Presupuesto 2026: menos recursos para combatir el fuego en un país cada vez más incendiable

ACTUALIDAD12/02/2026La Política AmbientalLa Política Ambiental
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Foto: Gentileza La Voz

En un país donde los veranos ya no son sinónimo solo de vacaciones sino también de humo, evacuaciones y bosques arrasados, el Presupuesto 2026 trae un dato que enciende alarmas: el Servicio Nacional de Manejo del Fuego tendrá uno de los niveles de financiamiento más bajos de la última década en términos reales.

La decisión llega en un contexto complejo. Argentina atraviesa ciclos de sequía prolongados, olas de calor más intensas y temporadas de incendios que se adelantan y se extienden. Patagonia, Córdoba, el Delta del Paraná y el NOA son algunos de los territorios que en los últimos años vivieron incendios de gran magnitud, con impacto en biodiversidad, producción, turismo y salud pública.

Qué es y qué hace el Servicio Nacional de Manejo del Fuego

El Servicio Nacional de Manejo del Fuego coordina el trabajo entre Nación y provincias cuando los incendios forestales superan la capacidad local. Su tarea no se limita a apagar incendios: incluye planificación, prevención, capacitación de brigadistas, monitoreo satelital, emisión de alertas tempranas y logística aérea.

Cuando el presupuesto se reduce, no solo se resiente la respuesta ante emergencias. También se debilita la prevención: menos informes técnicos, menos horas de vuelo para detección temprana, menos equipamiento y menor capacidad de planificación estratégica.

En materia ambiental, recortar prevención suele salir más caro que invertir en ella.

Incendios y crisis climática: una relación directa

El cambio climático no es un concepto abstracto. En Argentina se traduce en temperaturas récord, menor humedad en los suelos y vegetación más seca durante períodos más largos. Esa combinación convierte grandes extensiones de bosque nativo y pastizales en material altamente combustible.

La evidencia científica advierte que los incendios extremos serán cada vez más frecuentes. En ese escenario, el manejo del fuego deja de ser una política sectorial para convertirse en una cuestión de seguridad ambiental y económica.

  • Pérdida de biodiversidad y fauna silvestre.
  • Emisión de grandes volúmenes de gases de efecto invernadero.
  • Impacto directo en economías regionales.
  • Costos millonarios en reconstrucción.
  • Riesgos para brigadistas y comunidades.

Cambio de enfoque: ¿prevención o reacción?

En los últimos años, el área de manejo del fuego fue reubicada dentro de estructuras con perfil más vinculado a la seguridad que al ambiente. Para algunos especialistas, esto puede significar una mirada más operativa y menos preventiva.

El manejo integral del fuego requiere planificación territorial, políticas forestales, control de desmontes, regulación de quemas y coordinación con comunidades rurales. No se trata solo de apagar incendios, sino de reducir su probabilidad.

En un país donde la Ley de Bosques ya arrastra históricamente problemas de financiamiento, el debilitamiento del área de manejo del fuego amplifica la preocupación.

Lo que está en juego

La discusión presupuestaria puede parecer técnica, pero tiene consecuencias concretas. Con menos recursos, la capacidad de anticipación baja. Y cuando el fuego se expande sin control, el costo ambiental y social es exponencial.

Para una generación que creció viendo incendios arrasar Córdoba, la Comarca Andina o el Delta, el debate no es ideológico: es práctico. ¿Invertimos en prevenir o pagamos después los costos del desastre?

El presupuesto 2026 abre una discusión clave sobre prioridades en un contexto de crisis climática. Argentina es uno de los países con mayor diversidad de ecosistemas de la región. Protegerlos no es solo una bandera ambiental: es una estrategia de desarrollo, salud pública y estabilidad económica.

El fuego no espera. Y cada temporada que comienza con menos herramientas es una apuesta riesgosa para el país que viene.

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