Incendios sin tregua en la Patagonia: bomberos al límite y un gobierno que minimiza la crisis

21/01/2026La Política AmbientalLa Política Ambiental
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Los incendios forestales que volvieron a avanzar sobre la Patagonia argentina, y en particular sobre la provincia de Chubut, reabrieron una herida que nunca terminó de cerrar. El fuego reapareció en zonas que ya habían sido afectadas semanas atrás, obligó a nuevas evacuaciones y dejó en evidencia una verdad incómoda: la emergencia sigue activa mientras el respaldo real a quienes combaten las llamas está lejos de ser suficiente.

En localidades como Epuyén, El Hoyo y zonas rurales de la Comarca Andina, los focos se reactivaron favorecidos por altas temperaturas, sequedad extrema y vientos cambiantes. Brigadistas y bomberos voluntarios volvieron al frente con jornadas extenuantes, muchas veces con el mismo equipamiento precario con el que enfrentan incendios desde hace años.

El conflicto por los recursos y una frase que generó rechazo

En este contexto, el gobernador de Chubut, Ignacio Torres, quedó en el centro de la polémica por sus declaraciones públicas sobre el financiamiento a los bomberos. En distintas entrevistas sostuvo que no era necesario transferir más fondos porque los cuarteles “estaban bien” y contaban con recursos suficientes, una afirmación que chocó de frente con el testimonio de quienes están en el terreno.

Bomberos voluntarios y federaciones provinciales salieron a desmentir esas palabras: faltan móviles en condiciones, equipamiento de protección personal, insumos básicos y recursos para sostener guardias permanentes durante emergencias prolongadas. La distancia entre el discurso oficial y la realidad operativa quedó expuesta con crudeza cuando el fuego volvió a avanzar y los mismos cuarteles tuvieron que pedir colaboración a la comunidad para cubrir gastos mínimos.

Fuego que vuelve y una emergencia que no termina

La reactivación de incendios en áreas que se creían controladas mostró que la crisis está lejos de resolverse. Las condiciones climáticas extremas, sumadas a la falta de tareas preventivas sostenidas —como manejo de combustible vegetal, cortafuegos y planificación territorial— convierten cada temporada estival en una ruleta rusa ambiental.

Mientras tanto, los recursos llegan tarde o de manera fragmentada. El esfuerzo recae principalmente en bomberos voluntarios y brigadistas provinciales, muchos de ellos con contratos precarios o directamente ad honorem, que sostienen la emergencia con vocación y desgaste físico extremo.

Punitivismo sin autocrítica

El gobierno provincial reforzó un discurso centrado en la búsqueda de responsables penales, habló de incendios intencionales y prometió sanciones ejemplares. Sin minimizar la gravedad de los delitos ambientales, el enfoque deja en segundo plano una discusión clave: qué hizo —y qué no hizo— el Estado para prevenir que el fuego se vuelva incontrolable.

Perseguir culpables después del desastre no reemplaza la inversión previa en prevención, ni justifica la falta de financiamiento estructural a los cuerpos que apagan incendios. La narrativa punitiva resulta funcional para desplazar responsabilidades políticas y evitar una revisión profunda de las políticas ambientales y presupuestarias de la provincia.

Bomberos voluntarios: sostener todo sin garantías

En Chubut, como en gran parte del país, el sistema de bomberos voluntarios es una pieza central del combate al fuego. Sin embargo, su sostenimiento depende de subsidios irregulares, aportes comunitarios y decisiones políticas que muchas veces priorizan el ajuste antes que la prevención.

Decir que “están bien” cuando el fuego se reactiva y los recursos escasean no solo resulta inexacto: es una forma de desconocer el esfuerzo real de quienes ponen el cuerpo mientras la dirigencia discute desde lejos.

Una Patagonia cada vez más vulnerable

Los incendios patagónicos ya no son episodios excepcionales. Son parte de un patrón que combina cambio climático, abandono estatal y decisiones políticas que subestiman la emergencia ambiental. Cada verano confirma que la improvisación sale cara: se pierden bosques nativos, viviendas, fuentes de trabajo y biodiversidad irrecuperable.

La Patagonia sigue ardiendo, no solo por el fuego, sino por una lógica que normaliza la escasez de recursos y maquilla la crisis con declaraciones tranquilizadoras. Mientras tanto, en el territorio, la realidad es otra: el incendio no terminó, y el respaldo tampoco alcanza.

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