
Argentina: la venta de carne de burro está prohibida y la crisis reabre un debate impensado
22/04/2026
La Política Ambiental
La carne de burro no está habilitada para la venta en Argentina y cualquier intento de comercializarla puede derivar en sanciones, clausuras y hasta causas penales.
Aunque muchas veces se instala la idea de que se trata de una carne “alternativa” o más económica, la realidad es que no forma parte de las especies autorizadas para consumo dentro del circuito formal.
En el país están habilitadas carnes como la vacuna, porcina, ovina, caprina y aviar, pero los burros no integran el listado de animales autorizados para faena y comercialización.
Por eso, vender carne de burro en carnicerías, comercios o de manera informal puede ser considerado una infracción sanitaria grave.
Qué dice la normativa
Aunque no existe una ley nacional que prohíba expresamente “la carne de burro”, la venta no está permitida porque el Código Alimentario Argentino no contempla su comercialización dentro del mercado interno.
Eso significa que no existen protocolos específicos de faena, control sanitario, trazabilidad ni expendio para este tipo de carne en carnicerías y supermercados.
En Argentina sí existe la Ley 24.525, que regula la producción de carne equina. Esa norma fue reglamentada por el Decreto 974/98, que establece las condiciones para la producción, industrialización y exportación de carne equina.
Sin embargo, tanto la ley como el decreto están pensados principalmente para el mercado externo y no habilitan automáticamente la venta de carne de burro para consumo interno.
Por eso, cualquier comercialización de este producto queda fuera del circuito formal y puede ser considerada ilegal.
Los riesgos detrás de la venta clandestina
Uno de los principales problemas de este tipo de carne tiene que ver con la falta de controles.
Al no existir frigoríficos habilitados ni protocolos sanitarios específicos para su comercialización en el mercado interno, no hay garantías sobre el estado del animal, las condiciones de faena ni la calidad del producto.
Además, muchas veces este tipo de carne puede terminar siendo vendida de manera engañosa como si fuera vacuna o equina, algo que también constituye fraude alimentario.
La comercialización clandestina no solo implica un problema legal, sino también un riesgo concreto para la salud pública.
El impacto de la crisis en la alimentación
La discusión sobre la carne de burro volvió a aparecer en medio de la fuerte crisis económica que atraviesa el país.
Con el aumento constante del precio de la carne vacuna, cada vez más familias reducen el consumo, reemplazan cortes tradicionales por productos más baratos o directamente dejan de comprar carne.
En ese contexto, comenzaron a circular versiones, propuestas y debates que hace algunos años parecían imposibles de imaginar.
Para muchos sectores, el solo hecho de que se hable de carne de burro como alternativa muestra hasta qué punto cayó el poder adquisitivo de la población.
Las críticas al gobierno nacional
Distintos dirigentes, organizaciones sociales y referentes opositores vinculan esta situación con las políticas económicas del gobierno de Javier Milei.
Sostienen que la pérdida de ingresos, el aumento de la pobreza y la suba de los alimentos llevaron a que muchas personas tengan cada vez más dificultades para acceder a productos básicos.
En ese marco, algunos cuestionan que Argentina, históricamente identificada por la calidad de su carne vacuna, haya pasado a discutir si parte de la población puede terminar consumiendo burro por necesidad.
De la mejor carne del mundo a una discusión impensada
Durante décadas, Argentina fue reconocida internacionalmente por la calidad de su carne y por el fuerte consumo interno de asado, milanesas y cortes tradicionales.
Sin embargo, la crisis económica modificó hábitos de consumo y obligó a muchas familias a reemplazar productos o reducir porciones.
Para muchos especialistas, el debate sobre la carne de burro no tiene que ver solamente con una cuestión sanitaria o legal, sino con una señal mucho más profunda: el deterioro de la capacidad de compra y el retroceso en la calidad de vida de millones de argentinos.


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