
Brasil define su futuro ambiental: Lula y Flávio Bolsonaro frente a las urnas
La Política Ambiental
Brasil entra en la recta final de una elección que tendrá consecuencias que van mucho más allá de sus fronteras. El 4 de octubre de 2026, más de 150 millones de brasileños estarán habilitados para votar en la primera vuelta de las elecciones generales, en una jornada en la que también se elegirán gobernadores, senadores y diputados. En caso de que sea necesario definir la Presidencia en una segunda vuelta, los brasileños volverán a las urnas el 25 de octubre.
Con la Amazonia como uno de los principales escenarios de la disputa ambiental, Luiz Inácio Lula da Silva y Flávio Bolsonaro llegan a la elección con propuestas diferentes sobre deforestación, explotación de recursos naturales, transición energética y pueblos indígenas.
La comparación también tiene un componente que no puede quedar afuera: Flávio Bolsonaro es hijo del expresidente Jair Bolsonaro, hoy preso por liderar un plan e intento de Golpe de Estado tras perder las elecciones de 2022, cuyo gobierno entre 2019 y 2022 estuvo marcado por un fuerte aumento de la deforestación amazónica y por la paralización de nuevas homologaciones de tierras indígenas.
Dos propuestas para la Amazonia
El programa de Lula establece como objetivo alcanzar el desmonte neto cero para 2030, fortalecer la fiscalización ambiental, combatir los delitos contra los bosques y ampliar las políticas de prevención de incendios.
Flávio Bolsonaro, por su parte, plantea alcanzar el desmonte ilegal cero para 2029. Su programa propone utilizar inteligencia artificial, imágenes satelitales, bases de datos y sistemas de monitoreo en tiempo real para identificar actividades ilegales.
Ambos candidatos, por lo tanto, incluyen compromisos explícitos contra la deforestación. La diferencia aparece en las herramientas y en el enfoque general de sus programas: Lula vincula la reducción del desmonte con una política estatal de fiscalización, transición energética y protección territorial, mientras que Bolsonaro de apoya en la tecnología, mecanismos de mercado y aprovechamiento económico de los recursos naturales.
Lo que muestran los datos
La discusión ambiental no parte solamente de promesas electorales. Durante el actual gobierno de Lula, la deforestación de la Amazonia Legal registró tres años consecutivos de descenso.
El INPE (Instituto Nacional de Investigación Espacial del Brasil) informó que en 2025 fueron deforestados 5.731 kilómetros cuadrados, un 12,07% menos que en 2024 y aproximadamente un 50% menos que en 2022.
El dato adquiere otra dimensión cuando se lo compara con el período anterior. Durante el gobierno de Jair Bolsonaro, la deforestación llegó a 13.038 kilómetros cuadrados en 2021, uno de los niveles más altos de toda la serie histórica del sistema PRODES del INPE.
Pueblos indígenas: una diferencia que también se mide en territorios
La política hacia los pueblos indígenas constituye otro de los grandes puntos de contraste.
Durante el gobierno de Lula se creó el Ministerio de los Pueblos Indígenas y se retomaron los procesos de demarcación que habían permanecido paralizados.
Desde 2023, el gobierno brasileño homologó nuevos territorios indígenas y puso en marcha operaciones contra actividades ilegales, especialmente la minería dentro de tierras indígenas.
En marzo de 2026, el Ministerio de los Pueblos Indígenas informó que durante la gestión de Lula habían sido homologados 20 territorios indígenas, con una superficie superior a 2,2 millones de hectáreas.
Durante los cuatro años de Jair Bolsonaro, en cambio, no se homologó ninguna nueva tierra indígena.
Ese antecedente resulta relevante para la elección actual porque Flávio Bolsonaro mantiene una línea política vinculada al espacio que encabezó su padre. Si bien su programa propone medidas específicas para combatir la deforestación ilegal, el enfoque sobre los pueblos indígenas está puesto principalmente en su integración económica y productiva, antes que en la ampliación de las demarcaciones territoriales. En ese sentido, su propuesta se diferencia de la política impulsada por el gobierno de Lula, que desde 2023 retomó la homologación de nuevas tierras indígenas y colocó la protección territorial de los pueblos originarios entre las prioridades de su gestión.
El antecedente de Jair Bolsonaro
Entre 2019 y 2022, el gobierno de Jair Bolsonaro tuvo una relación conflictiva con organizaciones indígenas y ambientalistas.

Bolsonaro había expresado su oposición a nuevas demarcaciones de tierras indígenas y defendido una mayor explotación económica de los recursos existentes en la Amazonia.
Durante su mandato tampoco se homologaron nuevos territorios indígenas, mientras que la deforestación aumentó hasta alcanzar niveles que volvieron a colocar a la Amazonia en el centro de las preocupaciones ambientales internacionales.
El Tribunal de Cuentas de la Unión brasileño también identificó problemas en la gobernanza de las políticas de combate al desmonte y una reducción de la capacidad de fiscalización ambiental durante ese período.
La situación contrasta con la política adoptada posteriormente por Lula, que volvió a colocar la demarcación de tierras indígenas y el fortalecimiento de los organismos ambientales entre las prioridades del Estado.
La elección que también se juega en los bosques
El próximo 4 de octubre, Brasil no solamente elegirá entre dos proyectos políticos. También definirá el rumbo de una de las regiones ambientales más importantes del planeta.
La Amazonia, los territorios indígenas, la minería, el agronegocio, los combustibles fósiles, las energías renovables y la fiscalización ambiental forman parte de una misma discusión.
Los programas de Lula y Flávio Bolsonaro contienen compromisos contra la deforestación, pero difieren en las herramientas propuestas y en la relación que plantean entre conservación y explotación económica.
Y los antecedentes permiten agregar otra dimensión al debate: la gestión de Lula registra una caída de la deforestación y la reanudación de las homologaciones de tierras indígenas, mientras que durante el gobierno de Jair Bolsonaro la deforestación alcanzó niveles elevados y no se homologaron nuevos territorios indígenas.
Ahora, la decisión quedará en manos del electorado brasileño.
Si no hay definición en el primer turno, el 25 de octubre habrá segunda vuelta.
Y, cualquiera sea el resultado, lo que ocurra en Brasil tendrá impacto mucho más allá de sus fronteras: la Amazonia es un ecosistema clave para Sudamérica y una de las principales reservas de biodiversidad y carbono del planeta.



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