Mendoza en tensión: crisis vitivinícola, políticas económicas y minería en debate

ACTUALIDAD11/02/2026La Política AmbientalLa Política Ambiental
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La escena sorprendió a peatones y turistas: productores vitivinícolas regalaron uvas en pleno centro urbano para denunciar que ya no pueden sostener los costos de producción. Lo que debería ser la antesala festiva de la vendimia se transformó en un gesto de desesperación colectiva. Para muchos pequeños y medianos viñateros, la ecuación es simple y brutal: producir cuesta más de lo que pagan por la cosecha, y cada temporada deja márgenes más finos, cuando no directamente pérdidas.

El malestar se extiende por toda la región productiva. El aumento de insumos dolarizados, la energía, los salarios rurales y el transporte golpean fuerte a un sector que depende del clima, del agua y de precios que rara vez fija. A esto se suma la caída del consumo interno y un mercado internacional más competitivo. En ese contexto, los productores sienten que las economías regionales quedaron fuera del radar central de la política económica nacional.

Un modelo económico que tensiona al interior productivo

Las medidas impulsadas por el gobierno de Javier Milei, enfocadas en la apertura comercial acelerada, la quita de regulaciones y el ajuste del gasto público, impactaron con fuerza desigual en los territorios. Mientras algunos sectores financieros y exportadores logran adaptarse al nuevo escenario, las actividades tradicionales del interior —como la vitivinicultura— reclaman que la transición macroeconómica se hace sin redes de contención.

Desde el campo mendocino se escucha una crítica recurrente: la estabilización no llega al productor primario. Sin políticas específicas para amortiguar los costos o fortalecer el poder de negociación frente a grandes compradores, miles de fincas familiares quedan al borde del abandono. La consecuencia no es sólo económica, sino social y ambiental: menos productores implica concentración de tierras, migración rural y pérdida de diversidad productiva.

Minería en Mendoza: una nueva disputa por el desarrollo

En paralelo a la crisis vitivinícola, la provincia volvió a encender un debate histórico con la aprobación del proyecto minero San Jorge, en la zona de Uspallata. La iniciativa, presentada como una "oportunidad" para atraer inversiones y generar empleo, algo que sabemos con amplios ejemplos en el país que no se cumple, lo que genero una gran resistencias en sectores sociales y ambientales, que aún continúan, los cuales advierten sobre el riesgo más grande que enfrentará la provincia y es la escasez del agua.

La minería metalífera a gran escala implica uso intensivo de recursos hídricos y modificaciones profundas del territorio, en una provincia donde el agua es un insumo estratégico no sólo para la agricultura, sino también para el consumo humano. Para muchos mendocinos, el temor es que se consolide un cambio de matriz productiva sin planificación integral, desplazando economías regionales que llevan décadas sosteniendo empleo y arraigo.

El antecedente del norte argentino

Las alarmas no surgen de la nada. En varias provincias del norte del país, comunidades vienen denunciando desde hace años que los grandes proyectos mineros terminan condicionando el resto de las actividades económicas. Convenios fiscales especiales, flexibilización ambiental y acuerdos políticos suelen favorecer la expansión extractiva, mientras otros sectores —agropecuarios, turísticos o comunitarios— quedan relegados.

Ese patrón genera dependencia económica de un solo rubro, alta vulnerabilidad frente a los ciclos internacionales de precios y conflictos socioambientales persistentes. En Mendoza, muchos actores sociales advierten que no quieren repetir ese camino y reclaman una discusión pública amplia sobre qué tipo de desarrollo se prioriza y con qué controles.

Uvas regaladas, futuro en disputa

La postal de productores entregando su cosecha gratis sintetiza un momento crítico: una provincia que históricamente se construyó alrededor del vino y la agricultura enfrenta ahora un escenario de redefinición profunda. La comparación es inevitable: mientras la vitivinicultura lucha por sobrevivir sin apoyos claros, la minería recibe señales políticas fuertes para avanzar.

El desafío es mayor que un conflicto sectorial. Está en juego el modelo productivo del oeste argentino, el cuidado de bienes naturales estratégicos y la posibilidad de diseñar políticas que integren crecimiento económico con sustentabilidad ambiental y justicia territorial. La vendimia 2026 no sólo mide kilos de uva: expone la tensión entre ajuste, extractivismo y economías regionales en una Argentina que sigue buscando su rumbo.

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