Tucumán: el aire contaminado reduce hasta dos años y medio la esperanza de vida y los vecinos denuncian olores nauseabundos y lluvia de hollín

Un estudio científico reveló que la contaminación atmosférica en Tucumán puede reducir hasta dos años y medio la esperanza de vida de sus habitantes. Durante la zafra, los niveles de contaminación llegan a superar siete veces las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS). A las quemas de cañaverales y las emisiones de los ingenios se suman los basurales, los residuos industriales y una situación que los tucumanos conocen demasiado bien: el olor nauseabundo que invade las calles cuando se aproxima la lluvia y las partículas negras que caen sobre las viviendas, incluso en localidades del interior como Aguilares, Concepción y Villa La Trinidad.
06/11/2026La Política AmbientalLa Política Ambiental

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Respirar en Tucumán se convirtió en un problema ambiental y sanitario que afecta tanto a la capital como a numerosas localidades del interior provincial. El humo de las quemas agrícolas, las emisiones industriales, los residuos urbanos y la contaminación generada por distintas actividades productivas forman parte de un escenario que se repite año tras año, especialmente durante los meses de zafra.

Un reciente relevamiento científico volvió a poner cifras a esta problemática: los tucumanos pueden perder hasta dos años y medio de esperanza de vida como consecuencia de la contaminación del aire.

La investigación identificó niveles especialmente elevados de polución entre mayo y octubre, período que coincide con la actividad de la cosecha de caña de azúcar y citrus.

Durante esos meses, las concentraciones de contaminantes atmosféricos llegan a ser siete veces superiores a los valores recomendados por la OMS.

El problema no se limita a las molestias que provoca respirar humo o soportar olores desagradables. La exposición prolongada a partículas contaminantes puede afectar el sistema respiratorio y cardiovascular, aumentar el riesgo de enfermedades y perjudicar especialmente a niños, personas mayores y quienes ya presentan problemas de salud.

Mira este video de 2018 que muestra como cae pedazos de cañas quemada, que proviene de los ingenios.

La contaminación del aire puede reducir hasta dos años y medio la esperanza de vida

Los resultados fueron obtenidos mediante una investigación interdisciplinaria que instaló decenas de sensores para monitorear la calidad del aire en distintos puntos de Tucumán.

El trabajo involucró a especialistas de la Universidad Nacional de Tucumán (UNT), el Laboratorio de Estudios Ambientales (LEA), el Instituto de Química del Noroeste Argentino (Inquinoa), la Fundación Breathe2Change y organismos ambientales provinciales.

El equipo también identificó un incremento de los síntomas respiratorios en aproximadamente 2.000 niños de entre 7 y 11 años que asisten a distintas escuelas de la provincia. Los resultados fueron relacionados con los registros de contaminación obtenidos mediante los sensores.

La investigación señala que Tucumán se encuentra entre las provincias más contaminadas del país.

Uno de los factores que agrava la situación es la propia geografía provincial. La presencia de una cadena montañosa hacia el oeste dificulta la circulación del aire y favorece que el humo y los contaminantes permanezcan concentrados cerca de la superficie.

En San Miguel de Tucumán, la situación puede ser todavía más complicada por las características del relieve sobre el que se encuentra asentada la ciudad.

Quemas de caña, ingenios y basurales: las principales fuentes de contaminación

La contaminación atmosférica de Tucumán tiene múltiples orígenes. Uno de los más importantes es la quema de cañaverales, una práctica que continúa utilizándose para facilitar la cosecha y eliminar los residuos vegetales.

Según estimaciones difundidas por organizaciones vinculadas con la problemática ambiental, en la provincia se quemaría entre el 10% y el 20% de las aproximadamente 260.000 hectáreas destinadas al cultivo de caña de azúcar.

A esto se suman las quemas de residuos de la producción citrícola, pastizales y vegetación en banquinas de rutas y caminos.

Otro problema es la quema de basura domiciliaria y residuos urbanos. En distintos sectores de la provincia existen basurales a cielo abierto donde se acumulan desperdicios que, en ocasiones, terminan incendiados.

La combustión de plásticos y otros materiales libera sustancias contaminantes que pueden resultar especialmente perjudiciales para la salud.

Pero la problemática no termina allí. La actividad de los ingenios azucareros también genera emisiones industriales que requieren controles permanentes, especialmente durante los meses de mayor actividad productiva.

Las chimeneas de las fábricas, los sistemas de filtrado de las calderas, la disposición de cenizas y el tratamiento de los residuos líquidos son algunos de los aspectos que deben ser fiscalizados.

La combinación de estas fuentes genera una contaminación que no reconoce límites municipales y que termina afectando a poblaciones enteras.

