Córdoba en disputa: ambiente, decisiones públicas y el futuro del Perilago de Cruz del Eje

ACTUALIDAD11/02/2026La Política AmbientalLa Política Ambiental
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En el norte de la provincia de Córdoba, un proyecto de intervención urbana a la vera del dique Cruz del Eje sacudió una vez más a vecinos, organizaciones ambientales y comunidades indígenas. Lo que para algunos es un plan de desarrollo estratégico para potenciar el turismo y la infraestructura local, para otros es una amenaza directa al equilibrio ecológico, a la gestión del agua y a derechos colectivos que deberían estar garantizados por la Constitución.

Un proyecto, múltiples tensiones

El denominado programa integral en el sector del perilago incluye caminos pavimentados, infraestructura sanitaria, espacios recreativos, un centro turístico con hotel y diversas obras complementarias. La intención anunciada de impulsar la economía regional contrastó con la reacción de sectores que ven en estas obras un impacto directo sobre bosques nativos, cuencas hídricas y paisajes que funcionan como reservas ecológicas vivas.

Más allá de la estética o de la promesa de empleo temporario, la disputa central gira en torno a cómo se toman las decisiones sobre el uso del territorio y quién define qué tipo de “progreso” es legítimo. Vecinos autoconvocados denunciaron que la aprobación del plan se realizó sin consultas reales, sin participación ciudadana efectiva y con evaluaciones de impacto ambiental que omitieron datos clave sobre los costos ecológicos de la intervención.

Derechos comunitarios en tensión

La presencia de comunidades originarias en esta región añade otra dimensión al conflicto. Las localidades indígenas del área sostienen que sus formas de vida, cosmovisión y el vínculo ancestral con el territorio no fueron tenidos en cuenta en las decisiones que afectan directamente sus territorios de uso tradicional. El reclamo por una consulta previa, libre e informada se traduce en un pedido de respeto institucional que muchas veces se diluye frente a las lógicas de inversión y obra pública.

Este reclamo no es meramente simbólico. Se trata de procedimientos que, si se respetaran, exigirían que las decisiones sobre grandes proyectos contemplen no sólo criterios técnicos, sino también las voces de quienes habitan y cuidan esos lugares hace generaciones. Para muchos habitantes de Cruz del Eje y alrededores, esa ponderación nunca ocurrió de manera seria.

El agua como centro de la discusión

Una de las grandes preocupaciones de los opositores al plan tiene que ver con el agua. El sistema de represas y cursos hídricos en la región cumple una función central no sólo para el riego agrícola, sino también para el consumo de poblaciones enteras y la recarga de acuíferos locales. Cualquier obra que modifique la costa del dique, altere cursos menores o intervenga su entorno inmediato tiene el potencial de afectar estos equilibrios.

Los críticos señalan que no fue evaluado en profundidad cómo la transformación del suelo, la intervención en franjas de protección y la construcción de infraestructura pueden traducirse en cambios en los patrones de escurrimiento, erosión o infiltración del agua. Este tipo de efectos, aunque no siempre son visibles al principio, resultan clave para mantener la sostenibilidad de un ecosistema que ya enfrenta presiones crecientes por sequías, temperaturas extremas y demandas múltiples.

¿Progreso o espejismo?

La discusión sobre el Perilago trasciende la lógica local para tocar debates nacionales sobre cómo se define el desarrollo en Argentina. A menudo, proyectos que se presentan como palancas de crecimiento no contemplan los costos sociales y ambientales de manera integral. La emergencia de tierras con fines turísticos e inmobiliarios cerca de zonas naturales sensibles es una tendencia que múltiples regiones vienen experimentando: se prioriza la economía de corto plazo y se relegan la preservación y los derechos comunitarios.

La participación ciudadana, en este contexto, se convierte en un termómetro de la calidad democrática de las políticas ambientales. Cuando las decisiones se toman sin transparencia, sin instancias de debate genuinas y sin mecanismos serios para incorporar observaciones técnicas externas, la legitimidad del proyecto queda cuestionada de raíz.

La audiencia judicial como punto de inflexión

La convocatoria a una audiencia judicial para revisar la legalidad del proyecto pone en evidencia que la disputa no es sólo discursiva, sino que plantea un choque entre intereses contrapuestos: por un lado, la voluntad del Estado provincial y equipos técnicos que apuestan a la obra pública como motor de desarrollo; por otro, las comunidades y organizaciones que buscan frenar aquello que perciben como una agresión al ambiente, a los derechos colectivos y al sentido profundo del territorio.

Esta instancia judicial representa un hito porque obliga a poner sobre la mesa los argumentos ambientales, sociales y jurídicos que muchas veces quedan fuera cuando las decisiones se cocinan «en despachos». Para los observadores críticos, este episodio de Cruz del Eje puede marcar un punto de quiebre en la forma en que se enfrentan estos dilemas en otras provincias del país.

Un futuro en disputa

En última instancia, las tensiones en torno al Perilago del Dique Cruz del Eje reflejan una pregunta más amplia: ¿quién decide cómo se usa el territorio, quién se beneficia y quién paga los costos? La respuesta que se construya no solo influirá en el destino de este proyecto, sino en la forma en que Argentina aborda los desafíos ambientales y la participación ciudadana frente a grandes transformaciones territoriales.

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