
Bariloche: El Intendente Walter Cortés avanza con la tala de históricos pinos de la Costanera
26/05/2026
La Política Ambiental
La Municipalidad de San Carlos de Bariloche inició el pasado 25 de mayo los trabajos de tala y remoción de los históricos pinos ubicados sobre distintos sectores de la Costanera, una medida impulsada por el intendente Walter Cortés que generó debate entre vecinos, ambientalistas y sectores políticos.
El operativo comenzó con cuadrillas municipales trabajando en la zona céntrica de la ciudad, calles parcialmente cortadas y maquinaria especializada. El propio jefe comunal participó de la jornada utilizando motosierra y supervisando las tareas junto a los operarios.
Desde el municipio sostienen que la medida responde tanto a cuestiones de seguridad pública como a un proyecto de transformación urbana y recuperación paisajística de Bariloche.
“Los árboles cumplieron un ciclo”
Cortés explicó que muchos de los pinos presentan un importante deterioro debido a su antigüedad y aseguró que existen informes técnicos que recomiendan avanzar con la remoción de varios ejemplares.
“La razón fundamental es que se caen las ramas y pueden matar a alguien”, expresó el intendente.
Según indicó, el objetivo no es eliminar espacios verdes sino reemplazar especies exóticas por árboles autóctonos más adecuados para el entorno natural de la región.
“Hay que mejorarlo, poner especies autóctonas y abrir el lago a la ciudad”, sostuvo.
El mandatario también remarcó que Bariloche tiene una relación particular con el lago Nahuel Huapi y consideró que actualmente gran parte de la costa permanece visualmente cubierta por forestación implantada décadas atrás.
“Somos la única ciudad que escondemos el lago. Tenemos que mostrar nuestro lago, que es hermoso”.
Una forestación que cambió la imagen de Bariloche
Los pinos oregon y ponderosa comenzaron a plantarse masivamente entre las décadas del ‘30 y ‘40 como parte de un proyecto urbanístico que buscaba darle a Bariloche una estética alpina similar a ciudades europeas.
Las primeras fotografías históricas de la ciudad muestran una zona mucho más abierta, con predominio de estepa patagónica y escasa presencia de árboles de gran porte.
Con el tiempo, la forestación artificial terminó formando parte de la identidad visual de Bariloche y hoy muchos vecinos consideran esos árboles como parte del paisaje tradicional de la ciudad.
Sin embargo, desde el municipio señalan que varios ejemplares ya superan los 70 años y presentan problemas estructurales, como raíces que dañan veredas, ramas sobre tendidos eléctricos y riesgos de caída.
La madera será reutilizada en proyectos sociales
Uno de los puntos destacados por la gestión municipal es que gran parte de la madera obtenida será reutilizada para fines sociales y comunitarios.
Según explicó el delegado municipal Gastón Muñiz, alrededor del 80% del material será destinado a la construcción de viviendas de emergencia para familias afectadas por incendios o situaciones de vulnerabilidad.
Además, otra parte de la madera se utilizará para fabricar mobiliario urbano, bancos, maceteros y estructuras recreativas.
Un debate que recién comienza
La remoción de los históricos pinos de la Costanera abrió una discusión mucho más profunda sobre el futuro urbano y ambiental de San Carlos de Bariloche.
Por un lado, desde el municipio sostienen que los árboles exóticos ya cumplieron un ciclo, representan riesgos de seguridad y deben ser reemplazados por especies autóctonas que recuperen parte del paisaje natural original de la región. Además, la gestión de Walter Cortés plantea la necesidad de volver a integrar visualmente el lago Nahuel Huapi con la ciudad.
Pero al mismo tiempo, muchos vecinos consideran que esos pinos añejos dejaron de ser simples especies implantadas para transformarse, con el paso de las décadas, en parte de la identidad paisajística y emocional de Bariloche.
La discusión también deja interrogantes sobre cómo se toman este tipo de decisiones urbanas y ambientales. ¿Vale la pena avanzar con la tala de árboles históricos para recuperar el paisaje original y reemplazarlos por especies nativas? ¿O esos ejemplares ya formaban parte del patrimonio visual y cultural de la ciudad?
Y, sobre todo, queda otra pregunta abierta: ¿se cumplieron realmente todas las instancias de participación ciudadana necesarias para una intervención de semejante magnitud o la decisión terminó avanzando únicamente por voluntad política del Ejecutivo municipal?


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