El proyecto está en San Carlos, al pie de la Cordillera de los Andes, y busca crear un refugio autosuficiente frente a una eventual guerra, una catástrofe climática o un colapso global. La propiedad ya cuenta con viviendas, domos, energía solar, fuentes de agua y una pista de aterrizaje. El caso genera polémica por la enorme cantidad de territorio involucrado y vuelve a poner en el centro del debate la extranjerización de las tierras argentinas.