Los últimos siete macacos del exbioterio del CEMIC siguen encerrados en un subsuelo y crece el reclamo por su traslado

Los animales permanecen en pequeñas jaulas dentro de las instalaciones del CEMIC en el barrio porteño de Saavedra. Organizaciones proteccionistas denuncian años de cautiverio, aislamiento y sufrimiento, mientras la Justicia y distintos organismos todavía no definen su destino final.
23/06/2026La Política AmbientalLa Política Ambiental

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Siete macacos continúan viviendo en condiciones de encierro dentro de un subsuelo del Centro de Educación Médica e Investigaciones Clínicas (CEMIC), en el barrio porteño de Saavedra, en un caso que volvió a generar preocupación entre organizaciones ambientalistas, proteccionistas y especialistas en bienestar animal.

Los animales son los últimos sobrevivientes de un antiguo bioterio de primates utilizado para investigación científica, una instalación que dejó de funcionar en 2021 y que marcó el final de la experimentación con monos en Argentina. Sin embargo, pese al cierre del establecimiento y al paso de los años, los siete macacos todavía permanecen confinados a la espera de una solución definitiva.

Una historia que comenzó con el cierre del último bioterio de monos del país

El bioterio funcionaba bajo la órbita del CEMIC y en colaboración con el CONICET. Durante décadas alojó primates utilizados en distintos estudios científicos vinculados a la medicina y la investigación biomédica.

Cuando se tomó la decisión de cerrar las instalaciones, comenzó un complejo proceso para reubicar a los animales que habían nacido y vivido toda su vida en cautiverio.

La mayoría de los ejemplares fueron trasladados a santuarios especializados o derivados a otros destinos adecuados para su cuidado. Sin embargo, una parte de los animales nunca logró abandonar el predio. Con el paso de los años, varios murieron por edad avanzada y hoy sólo quedan siete macacos alojados en el subsuelo del edificio.

Jaulas pequeñas, sin luz natural y aislados

Las organizaciones que siguen el caso denuncian que los animales permanecen encerrados en recintos de dimensiones reducidas, sin acceso a la luz solar y sin la posibilidad de desarrollar conductas propias de su especie.

Los macacos son primates altamente sociales que en estado natural viven en grupos familiares complejos, establecen vínculos permanentes y desarrollan una intensa interacción con otros individuos.

Sin embargo, según los cuestionamientos realizados por entidades animalistas, los ejemplares permanecen aislados y sin contacto social suficiente, una situación que consideran incompatible con el bienestar animal.

La permanencia en estas condiciones durante años reavivó el debate sobre la utilización de animales en investigaciones científicas y sobre la responsabilidad de garantizarles una vida digna una vez finalizados esos programas.

El traslado que nunca llegó

Uno de los principales obstáculos para resolver el problema fue la imposibilidad de concretar un traslado definitivo hacia un santuario adecuado.

Durante los últimos años se analizaron distintas alternativas, incluyendo destinos fuera del país. Algunas opciones se frustraron por cuestiones logísticas, sanitarias y administrativas, mientras que otras quedaron suspendidas por acontecimientos internacionales que alteraron los planes originalmente previstos.

Actualmente continúan las conversaciones entre organismos judiciales, especialistas y organizaciones vinculadas al bienestar animal para determinar cuál es el destino más apropiado para los siete macacos.

Reclamos de organizaciones ambientalistas

Diversas entidades vienen reclamando desde hace tiempo una resolución urgente para el caso.

Las críticas apuntan tanto a la demora judicial como a la falta de decisiones concretas por parte de las instituciones involucradas.

Los proteccionistas sostienen que cada día que pasa implica prolongar el sufrimiento de animales que ya han pasado gran parte de su vida encerrados en instalaciones diseñadas para la experimentación científica y no para su bienestar.

Además, advierten que varios ejemplares del antiguo bioterio fallecieron antes de poder ser trasladados, por lo que temen que la demora continúe reduciendo las posibilidades de que los macacos restantes puedan vivir sus últimos años en un ambiente más adecuado.

Un debate que trasciende a los siete animales

El caso de los macacos del CEMIC volvió a poner sobre la mesa una discusión más amplia acerca del trato que reciben los animales utilizados en investigaciones científicas y sobre qué sucede con ellos cuando esos programas finalizan.

Para muchas organizaciones, el cierre del último bioterio de monos de Argentina representó un avance histórico. Sin embargo, consideran que la historia no estará verdaderamente cerrada mientras los siete macacos continúen viviendo en un subsuelo, lejos de la luz natural y sin un destino definitivo.

Mientras la disputa administrativa y judicial sigue abierta, los animales continúan esperando una resolución que les permita abandonar el lugar donde pasaron gran parte de sus vidas y acceder finalmente a condiciones compatibles con las necesidades de su especie.

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