsanto Argentina SRL, que según el Boletín Oficial “solicitó mediante la nota de fecha 10 de octubre de 2023 la autorización comercial de la acumulación de eventos de soja MON-87751-7 x MON-877Ø1-2 x MON-877Ø8-9 x MON-89788-1, con el objetivo de utilizar dicho material como materia prima para el procesamiento agroindustrial y con fines de uso alimentario humano y animal”.
El propio Nardone reconoció que este permiso contribuye a mejorar la oferta de poroto de soja proveniente de otros países y “podrá maximizar el aprovechamiento de la amplia capacidad instalada en la Argentina. Esto es muy importante en caso se demande para exportación o consumo interno, una mayor cantidad de materia prima para obtener harinas, aceites u otros productos derivados de la soja”, añadió.
La Argentina ya había aprobado en 2018, unos días después de la venta de Monsanto a Bayer, el uso para fines industriales de soja proveniente de los eventos MON-877Ø8-9 x MON-89788-1 y su parental MON-877Ø8-9, con el objetivo exclusivo de ser utilizados como materia prima para su procesamiento agroindustrial”. En aquel momento, otra sequía de menor talante que la que afectó a los productores locales en 2023, perjudicó la oferta local del poroto hacia las aceiteras.
Agricultura explicó que esta nueva soja aprobada (que suma eventos de resistencia a aquella), “desde el punto de vista agronómico, brinda protección contra insectos lepidópteros -plagas comunes en el cultivo- reduciendo así la dependencia de insecticidas en su manejo. Simultáneamente, la combinación de resistencia a los herbicidas Dicamba, glufosinato de amonio y glifosato permite un manejo más inteligente del cultivo y la aplicación diferencial de herbicidas de manera optimizada”.
De todos modos, esa descripción solo sirve para que los productores locales se queden con las ganas, porque aquí esa soja no podrá ser sembrada.


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