
Hito científico: por primera vez revelan la ruta de una ballena sei entre Chubut y Brasil
10/09/2026
La Política Ambiental
Un equipo de investigadores logró reconstruir por primera vez el recorrido migratorio completo de una ballena sei entre las costas de Chubut y el sur de Brasil. El hallazgo, obtenido mediante rastreo satelital, permitió conocer qué camino utilizan estos enormes cetáceos cuando abandonan el Golfo San Jorge y aporta información clave para proteger a una especie que todavía se encuentra en peligro de extinción.
La investigación fue realizada por integrantes del Proyecto de Investigación de Cetáceos del Golfo San Jorge, con participación de investigadores vinculados al CONICET y la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco. Durante la campaña de 2026 colocaron dispositivos satelitales en tres ejemplares, dos de los cuales fueron bautizados como Frodo y Gollum. El seguimiento permitió comprobar que ambos llegaron hasta el sur de Brasil, aunque utilizaron rutas completamente diferentes.
Uno de los casos más importantes fue el de Frodo. El animal abandonó el Golfo San Jorge el 22 de junio y regresó a las aguas de Chubut el 6 de agosto, completando más de 40 días de viaje. Durante buena parte del recorrido se desplazó sobre la plataforma submarina, a una distancia aproximada de entre 50 y 80 kilómetros de la costa, antes de alcanzar aguas brasileñas y emprender el regreso.
Gollum, en cambio, eligió una estrategia diferente y realizó un recorrido mucho más oceánico, alejándose de la costa y utilizando aguas profundas. La diferencia entre ambas trayectorias demuestra que la especie no necesariamente sigue una única autopista migratoria, sino que puede utilizar distintos sectores del Atlántico Sudoccidental durante sus desplazamientos. Para los investigadores, esa información abre una nueva ventana para comprender cómo estos animales utilizan el océano.
Un gigante que todavía guarda muchos secretos
La ballena sei es el tercer rorcual más grande del planeta. Puede alcanzar entre 12 y 18 metros de longitud y superar las 20 toneladas de peso, pero pese a sus dimensiones continúa siendo una de las grandes ballenas menos conocidas en cuanto a sus movimientos migratorios.
En el Golfo San Jorge, ubicado frente a las costas de Chubut, los científicos vienen estudiando a la especie desde hace más de una década. Los primeros registros sistemáticos comenzaron en 2013 en el Área Natural Protegida Punta Marqués y con el paso de los años permitieron determinar que el golfo constituye una importante zona de alimentación para estos animales.
Durante la temporada 2026, además del seguimiento satelital, el equipo incorporó más de 50 nuevos ejemplares a los catálogos de fotoidentificación y registró cuatro ballenas azules en la zona. Todo ese trabajo permite ampliar el conocimiento sobre una región marina de enorme importancia para la biodiversidad patagónica.
De Chubut a Brasil: una ruta que cambia la mirada sobre la conservación
El descubrimiento tiene una importancia que va mucho más allá de saber dónde estuvo Frodo durante 40 días. Si las ballenas sei utilizan aguas argentinas para alimentarse y posteriormente recorren miles de kilómetros hasta alcanzar el sur de Brasil, cualquier estrategia destinada a conservarlas debe considerar todo ese recorrido.
En otras palabras, proteger solamente el lugar donde las ballenas se concentran en Chubut no alcanza. Los animales atraviesan diferentes jurisdicciones y ambientes marinos durante su ciclo de vida, por lo que las amenazas que puedan encontrar en aguas abiertas también pueden afectar a una población que utiliza el Golfo San Jorge como área de alimentación.
Esta información adquiere todavía mayor relevancia porque la ballena sei fue fuertemente afectada por la caza comercial durante el siglo XX. La presión histórica redujo en más de un 80% su población mundial y actualmente la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza estima que quedan alrededor de 50.000 ejemplares.
El mar argentino como refugio y corredor de biodiversidad
El descubrimiento también pone nuevamente el foco sobre la importancia ambiental del mar argentino. Frente a las costas de Chubut existe una enorme diversidad de especies que utilizan estas aguas para alimentarse, reproducirse o desplazarse hacia otras regiones del Atlántico.
El propio Parque Provincial Patagonia Azul, en la costa chubutense, reconoce el área como un espacio de enorme biodiversidad marina y señala la presencia de ballenas sei, además de ballenas jorobadas y minke, lobos marinos, pingüinos y numerosas especies de aves y organismos marinos. El área protegida supera las 295.000 hectáreas y forma parte de la Reserva de Biósfera Patagonia Azul reconocida por la UNESCO.
El nuevo mapa migratorio aporta entonces una pieza fundamental para comprender que estos espacios no funcionan como ecosistemas aislados. Una ballena puede alimentarse en Chubut, desplazarse por aguas abiertas durante semanas y terminar recorriendo las costas de otro país. El océano, en ese sentido, no entiende de fronteras políticas.
El próximo desafío: encontrar dónde nacen
Aunque el descubrimiento representa un enorme avance, todavía queda una parte fundamental del rompecabezas sin resolver: dónde se reproducen y paren las ballenas sei que llegan al Golfo San Jorge.
Ese es justamente uno de los principales objetivos de las próximas campañas científicas. Los investigadores planean continuar colocando dispositivos satelitales para seguir acumulando información hasta poder determinar con mayor precisión cuál es la zona de reproducción de la especie.
El conocimiento de ese lugar podría ser determinante para la conservación. Identificar las áreas de alimentación, las rutas migratorias y las zonas de reproducción permitiría establecer medidas de protección mucho más precisas y, sobre todo, coordinar acciones entre los países que comparten este corredor del Atlántico.
El viaje de Frodo dejó así algo más que una línea sobre un mapa. Mostró que las aguas de Chubut y el sur de Brasil forman parte de un mismo circuito utilizado por una especie amenazada y que todavía queda mucho por descubrir sobre lo que ocurre debajo de la superficie del Atlántico. La ciencia acaba de revelar una ruta que las ballenas probablemente recorren desde hace miles de años, pero que los seres humanos recién ahora comienzan a conocer.


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