Fuego, poder y responsabilidades: qué muestran los incendios en Chile y qué espejo le ponen a la Argentina

21/01/2026La Política AmbientalLa Política Ambiental
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Los incendios forestales que golpean a Chile volvieron a encender una discusión incómoda pero necesaria: quiénes son responsables cuando el fuego arrasa territorios enteros, cuál es el rol real del Estado y qué decisiones políticas agravan —o atenúan— una tragedia que ya no puede explicarse solo como “natural”.

En las últimas semanas, el centro y sur de Chile vivieron una de las peores temporadas de incendios de los últimos años. Miles de hectáreas quemadas, decenas de víctimas fatales, ciudades evacuadas y un daño ambiental que tardará décadas en revertirse. Pero, a diferencia de otros episodios, esta vez el foco no quedó únicamente en el clima extremo o la sequía prolongada: la lupa se posó directamente sobre las responsabilidades humanas.

Detenidos, causas y fuego intencional

Las autoridades chilenas confirmaron la detención de decenas de personas, con cifras oficiales que rondan los 70 sospechosos, investigados por provocar incendios de manera intencional o por negligencias graves. La fiscalía chilena avanzó en imputaciones que contemplan penas de prisión efectiva, bajo la figura de delitos ambientales y contra la seguridad pública.

El dato no es menor: en Chile existe una decisión política explícita de perseguir penalmente a quienes generan incendios, incluso cuando el contexto climático favorece su propagación. No se trata solo de apagar el fuego, sino de dejar en claro que prenderlo —o actuar con irresponsabilidad— tiene consecuencias legales concretas.

El Estado chileno: presencia, emergencia y límites

Frente a la magnitud del desastre, el gobierno de Gabriel Boric decretó el estado de catástrofe, habilitando un despliegue coordinado de fuerzas armadas, brigadistas, bomberos y recursos aéreos. El Estado apareció en el territorio, con asistencia directa a evacuados y una narrativa oficial que asumió la gravedad del evento.

Sin embargo, incluso dentro de Chile hay críticas. Especialistas ambientales advierten que la respuesta sigue siendo mayormente reactiva: se actúa cuando el fuego ya está fuera de control, pero persisten déficits estructurales en prevención, ordenamiento territorial y manejo de bosques, en un país donde las plantaciones forestales y la sequía crónica funcionan como combustible permanente.

Argentina en comparación: incendios, recortes y ausencias

El contraste con Argentina resulta inevitable. La Patagonia argentina también sufrió incendios devastadores en los últimos años, con miles de hectáreas de bosque nativo arrasadas y comunidades enteras en riesgo. Sin embargo, la respuesta política fue muy distinta.

Durante el gobierno de Javier Milei, el área ambiental fue degradada, el presupuesto del Sistema Nacional de Manejo del Fuego sufrió recortes y la gestión quedó bajo la órbita del Ministerio de Seguridad. A esto se sumó un dato simbólico pero potente: el Presidente no visitó las zonas afectadas de la Patagonia durante los incendios, alimentando la percepción de distancia política y desinterés territorial.

Mientras en Chile se mostraban detenciones, operativos y presencia estatal, en Argentina el discurso oficial tendió a minimizar el rol del Estado y a poner el eje en la responsabilidad individual, sin una política clara de prevención ni fortalecimiento de capacidades públicas.

Cambio climático y decisiones políticas

Tanto en Chile como en Argentina, los incendios no pueden entenderse sin el contexto del cambio climático: olas de calor más intensas, sequías prolongadas y vientos extremos. Pero ese contexto no actúa solo. Las decisiones políticas importan, y mucho.

Invertir —o no— en prevención, controlar —o liberar— actividades productivas en zonas sensibles, fortalecer —o vaciar— organismos ambientales define cuán destructivo termina siendo un incendio. El fuego puede ser natural; la catástrofe, casi siempre, es política.

Un debate que no se puede apagar

Los incendios en Chile dejaron un mensaje claro para la región: perseguir responsables, asumir el rol del Estado y mostrar presencia territorial no resuelve todo, pero marca una diferencia. En Argentina, la discusión sigue abierta, atravesada por una visión que reduce lo ambiental a un gasto y al Estado a un estorbo.

Entre el fuego que avanza y la política que se retira, la pregunta ya no es solo quién prende la chispa, sino quién decide mirar para otro lado cuando todo empieza a arder.

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