China mete sus centros de datos bajo el mar: ¿revolución tecnológica o nueva frontera ambiental?

INTERNACIONAL05/02/2026La Política AmbientalLa Política Ambiental
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El gigante asiático avanza con infraestructura digital sumergida en el océano para reducir consumo eléctrico y espacio terrestre, mientras especialistas advierten sobre desafíos técnicos y posibles impactos ecológicos.

Servidores en el fondo del océano

La expansión de la inteligencia artificial, el almacenamiento en la nube y la digitalización industrial disparó en todo el mundo la demanda de centros de datos, instalaciones que concentran miles de servidores funcionando de forma continua y que requieren enormes cantidades de electricidad para operar y refrigerarse.

En ese contexto, China comenzó a desplegar módulos de centros de datos bajo el mar: cápsulas metálicas selladas, conectadas a la costa por cables de fibra óptica y energía, que se apoyan en el agua oceánica para mantener estables las temperaturas internas. La idea es simple y audaz al mismo tiempo: usar el frío natural del entorno marino como sistema de enfriamiento y así reducir el gasto energético asociado a la climatización.

Eficiencia energética y presión urbana

Uno de los principales argumentos detrás de este tipo de infraestructura es la búsqueda de eficiencia. La refrigeración representa una porción sustancial del consumo total de los centros de datos tradicionales. Al operar bajo el agua, las empresas esperan disminuir esa carga y, en consecuencia, recortar costos y emisiones asociadas a la generación eléctrica.

Otro factor es la falta de espacio en zonas costeras densamente pobladas y la necesidad de acercar la infraestructura digital a polos industriales y portuarios. El mar aparece así como una extensión disponible para alojar sistemas críticos sin competir con suelo urbano o agrícola.

Un paso más en la carrera tecnológica global

La apuesta se inscribe en una competencia internacional por liderar la infraestructura que sostendrá la economía digital del futuro. Supercomputación, redes 5G, automatización industrial y entrenamiento de modelos de inteligencia artificial dependen de centros de datos cada vez más potentes.

Para China, los proyectos submarinos funcionan también como vitrinas tecnológicas: demuestran capacidad de ingeniería, control de sistemas complejos en entornos extremos y desarrollo de soluciones energéticas alternativas para una industria que no deja de crecer.

Riesgos técnicos y preguntas ambientales

La instalación de servidores en el océano no está exenta de interrogantes. El mantenimiento de equipos a decenas de metros de profundidad implica operaciones costosas con buzos o vehículos robotizados, mientras que la corrosión por agua salada y la presión marina obligan a diseños altamente especializados.

Desde el plano ambiental, científicos y organizaciones advierten que aún es necesario estudiar con mayor detalle los posibles efectos acumulativos sobre ecosistemas marinos, tanto por el calor residual liberado al agua como por la presencia permanente de estructuras industriales en zonas sensibles.

¿Una tendencia que llegó para quedarse?

Aunque los centros de datos submarinos todavía representan una porción mínima de la infraestructura digital global, su desarrollo marca un giro en la forma de pensar la computación a gran escala. Frente a la presión por reducir huella de carbono y asegurar suministro energético estable, las soluciones no convencionales empiezan a ganar terreno.

El avance chino bajo el mar abre así un nuevo capítulo en la relación entre tecnología, energía y ambiente. Lo que hoy aparece como una apuesta experimental podría convertirse, en los próximos años, en una pieza más del complejo rompecabezas que define cómo se almacenan y procesan los datos del mundo.

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