El olor nauseabundo que aparece cuando se aproxima la lluvia

Hay una situación que los tucumanos conocen desde hace años y que se repite especialmente cuando cambian las condiciones meteorológicas: un olor extremadamente desagradable invade las calles y hace que respirar resulte una experiencia difícil.

Muchos vecinos describen ese aroma como una mezcla de basura en descomposición, materia orgánica podrida y residuos húmedos. Para dimensionar su intensidad, se asemeja al olor que queda en una calle cuando acaba de pasar un camión recolector de residuos.

En numerosos episodios, el fenómeno se percibe con especial intensidad antes de las lluvias. Los vecinos relacionan esta situación con los cambios en la dirección del viento y la llegada de masas de aire desde el sur, desde donde se encuentran distintos establecimientos industriales, ingenios y zonas con basurales.

No existe una única explicación para todos estos episodios, pero hay antecedentes que permiten identificar algunas de sus posibles fuentes.

Uno de los principales elementos señalados es la vinaza, un residuo líquido que se genera durante la destilación de alcohol a partir de la caña de azúcar.

Este subproducto puede utilizarse en los campos como fertilizante o en procesos de tratamiento de residuos. Sin embargo, su almacenamiento, aplicación y descomposición pueden generar olores intensos por la liberación de gases.

La producción de alcohol a partir de la caña genera grandes volúmenes de vinaza, cuyo tratamiento y disposición final constituyen uno de los principales desafíos ambientales de la industria sucroalcoholera tucumana.

Cuando estos residuos se manejan de manera inadecuada, pueden generar olores desagradables y afectar los suelos y los cursos de agua.

A la vinaza se suman los residuos orgánicos, los efluentes, las aguas servidas y los basurales que existen en diferentes sectores de la provincia.

Otro factor meteorológico que puede agravar el problema es la inversión térmica. Este fenómeno ocurre cuando una capa de aire más cálido queda por encima de otra más fría cercana al suelo. Esta configuración dificulta la dispersión vertical de los contaminantes y favorece que los olores permanezcan concentrados en las zonas habitadas.

Por eso, aunque el olor suele asociarse con la actividad de los ingenios, no todos los episodios tienen necesariamente el mismo origen. Identificar las fuentes y controlar las emisiones requiere monitoreos ambientales y estudios específicos.

La situación plantea una pregunta que las autoridades todavía deben responder: ¿por qué los habitantes tienen que convivir periódicamente con olores de residuos industriales y urbanos sin contar con información precisa sobre su procedencia y composición?

Esto no es nuevo, mira este video de abril de 2014 que cuenta lo que pasa, algo que sigue sucediendo en el Gran Tucumán. 

Aguilares: hollín sobre las calles, los techos y las viviendas

La contaminación atmosférica tampoco se limita a la capital. En el sur tucumano, localidades como Aguilares, Concepción y Villa La Trinidad arrastran desde hace años denuncias vecinales por el humo, las quemas de cañaverales y las emisiones de los ingenios.

Uno de los casos más conocidos es el de Aguilares, donde los vecinos denuncian la caída constante de partículas negras que cubren veredas, patios, vehículos y techos.

El fenómeno es conocido como lluvia negra y se vuelve especialmente visible durante la temporada de zafra.

En Aguilares se encuentra el ingenio del mismo nombre, mientras que también funciona en la ciudad el ingenio Santa Bárbara. La concentración de actividad azucarera en la zona vuelve especialmente importante el control de las emisiones industriales y las quemas agrícolas que se producen en los alrededores.

Los vecinos denunciaron que debían barrer diariamente las calles y retirar bolsas de hollín acumulado en sus viviendas. También señalaron que las partículas se depositaban en las canaletas y que, cuando llegaba la lluvia, se transformaban en una especie de barro que podía obstruir los desagües.

Algunos habitantes denunciaron incluso daños en los techos de chapa y manifestaron su preocupación por las consecuencias de respirar esas partículas.

La discusión sobre el origen de las partículas no elimina el problema que experimenta la población: el hollín y las cenizas terminan depositándose sobre los espacios donde las personas viven, trabajan y desarrollan sus actividades cotidianas.

La situación también fue denunciada en Villa La Trinidad, donde los habitantes señalaron la presencia de humo proveniente de las quemas de cañaverales y de partículas negras que atribuyeron a las emisiones del ingenio local.

En Concepción, los vecinos también denunciaron episodios de contaminación que dificultaron las actividades al aire libre. En esa ciudad se encuentra el ingenio La Corona, mientras que en sus alrededores existen otros establecimientos productivos vinculados con la actividad azucarera.

Las denuncias muestran que el problema no es exclusivo de una localidad ni de una sola fábrica: el sur provincial concentra una importante actividad industrial y agrícola que necesita controles ambientales permanentes.

Bella Vista: efluentes industriales y malos olores en el arroyo del Rey

Uno de los antecedentes más recientes de contaminación industrial involucra al ingenio Bella Vista.

