
Chile: denuncian un derrame de petróleo de un buque salmonero en la Patagonia y alertan por daños en la fauna marina
La Política Ambiental
El 12 de octubre de 2026, la motonave Vali, una embarcación utilizada para transportar peces vivos en la industria salmonera, quedó varada en las proximidades de isla Verdugo, en el archipiélago de Las Guaitecas, Región de Aysén, en el sur de Chile.
El buque, de aproximadamente 80 metros de eslora y perteneciente a la empresa Detroit S.A., sufrió el accidente mientras prestaba apoyo a un centro de cultivo salmonero denominado Serrano. Tras impactar contra roqueríos, quedó inclinado hacia uno de sus costados y con daños en el casco. La inspección preliminar detectó una rotura de aproximadamente tres metros en la zona de proa.
Los 14 tripulantes fueron evacuados sin lesiones con asistencia de otra embarcación y personal de la Armada chilena.
Sin embargo, la preocupación aumentó por la cantidad de combustible que transportaba la nave: aproximadamente 161 metros cúbicos, equivalentes a 161.000 litros.
Pescadores denunciaron la presencia de petróleo en el agua
La controversia comenzó después de que la autoridad marítima informara que, pese a los daños en la embarcación, no había detectado un derrame de combustible proveniente de los tanques.
Aunque se habían observado restos oleosos en el agua, la evaluación inicial no confirmó una fuga desde los depósitos de la nave.
La situación fue cuestionada por habitantes de Las Guaitecas, pescadores artesanales y representantes de comunidades indígenas, quienes comenzaron a registrar imágenes y videos que, según sus denuncias, mostrarían la presencia de petróleo en el mar y en sectores costeros próximos al lugar del accidente.
Uno de los principales denunciantes es Daniel Caniullán, lonko de la comunidad indígena Pu Wapi, buzo mariscador e integrante del Comité Bentónico de la Región de Aysén.
El dirigente se trasladó hasta el sector junto con otros representantes de las comunidades para observar las condiciones del agua y documentar los restos oleosos. Posteriormente, llevaron imágenes y antecedentes ante las oficinas regionales del Servicio Nacional de Pesca y Acuicultura (Sernapesca) para formalizar una denuncia.
Caniullán sostuvo que los residuos encontrados correspondían a petróleo y cuestionó la respuesta inicial de los organismos de control. También relató que la Armada se comunicó con él para solicitarle que acompañara a sus funcionarios hasta el lugar y señalara dónde se encontraban las evidencias.
Las comunidades advierten que el combustible podría continuar filtrándose y dispersarse por los canales del archipiélago debido al movimiento de las corrientes marinas.
Hasta el momento, las denuncias y los registros audiovisuales no permiten establecer con precisión cuánto combustible llegó al agua ni determinar la extensión definitiva de la contaminación.
Riesgo para los bancos naturales de erizos y otros recursos marinos
El posible derrame genera preocupación por las características ecológicas y productivas de Las Guaitecas, un territorio de canales, islas y ambientes marinos que alberga una importante biodiversidad.
Los pescadores y las comunidades indígenas alertaron sobre los riesgos para los bancos naturales de erizos, locos, lapas, crustáceos y otros organismos que viven asociados al fondo marino.
Caniullán advirtió que los residuos oleosos estarían alcanzando sectores donde se encuentran bancos naturales de erizos, un recurso de importancia comercial para la región y cuya extracción también abastece mercados internacionales, incluido Japón.
El impacto potencial no se limita a los organismos que entran en contacto directo con los hidrocarburos. La contaminación puede afectar los hábitats, alterar las condiciones de reproducción y alimentación de distintas especies y comprometer la cadena alimentaria.
El riesgo también alcanza a las familias que dependen de la pesca artesanal y la recolección de recursos bentónicos para su alimentación y sustento económico.
Para estas comunidades, la contaminación del mar representa una amenaza directa sobre sus actividades tradicionales y sobre la continuidad de sus formas de vida.
Greenpeace reclamó una investigación y medidas de reparación
La organización ambientalista Greenpeace se sumó a las denuncias y reclamó que las autoridades investiguen la posible contaminación provocada por el accidente.
Silvana Espinosa, especialista en Clima y Ecosistemas de Greenpeace, advirtió sobre la preocupación que generan los registros audiovisuales presentados por los habitantes y reclamó una respuesta que permita determinar el alcance del impacto ambiental.
La organización sostuvo que la instalación de barreras de contención constituye una medida inicial, pero consideró necesario realizar una evaluación rigurosa de la contaminación, monitorear su dispersión y establecer un plan efectivo de limpieza y reparación.
También reclamó transparencia sobre las actuaciones de las autoridades y las medidas adoptadas por la empresa responsable de la embarcación.
Por su parte, la Armada chilena informó sobre la instalación de barreras de contención en el sector. Sin embargo, los representantes de las comunidades consideran que estas medidas podrían resultar insuficientes si continúa existiendo una filtración de combustible.
Entre los puntos que todavía deben esclarecerse se encuentran la existencia de una fuga activa, el volumen de hidrocarburos liberados, el estado de los tanques de combustible y la posible afectación de los ambientes costeros y los bancos naturales de recursos marinos.
La salmonicultura y los conflictos ambientales en la Patagonia
El accidente del Vali vuelve a poner bajo discusión los impactos ambientales asociados a la industria salmonera en los canales y fiordos de la Patagonia chilena.
La actividad utiliza embarcaciones especializadas, centros de cultivo y una infraestructura de transporte que opera en ecosistemas marinos de gran valor ambiental. Las comunidades indígenas y los pescadores artesanales vienen denunciando conflictos por la expansión de las instalaciones acuícolas y sus posibles consecuencias sobre los territorios y los recursos naturales.
En Las Guaitecas, la comunidad Pu Wapi también sostiene reclamos vinculados con la protección de sus espacios costeros tradicionales, en el marco de la Ley Lafkenche (20.249), que reconoce los Espacios Costeros Marinos de Pueblos Originarios y sus usos tradicionales.
La superposición de actividades industriales con zonas utilizadas históricamente por las comunidades genera disputas por el acceso a los recursos y la conservación de los ecosistemas.
En este contexto, el varamiento del buque salmonero y las denuncias de contaminación agregan un nuevo foco de preocupación. La discusión ya no se limita a las condiciones de operación de una embarcación, sino que involucra la responsabilidad empresarial, la capacidad de respuesta de los organismos de control y la protección de un ecosistema del que dependen numerosas familias.
Mientras se esperan evaluaciones que permitan determinar la magnitud del posible derrame, las comunidades reclaman que se investigue lo ocurrido y se garantice la protección del mar. La emergencia vuelve a exponer la vulnerabilidad de los ecosistemas patagónicos frente a los riesgos asociados al transporte y las actividades de la industria salmonera.


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