El Río de la Plata, una de las principales reservas de agua dulce de la Argentina y eje ambiental del Área Metropolitana de Buenos Aires, atraviesa desde hace años una situación crítica marcada por la descarga sostenida de desechos cloacales y contaminantes urbanos. Aunque el problema no es nuevo, estudios recientes del CONICET vuelven a ponerlo en primer plano: el estuario recibe efluentes que superan ampliamente su capacidad natural de depuración.
Lejos de tratarse de episodios aislados, la contaminación cloacal del Río de la Plata es estructural y persistente, producto de una infraestructura de saneamiento incompleta y, en muchos casos, obsoleta.
Qué dice la ciencia sobre el estado del río
Investigaciones realizadas por equipos del CONICET y universidades públicas, en particular la Universidad Nacional de La Plata, detectaron en muestras de agua y sedimentos la presencia de residuos cloacales, bacterias fecales y fármacos de uso masivo. Entre ellos se identificaron analgésicos, antibióticos y medicamentos cardiovasculares, compuestos diseñados para el consumo humano pero que terminan circulando en el ambiente.
Según los estudios, más del 80% de los puntos muestreados en sectores urbanos del estuario presentaron algún tipo de contaminante asociado a descargas cloacales. Esto incluye zonas costeras utilizadas para recreación y pesca.
El origen del problema: cloacas que no alcanzan
La principal fuente de contaminación es la descarga de efluentes cloacales sin tratamiento adecuado. En el conurbano bonaerense, una porción significativa de la población no cuenta con conexión a redes cloacales, mientras que muchas plantas existentes no están preparadas para remover contaminantes emergentes como fármacos y productos químicos domésticos.
Especialistas estiman que alrededor del 45% de los efluentes cloacales llegan al Río de la Plata de forma directa o con tratamientos mínimos, un 35% recibe un tratamiento parcial, y solo cerca del 20% pasa por procesos considerados adecuados según estándares ambientales actuales.
Impactos ambientales y riesgos para la salud
La contaminación cloacal tiene efectos directos sobre los ecosistemas acuáticos. Estudios del CONICET documentaron alteraciones hormonales en peces, acumulación de sustancias en sedimentos y una reducción de la biodiversidad en áreas cercanas a descargas constantes.
Desde el punto de vista sanitario, la presencia de bacterias fecales y compuestos farmacológicos representa un riesgo potencial, especialmente porque no todos estos contaminantes son eliminados en los procesos de potabilización. Esto refuerza la idea de que el problema debe abordarse en origen y no únicamente en la etapa de consumo.
Una deuda ambiental histórica
El Río de la Plata funciona como un espejo de una deuda ambiental acumulada durante décadas. La falta de inversión sostenida en saneamiento, el crecimiento urbano desordenado y la ausencia de controles eficaces consolidaron un modelo en el que el río opera como receptor final de los residuos de millones de personas.
Los informes científicos son claros: sin políticas públicas integrales, planificación a largo plazo y decisiones que prioricen el ambiente por sobre la lógica del descarte, la contaminación cloacal seguirá siendo parte del paisaje cotidiano, aunque no siempre visible.
El estuario más importante del país continúa recibiendo una carga que no eligió, mientras el debate sobre el saneamiento sigue llegando tarde, como el agua que baja turbia hacia el río.