En junio de 2026, equipos de la Subsecretaría de Medio Ambiente de Tucumán detectaron una afectación en el arroyo del Rey, donde observaron peces boqueando, una señal que puede indicar una reducción del oxígeno disponible en el agua.

Tras realizar inspecciones y tomar muestras, los técnicos identificaron un efluente industrial vinculado con el ingenio Bella Vista, administrado por la firma José Minetti y Cía.

Durante el procedimiento se constató la presencia de un líquido con características anormales y malos olores. Las autoridades dispusieron el cese inmediato de las actividades vinculadas con la generación del efluente observado y ordenaron medidas de remediación ambiental, limpieza de los cauces afectados y acciones para evitar que continuara el daño.

El episodio expuso que los problemas de la industria azucarera no se limitan a las emisiones atmosféricas. El tratamiento de los residuos líquidos también puede comprometer los cursos de agua y los ecosistemas.

Además, el ingenio Bella Vista ya había recibido una multa de aproximadamente siete millones de pesos en 2024 por el vuelco irregular de vinaza en un camino vecinal.

En aquella oportunidad, la infracción fue detectada luego de que vecinos difundieran imágenes de un camión que descargaba el residuo fuera del lugar correspondiente.

Ingenio Concepción: una multa por contaminación de la cuenca Salí-Dulce

Otro establecimiento que registra antecedentes de sanciones ambientales es el ingenio Concepción, ubicado en Banda del Río Salí.

En agosto de 2024, el Gobierno provincial le impuso una multa de aproximadamente 17 millones de pesos por el vertido de efluentes industriales en un sector de la cuenca Salí-Dulce, en las cercanías del Dique El Frontal.

La situación había sido denunciada por vecinos y pescadores luego de observar una mortandad de peces.

Las inspecciones ambientales permitieron identificar un episodio de anoxia, es decir, una disminución importante del oxígeno disponible en el agua, que puede provocar la muerte de organismos acuáticos.

La sanción se aplicó a la firma Complejo Alimenticio San Salvador S.A., propietaria del establecimiento.

El caso demuestra que los residuos industriales de los ingenios pueden tener consecuencias que se extienden mucho más allá de los límites de las fábricas y alcanzar ecosistemas compartidos con otras provincias.

Santa Rosa y Fronterita: otros ingenios bajo investigación

La lista de antecedentes tampoco termina con Bella Vista y Concepción.

En 2024, las autoridades provinciales informaron que los ingenios Santa Rosa y Fronterita también habían sido sumariados por presuntos aportes contaminantes vinculados con episodios de mortandad de peces en la cuenca Salí-Dulce.

En ese momento, los procedimientos administrativos todavía se encontraban en evaluación para determinar las responsabilidades y las posibles sanciones.

Estos antecedentes son importantes porque muestran que las denuncias por contaminación industrial involucran a distintos establecimientos del sector sucroalcoholero.

La actividad azucarera tiene una fuerte presencia territorial en Tucumán y sus residuos requieren tratamientos adecuados para evitar impactos sobre el aire, el agua y los suelos.

Diez establecimientos bajo inspección en octubre de 2026

La preocupación por los impactos ambientales de la industria llevó a que, durante octubre de 2026, organismos provinciales y nacionales realizaran inspecciones conjuntas en diez establecimientos sucroalcoholeros.

Los controles incluyeron:

  • Ingenio y destilería Bella Vista.

  • Ingenio Santa Rosa.

  • Ingenio La Corona.

  • Ingenio Marapa.

  • Ingenio Santa Bárbara.

  • Ingenio San Juan.

  • Ingenio Concepción.

  • Ingenio Leales.

  • Ingenio La Florida.

También se inspeccionó el ingenio y la destilería Bella Vista como instalaciones diferenciadas dentro del programa de fiscalización.

Las tareas estuvieron a cargo de la Subsecretaría de Medio Ambiente de Tucumán, la Subsecretaría de Ambiente de la Nación y las defensorías del pueblo de Tucumán y Santiago del Estero.

Los equipos técnicos supervisaron especialmente el tratamiento y la disposición final de tres tipos de residuos:

Cenizas: se busca evitar que los residuos de los filtros de las calderas terminen mezclados con los efluentes líquidos.

Vinaza: el objetivo es impedir su vuelco en cursos de agua y garantizar un tratamiento adecuado.

Agua de lavado de caña: se busca recuperar la totalidad del agua utilizada en el proceso productivo.

Las inspecciones se realizan en el marco del Acta Acuerdo de 2011, firmada para reducir la contaminación de la cuenca Salí-Dulce. Sus resultados se documentan mediante actas e informes que se presentan ante la Corte Suprema de Justicia de la Nación.

