Innovación Argentina: una científica argentina busca convertir residuos en plásticos biodegradables

ACTUALIDAD01/02/2026La Política AmbientalLa Política Ambiental
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El equipo completo: Laureana Soria, Diana Estenoz, Elangeni Gilbert, Luisina Bressán, Santiago Vaillard. Foto: gentileza investigadora

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El catalizador convirtiendo un bidón de plástico en moléculas muy pequeñas que pueden reutilizarse para hacer otros plásticos. Foto: gentileza investigadora

Mientras el plástico sigue acumulándose en ríos, océanos y basurales, una investigadora del CONICET trabaja en una alternativa que suena a futuro, pero se desarrolla hoy en laboratorios argentinos: transformar residuos plásticos en nuevos materiales biodegradables.

La idea no es solo reciclar, sino ir un paso más allá y repensar por completo qué hacemos con los desechos que usamos todos los días.

El problema de fondo: reciclamos poco y mal

Botellas, envases, electrodomésticos, juguetes. El plástico está en casi todo lo que usamos, pero solo una parte mínima logra reciclarse de forma efectiva. El resto termina enterrado, quemado o flotando en el ambiente durante décadas.

El reciclado tradicional tiene límites claros: requiere separar materiales, consume mucha energía y muchas veces genera productos de menor calidad que el original. Ahí es donde la ciencia empieza a buscar nuevas soluciones.

Una propuesta que cambia las reglas

La investigadora del CONICET desarrolla un método basado en reciclado químico, una técnica que permite desarmar los plásticos hasta sus componentes básicos. En lugar de triturarlos y volver a moldearlos, el proceso los convierte en moléculas reutilizables.

Esas moléculas pueden volver a usarse como materia prima para crear plásticos biodegradables o de mayor valor, reduciendo el impacto ambiental y evitando que el residuo termine como basura eterna.

Cómo funciona, explicado fácil

El sistema utiliza un catalizador orgánico que acelera la reacción química necesaria para descomponer el plástico. Lo interesante es que el proceso se da a baja temperatura y sin técnicas costosas, lo que lo vuelve más accesible para una posible aplicación industrial.

Incluso permite trabajar con residuos mezclados, algo que hoy es uno de los mayores dolores de cabeza del reciclado. En otras palabras: no hace falta que el plástico llegue “perfecto” para poder reutilizarlo.

¿Para qué servirían estos nuevos materiales?

Los compuestos obtenidos pueden usarse para fabricar envases, insumos industriales, materiales para la construcción liviana o productos de uso cotidiano, pero con una diferencia clave: no están pensados para durar siglos contaminando.

Además, el proceso permite evitar la liberación de sustancias tóxicas presentes en muchos plásticos comunes, lo que suma un beneficio para la salud y el ambiente.

Ciencia argentina y economía circular

Este tipo de investigaciones se inscribe en un modelo de economía circular, donde los residuos dejan de ser un problema y pasan a ser un recurso. Menos basura, menos extracción de materias primas y más innovación local.

Si logra escalarse, la tecnología podría ser adoptada por industrias, cooperativas de reciclado y emprendimientos, generando empleo y soluciones ambientales al mismo tiempo.

Un futuro que empieza en el laboratorio

Aunque todavía queda camino para que estos métodos lleguen al mercado masivo, el desarrollo demuestra que la ciencia argentina puede aportar respuestas concretas a uno de los grandes desafíos ambientales del siglo XXI.

Convertir basura en materiales útiles ya no es solo una idea ecológica: empieza a ser una posibilidad real.

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