Polémica por los cambios en la Ley de Glaciares: defensa de Royón y fuerte rechazo ambiental

25/02/2026La Política AmbientalLa Política Ambiental

El debate por posibles modificaciones a la Ley de Glaciares volvió a encender tensiones políticas y ambientales en el Congreso. La discusión, que se da en el marco del tratamiento legislativo en el Senado, enfrenta dos posiciones claras: por un lado, la defensa de cambios impulsada por la senadora Flavia Royón; por otro, el rechazo de organizaciones ambientalistas que advierten sobre un retroceso en la protección de áreas estratégicas para el agua.

La postura de Royón

La senadora sostuvo que las modificaciones propuestas no implican una flexibilización indiscriminada de la normativa, sino una “actualización” destinada a otorgar mayor previsibilidad jurídica y compatibilizar el desarrollo productivo —especialmente en zonas con potencial minero— con estándares ambientales.

Según su argumentación, la ley vigente presenta ambigüedades en la delimitación de ciertas áreas periglaciares, lo que habría generado conflictos de interpretación y paralización de inversiones. En ese marco, defendió la necesidad de precisar definiciones técnicas y procedimientos, sin afectar —según afirmó— la protección de los glaciares como reservas estratégicas de agua dulce.

El eje discursivo oficial se centra en que el cambio no habilitaría actividad sobre glaciares propiamente dichos, sino que buscaría ordenar el alcance regulatorio en zonas donde actualmente existen disputas administrativas y judiciales.

El rechazo de organizaciones ambientales

Del otro lado, organizaciones ambientalistas alertaron que cualquier modificación que reduzca el alcance de la ley implica un debilitamiento de la protección ambiental. Sostienen que la norma vigente fue producto de un amplio consenso social tras años de debate y que representa una herramienta clave frente a la crisis climática.

El punto más sensible es la posible redefinición de áreas periglaciares. Para las ONG, esas zonas cumplen funciones esenciales en la regulación hídrica y en la estabilidad de ecosistemas de montaña. Reducir su protección, advierten, abriría la puerta a emprendimientos extractivos en territorios que hoy cuentan con restricciones estrictas.

Además, remarcan que en un contexto de escasez hídrica creciente, retroceder en estándares de tutela ambiental contradice compromisos internacionales y debilita la política de adaptación al cambio climático.

Un debate que excede lo técnico

Aunque la discusión se presenta en términos jurídicos y técnicos, el trasfondo es político y económico. La tensión histórica entre protección ambiental y desarrollo minero reaparece en un momento en el que el Gobierno impulsa una agenda de desregulación y promoción de inversiones.

La Ley de Glaciares fue sancionada en 2010 tras un proceso conflictivo que incluyó vetos y fuertes movilizaciones sociales. Desde entonces, se consolidó como uno de los pilares de la legislación ambiental argentina.

La pregunta de fondo no es solo si la redacción puede perfeccionarse, sino qué modelo de desarrollo se prioriza y bajo qué estándares de protección. En ese cruce, el Congreso vuelve a ser escenario de una disputa que combina agua, minería, federalismo y crisis climática.

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