La realización de estos controles demuestra que las autoridades conocen los riesgos ambientales asociados con la actividad. Sin embargo, los antecedentes de sanciones, denuncias y episodios de contaminación plantean la necesidad de que las inspecciones se traduzcan en resultados concretos y verificables.

La ciencia también encontró partículas contaminantes en el aire

Los reclamos vecinales tienen un correlato en investigaciones científicas realizadas en la provincia.

En 2025, el Centro Integral de Microscopía Electrónica de la UNT y el CONICET difundió un estudio que analizó más de 15.000 partículas presentes en el aire de San Miguel de Tucumán.

Mediante microscopía electrónica y espectroscopía de rayos X, los investigadores pudieron observar las características y la composición de las partículas, diferenciando materiales carbonosos, vinculados con procesos de combustión, y partículas provenientes del suelo.

El trabajo comparó dos períodos: la zafra de 2019 y la de 2020, cuando las restricciones por la pandemia redujeron considerablemente la circulación vehicular.

Los resultados mostraron que, a pesar de que durante 2020 se quemó una mayor superficie de cañaverales, la concentración de partículas finas PM2.5 disminuyó notablemente.

Esto permitió identificar la importancia del tránsito vehicular como otra fuente relevante de contaminación atmosférica en la capital tucumana.

La investigación demuestra que el problema no puede atribuirse a una sola actividad: las emisiones industriales, las quemas agrícolas, la circulación de vehículos y la erosión del suelo contribuyen de distintas maneras a deteriorar la calidad del aire.

Un estudio estimó cientos de muertes anuales asociadas a la contaminación

La gravedad del problema también quedó expuesta en una investigación publicada en 2025 en la revista Salud Ambiental, que estimó la mortalidad potencialmente atribuible a las quemas agrícolas en Tucumán.

El trabajo utilizó la herramienta AirQ+, desarrollada por la Organización Mundial de la Salud, para calcular los efectos de la exposición a partículas finas PM2.5.

Los investigadores utilizaron mediciones de nueve estaciones de monitoreo correspondientes a 2023 y estimaron que alrededor de 1,1 millones de habitantes estaban expuestos a concentraciones de partículas finas que durante el invierno superaban los 40 microgramos por metro cúbico como promedio mensual.

A partir de esos registros, calcularon que aproximadamente 888 fallecimientos anuales podrían ser atribuibles a la exposición a PM2.5 bajo las concentraciones consideradas.

El estudio también realizó una simulación sin el período de mayor incidencia de quemas agrícolas. En ese escenario, la estimación descendió a 369 fallecimientos anuales.

Los autores calcularon que, si se eliminaran las quemas agrícolas a cielo abierto y se redujera la exposición durante el invierno, podrían evitarse alrededor de 519 muertes por año.

Es importante aclarar que se trata de una estimación epidemiológica basada en modelos de riesgo y no de una identificación individual de fallecimientos causados exclusivamente por las quemas.

Sin embargo, sus resultados muestran la dimensión sanitaria que puede alcanzar la contaminación atmosférica cuando afecta de manera sostenida a una población.

Educación, controles y sanciones: las respuestas que siguen pendientes

Los especialistas coinciden en que el problema necesita respuestas que involucren tanto al sector público como a las actividades productivas.

Entre las medidas necesarias aparecen la reducción de las quemas agrícolas, el reemplazo de las prácticas que utilizan fuego, el mejoramiento de los sistemas de filtrado de los ingenios y un mayor control sobre los basurales y las quemas de residuos.

También resulta indispensable verificar el funcionamiento de los filtros de las calderas, controlar las emisiones de las chimeneas y fiscalizar el tratamiento de los residuos industriales.

En el caso de la vinaza, las autoridades deben garantizar que no sea descargada de manera irregular en caminos, campos, arroyos o cursos de agua.

La provincia cuenta con herramientas legales para sancionar las quemas. La Ley 6.253 de protección ambiental establece disposiciones para prevenir y controlar actividades que deterioran el ambiente, incluidas las quemas que generan contaminación.

Sin embargo, la reiteración de los episodios demuestra que las normas por sí solas no alcanzan si no existe fiscalización efectiva.

Tucumán produce azúcar, alcohol y bioetanol, actividades que tienen un peso importante en su economía y generan miles de puestos de trabajo. Pero el desarrollo productivo no puede utilizarse como justificación para que las poblaciones deban respirar aire contaminado durante meses.

La contaminación no distingue entre la capital y el interior, ni entre quienes trabajan en los ingenios y quienes viven cerca de ellos. Sus consecuencias alcanzan a toda la población.

Los tucumanos no deberían tener que acostumbrarse al olor de la basura cuando se aproxima una tormenta ni a encontrar sus patios y techos cubiertos de hollín durante la zafra. Respirar aire limpio es un derecho, no un privilegio que dependa de dónde vive cada persona.

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